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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1276

Eva Ramos observó con atención el semblante de Ulises Hoyos, pero ni así logró descifrar una sola emoción en el rostro del hombre.

Lo único que tenía claro era que las palabras de Sebastián Fonseca sí habían hecho estragos.

Aun así, Eva conservó esa sonrisa tranquila y elegante que la caracterizaba.

Con voz suave, le dijo:

—Ulises, espérame aquí un momento, voy a comprarte algo de comer.

Ulises respondió sin mucha intención:

—No es necesario, en un rato más me van a dar de alta. Si tienes pendientes, ve y haz tus cosas, no hace falta que te quedes aquí conmigo.

Eva quiso insistir, pero Esteban Ramos, que estaba cerca, intervino:

—Eva, en la empresa hay una montaña de trabajo que te está esperando. Ahora que ya viste que Ulises está bien, ¿no crees que puedes estar tranquila?

Eva vaciló un poco, pero al final se dirigió a Ulises:

—Ulises, entonces me voy primero. Si necesitas cualquier cosa, márcame, ¿sí? Yo paso otro día a verte.

Ulises asintió con desgano.

Mientras veía la figura de Eva alejándose, le vino a la mente una conversación que escuchó hace poco, cuando Sebastián y Sabrina Ibáñez se marcharon juntos.

Sabrina había dicho:

—¿No decías tú que la comida de ese restaurante estaba muy buena? Yo, cuando tuve tiempo, me puse a investigar un poco la receta, me pareció interesante. Al rato la preparo para que la pruebes.

Sebastián se quedó sorprendido.

—¿Aprendiste a hacerla solo por mí?

Sabrina se encogió de hombros y sonrió:

—No es que lo haya hecho solo por ti. También a mí me gustó mucho ese platillo. Cuando Thiago venga, se lo puedo preparar también.

Aunque Sabrina dijera eso, Ulises sabía bien que si Sebastián no lo hubiera mencionado, ella jamás habría decidido aprender esa receta de la nada.

En los ojos de Sebastián brilló una chispa especial, y la sonrisa se le escapó sin que pudiera evitarlo.

—Bueno, entonces yo pruebo primero por Thiago —bromeó.

Ambos se fueron platicando, entre risas, como si el mundo fuera solo de ellos.

Ese contraste tan fuerte despertó en Ulises emociones que no se atrevía a nombrar.

No importaba si Sabrina llegaba a corresponder a Sebastián con el mismo tipo de cariño; lo que contaba era que el esfuerzo de Sebastián sí tenía respuesta.

Incluso sin saber quién era realmente Sebastián, Sabrina ya lo trataba con esa calidez.

Eso demostraba que para Sabrina, lo que importaba no era la posición ni el dinero.

Podía llegar el día en que Sebastián se quedara sin nada, y aun así, Sabrina seguiría a su lado como siempre.

Pero él…

Ulises miró su situación, derrotado, y la esquina de su boca se curvó con una mueca de burla hacia sí mismo.

Ni siquiera había perdido todo y ya lo estaban dejando de lado.

En ese momento, justo cuando Eva salía del cuarto, se topó con una silueta en la puerta.

—Rocío Hoyos, ¿desde cuándo estás aquí?

Rocío permanecía parada, quieta, en el umbral. Nadie sabía cuánto tiempo llevaba escuchando desde ahí.

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