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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1404

—Pero… Ulises no le hizo nada a Eva. No hay pruebas contundentes… ¿De verdad no habrá problemas? —dudó Ricardo Olivera.

—Cuando Nicolás le tendió una trampa a Sabrina, tampoco había ninguna prueba, pero aun así todo el mundo le creyó —dijo Sebastián con una expresión serena y distante.

Ricardo se quedó de una pieza.

Así que el objetivo de Sebastián no era solo hacer irreconciliable el conflicto entre Ulises y Eva.

También quería devolverle a Eva todo el oprobio que Sabrina Ibáñez sufrió en su día.

—A Rocío todavía le falta colmillo —dijo Ricardo—. No se aseguró de que el asunto se consumara. Si también hubiera drogado a Eva, quizás la situación sería más favorable para nosotros.

—Si un hombre no quiere, no tocará a una mujer ni aunque le pongan un cuchillo en el cuello, da igual que ella esté drogada o no —replicó Sebastián—. Que Eva estuviera drogada o no tiene poca influencia en este asunto. Además, había algo que quería confirmar.

Sebastián era demasiado insondable. Incluso Ricardo, que llevaba tanto tiempo a su lado, muchas veces no lograba descifrar sus pensamientos.

—¿Y ya lo ha confirmado? —preguntó Ricardo instintivamente.

Un brillo oscuro y gélido apareció en los ojos negros de Sebastián.

—Ya lo he confirmado.

Sebastián no dijo de qué se trataba, y Ricardo no se atrevió a preguntar más.

—Le diré a Joseph que se ponga en marcha ahora mismo —dijo—. Solo que… si Ulises, la familia Ramos y la familia Castaño se unen para suprimir la noticia, me temo que será muy difícil difundirla.

Después de todo, esto no era Argentina; no tenían el control total.

—No importa si la gente común lo sabe o no. Basta con que lo sepa todo nuestro círculo —dijo Sebastián—. Ya que no se puede difundir por los canales normales, lo haremos por los tradicionales.

Aunque Ricardo era hábil en la lucha, su mente no era tan rápida como la de Joseph.

No captó de inmediato lo que Sebastián quería decir.

—Señor Fonseca, ¿a qué se refiere con «canales tradicionales»?

Sebastián lo miró de reojo.

—Envía gente para que se acerque a algunos de esos niños ricos ociosos que solo saben beber y salir con mujeres, y también a esas damas de la alta sociedad que solo viven para competir entre ellas. No subestimes a esa gente. Les encantan los chismes y su velocidad de difusión no tiene nada que envidiarle a la de internet.

Tras la explicación de Sebastián, Ricardo lo entendió todo de repente.

Ulises, Eva y Fidel juntos probablemente no podrían contra un solo Sebastián.

Esta vez, sin necesidad de que Sebastián diera más detalles, Ricardo supo lo que tenía que hacer.

Aunque era lento para reaccionar, no era tonto.

Ya que la atención de Ulises y los demás estaba en internet, sería una pena no lanzar algunas noticias en la red para atraer su atención.

Ricardo contactó de inmediato a Joseph y decidieron atacar por dos frentes.

Uno se encargaría de crear problemas en internet para atraer el fuego enemigo.

El otro se ocuparía de la difusión en los círculos de la alta sociedad para lograr el verdadero objetivo.

Joseph, al oír lo avispado que estaba Ricardo, no pudo evitar sorprenderse enormemente.

—Ricardo, ¿qué te ha pasado esta vez? ¿Cómo es que de repente estás tan lúcido?

***

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