"Claro", César respondió. "Puedo complacer al Sr. Malavé y a la Sra. Malavé", también sabía sopesar los pros y los contras. Gastar veinte mil millones, enfurecer a Roque y hacerse su enemigo, todo indicaba que los contras superaban a los pros. ¡Era una verdadera pérdida!
Al ver eso, el subastador golpeó con su martillo dando por finalizada la subasta: "¡Bien! ¡El Sr. Malavé ofrece veinte mil millones! ¿No hay nadie que ofrezca más? Entonces declaro que el tesoro de la casa 'El Corazón Azul del Océano' se ha vendido. ¡Adquirido por el Sr. Malavé!".
Un aplauso fervoroso y prolongado se levantó en la sala, sin embargo, Zulema no sentía ni un ápice de alegría. Cuando necesitaba dinero, Roque fue tan tacaño y mezquino que no quiso darle nada, obligándola a recolectar chatarra y botellas de agua mineral. Además, para él, el costo de las medicinas de su madre era una cantidad insignificante, tenía suficiente para ayudarla a comprar esa medicina especial para su madre, pero se negó a hacerlo, retrasando la condición de esta. Y en ese momento, él gastaba veinte mil millones, solo para ponerle una corona lujosa.
En realidad, sí, la corona era hermosa y toda mujer desearía tenerla, pero para Zulema, su vida y su existencia no dependían de una corona, era bueno recibir flores en la prosperidad, pero lo que ella quería era ayuda en la adversidad.
Todos sonreían, y cada mirada hacia ella estaba llena de envidia.
¡Veinte mil millones! ¡Una corona única en su clase!
"Roque...", murmuró Zulema. "Nunca entenderás lo que realmente quiero".
No se sabía si era por el ruido del lugar, pero él no escuchó sus palabras. El gerente de la sala de exposiciones llevó la llave y, bajo innumerables miradas, abrió lentamente la vitrina y con guantes de terciopelo blanco, con sumo cuidado, levantó la corona con ambas manos.
"Sr. Malavé", dijo el gerente. "Desde este momento, el 'Corazón Azul del Océano' le pertenece". La corona, brillante y radiante, lucía aún más deslumbrante de cerca.
Roque extendió su mano para recibirla, la corona era pesada, hecha de puro oro y adornada con cientos de gemas preciosas, se giró hacia Zulema y dijo: "Es tuya, Zule".
Ambos se enfrentaron. Roque levantó lentamente la corona, dispuesto a colocarla sobre su cabeza, y el atuendo de Zulema de ese día combinaba perfectamente con la corona. Pero justo cuando la corona estaba a punto de posarse en su cabeza, ella retrocedió un paso, no la quería.
Su acción dejaba claro que realmente no la deseaba, el ‘Corazón Azul del Océano’ era como una maldición para ella, ¡no se atrevía ni quería usarla!
El silencio se apoderó del lugar; nadie se atrevió a hablar en ese momento; la expresión de Roque se tornó visiblemente más oscura.
"¿Zule?", su tono de voz subió al final, instándola a acercarse, pero esta no se movió.
"Entiendo", Roque bajó la mirada, contemplando la corona en sus manos. "Realmente no la quieres".
"Así es", ella ya lo había dicho una y otra vez, enfatizando, pero él no quiso escucharla, ni creerle.
"Entonces", Roque apretó los labios, con una voz despreocupada. "Si la verdadera dueña no la desea, entonces ha perdido su propósito de existir".
¿Qué quería decir con eso? Antes de que Zulema pudiera reaccionar, él levantó la corona y, de repente, la soltó. ¡La había soltado!
Los ojos de Zulema se abrieron de par en par al ver la corona caer al suelo con claridad. ¡Roque estaba loco! ¡Él estaba dispuesto a deshacerse del "Corazón Azul del Océano"! Acababa de gastar una millonada para adquirirla, sin mencionar su valor histórico y estético, una pieza legendaria en el mundo de la joyería. ¡Cómo podía destruirla así!
‘El Corazón Azul del Océano’ había resistido el paso de cien años, sin una sola imperfección o rasguño, y por esa razón se había convertido en una de las joyas más preciada del museo, alcanzando la cifra astronómica de veinte mil millones en la subasta. ¡Con un golpe así, seguramente quedaría muy dañado!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Fuga de su Esposa Prisionera
Please release the gift chapters....