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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1335

Pero Valentino Blanco se negó rotundamente, así que tuvieron que optar por la familia Valdés.

Félix, por su parte, se inclinaba más por la familia Castaño, aunque todavía no había nada decidido.

En cuanto a la familia Hoyos…

Martín y Federico tenían una pésima impresión de Ulises, por lo que casi ni consideraban la posibilidad de una alianza matrimonial con ellos.

Esteban sintió una humillación profunda y su rostro se ensombreció.

¿A él, un Ramos, le acababan de cancelar el compromiso?

—Hay que silenciar esto de inmediato y encontrar una solución —dijo Federico, frotándose la sien dolorida—. De lo contrario, la reputación de toda la familia se verá afectada.

—Eva, ¿qué pasa con Ulises? —se quejó Esteban, frustrado—. Aunque su posición no sea estable ahora, ¿de verdad no puede ni siquiera parar una noticia como esta? ¡Le hice un favor al informarle sobre la herida del mantenido de Sabrina para que pudiera vengarse, y ahora no es capaz de resolver esta tontería! ¿Qué, ahora que no tiene mano ya no sirve para nada?

Félix, que no era tan despistado como Esteban, intervino de repente:

—Eva, ¿no crees que… tal vez Ulises está molesto porque has estado muy fría con él últimamente?

Eva, con el ceño fruncido, no dijo nada, sopesando esa posibilidad.

—Sea como sea —continuó Félix—, Ulises sigue siendo el patriarca de la familia Hoyos. Tiene un carácter extremo; por tu propia seguridad, es mejor que lo mantengas contento por ahora, no vaya a ser que haga algo para lastimarte.

—Entiendo, hermano —dijo Eva—. Mañana iré a ver a Ulises.

Eva se giró para mirar a Esteban.

—Hermano, tú tampoco te preocupes demasiado. Este asunto todavía tiene solución.

Aunque los rostros de todos reflejaban preocupación, no le dieron mayor importancia.

No era más que una mala racha de prensa y, si querían, había muchas formas de solucionarlo.

Pero en ese momento, nadie imaginó que Esteban terminaría obligado a casarse con la arpía calculadora que tanto detestaba.

Y su miserable vida comenzaría justo después de casarse con esa mujer.

***

—Sabrina, no tenías por qué enfrentarte a los Ramos ahora por mi culpa.

Con solo ver las noticias, Sebastián adivinó que todo era obra de Sabrina.

Él había sido testigo del esfuerzo que Sabrina había invertido en su momento para desenterrar esa información.

—Vaya, a ti no se te escapa nada —dijo Sabrina, dejando la sopa sobre la mesa.

Frente a Sebastián, parecía que nunca podía guardar un secreto.

Aunque no le dijera nada, él siempre lo adivinaba.

A veces, tener a alguien tan inteligente a tu lado no parecía ser tan buena idea.

La mirada profunda de Sebastián se posó en ella.

—Sabrina, hay cosas que yo puedo hacer, pero tú no. Es como Eva: lo que ella no puede hacer, lo hace Ulises por ella. Él es el cuchillo en la mano de Eva. Un cuchillo está hecho para herir, pero la mano que lo sostiene no debe mancharse.

—Si tengo que pensar si me voy a ensuciar las manos antes de defender a la gente que me importa, ¿qué me diferenciaría de una máquina sin sentimientos? —replicó Sabrina—. Somos humanos porque tenemos emociones. Demasiada racionalidad solo te hace perder más cosas.

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