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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1357

Sebastián se acercó a Sabrina y, de repente, la abrazó con fuerza.

Sabrina se quedó helada, sin saber cómo reaccionar por un instante.

Al oído le llegó la voz del hombre, más grave y ronca de lo habitual.

—Sabrina, gracias.

Parecía haber perdido el control de su fuerza, abrazándola tan fuerte como si quisiera fundirla en su propio cuerpo.

Sabrina podía sentir claramente el latido desbocado de su corazón, su respiración agitada y su cuerpo temblando ligeramente.

Aunque nadie podía ver su expresión en ese momento, todos podían sentir su emoción y descontrol.

Aunque el gesto de Sebastián era un poco atrevido, en ese momento nadie lo interpretó como algo romántico.

Porque cualquiera que recibiera un regalo así reaccionaría de la misma manera.

Quizá incluso de forma más exagerada que Sebastián.

Aunque hoy era el cumpleaños de Sabrina, el centro de atención era Sebastián.

Era evidente que Sabrina había aprovechado su propio cumpleaños para celebrar el de Sebastián.

Tanta dedicación era digna de envidia.

André y Gabriel observaron la escena en silencio, con expresiones poco amigables.

Incluso Ulises, que miraba desde lejos con sus binoculares, encontró la escena extrañamente molesta.

Apretó inconscientemente los binoculares en su mano.

El aparato crujió, como si estuviera a punto de romperse.

Él no trataba a Eva peor de lo que Sebastián trataba a Sabrina.

¿Por qué Sebastián tenía lo que él no?

Pensando en esto, Ulises marcó el número de Eva.

—Eva, quiero celebrar mi cumpleaños.

***

Marcelo suspiró suavemente, sin saber qué decir por un momento.

—Daniela, ¿te has puesto a pensar por qué Hache arriesgaría su vida por Sabrina? ¿Solo porque le paga bien? ¿No crees que la ayuda que le da va más allá de una relación de jefe y empleado o de amigos?

Marcelo añadió:

—Escuché a Sabrina decir que, la otra vez que necesitaba dinero para adquirir el Grupo Vargas, Hache usó sus contactos para conseguirle cincuenta mil millones. ¿Crees que alguien que puede conseguir cincuenta mil millones sin pestañear necesita ese sueldo?

Daniela se quedó atónita.

—¿Qué? ¿Hache ayudó con esos cincuenta mil millones?

—Sí, Sabrina me lo contó personalmente, así que no hay duda. Además, el supuesto inversor también conoce a Hache. Cuando Hache estuvo en el hospital, lo visitaba a menudo, parecían muy cercanos.

En ese momento, por muy despistada que fuera Daniela, se dio cuenta de que algo no cuadraba.

—¿Estás diciendo que… a Hache le gusta Sabrina? —dijo Daniela.

***

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