Aunque a Selena no le parecía lo más adecuado, no pudo resistirse a los ruegos de su hijo, que quería jugar con Julito.
—Está bien, vamos juntos —asintió.
Durante el resto del día, los pequeños corrían y jugaban delante, con Patricia siguiéndolos de cerca. Yago y Selena caminaban tranquilamente detrás, como una pareja perfecta paseando a sus hijos. Su conversación giraba en torno al futuro de la medicina, una extensión de su trabajo, sin tocar ningún tema personal.
...
En la azotea de un hotel de siete estrellas, un lugar de encuentro para la alta sociedad, Virginia llegó y encontró a Jazmín charlando con varias amigas.
—Perdón por llegar tarde —se disculpó, sentándose en el sofá.
—¿Dónde estabas? Te has puesto morena —le dijo una de ellas con una sonrisa.
A Virginia, que no era precisamente de piel clara, esas palabras le sentaron como un tiro. Sacó un espejito y se miró.
—¡Dios mío, es verdad! Si hubiera sabido que el sol pegaba tan fuerte, no habría llevado al niño al parque de diversiones.
—¿A tu edad y todavía vas al parque de diversiones? —preguntó Jazmín, meciendo una copa de vino tinto.
—Es el hijo de mi hermana, que ha vuelto del extranjero y quería ir. Mi hermano y yo lo acompañamos esta mañana —se quejó Virginia—. Un niño de tres años tiene una energía inagotable. A mí me temblaban las piernas de tanto correr, y él seguía como si nada.
Una de las presentes, Carla Fernández, que estaba enamorada de Yago, se interesó de inmediato.
—Virginia, si estás cansada, la próxima vez que lleves al niño a jugar, llámame. Puedo ayudarte a cuidarlo —le suplicó.
Jazmín se quedó atónita. ¿Yago había llevado a su sobrino al parque y se había encontrado con Selena? ¿Qué clase de coincidencia era esa?
—¿Quién decidió ir al parque hoy? —le preguntó Jazmín en voz baja.
—Mi hermano me llamó esta mañana para que fuera. Supongo que fue idea suya —respondió Virginia, confundida.
Las palabras de Virginia confirmaron las sospechas de Jazmín. Apretó con fuerza la copa que sostenía.
Al final del día, a eso de las cuatro, Selena y Yago se despidieron, cada uno con su respectivo niño. Fer y Julito ya habían forjado una amistad.
De vuelta a casa, con Fer dormido, Selena no podía pegar ojo. Patricia, al verla besar repetidamente la frente de su hijo, sintió una punzada de dolor. ¿Debería encontrar el momento para transmitirle las palabras de Úrsula? ¿Qué decisión tomaría Selena? ¿Dejar que su hijo se criara con los Rojas para convertirse en el futuro heredero, o llevárselo con ella y obligarlo a empezar de cero?

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