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La esposa de Blackwood romance Capítulo 112

El reloj de pared marcaba las 21:47, pero en esa habitación el tiempo no avanzaba en números. Avanzaba en pitidos, en cambios de color en la pantalla del monitor, en la cantidad de veces que el respirador completaba su ciclo antes de que alguien entrara a revisar. Habían pasado casi dos horas desde que Sebastián me había abrazado hasta que mis sollozos se volvieron respiraciones temblorosas. Ahora estábamos los dos sentados, yo en la silla junto a la cama, él en la otra que había arrastrado desde el pasillo, nuestras rodillas casi tocándose.

Papá seguía en ese sueño químico profundo. La curva del capnógrafo dibujaba ondas regulares, casi hipnóticas. El silbido ya no me parecía cruel; se había convertido en ruido de fondo, como el zumbido de un refrigerador en una casa vacía. Algo que está ahí, haciendo su trabajo, aunque nadie lo agradezca.

Sebastián tenía mi mano izquierda entre las suyas. Con el pulgar trazaba círculos lentos sobre mis nudillos, un gesto tan pequeño que casi no lo notaba, pero que me mantenía anclada.

—¿Quieres que llame a tu mamá? —preguntó en voz muy baja.

Negué con la cabeza.

—Todavía no. Necesita dormir. Si le digo que se despertó y… y que volvió a pasar esto, va a querer venir corriendo y está exhausta. Más tarde le cuento cuando esté más tranquila.

Él asintió, sin discutir. Sabía que no era solo por ella. Era también por mí. Cada vez que alguien más entraba en la habitación sentía que tenía que recomponerme, fingir que tenía el control. Con Sebastián no hacía falta fingir.

El doctor Mendoza entró y al ver a Sebastián, lo saludó.

—Vaya, hace mucho que no te veía, te pareces mucho a tu madre.

Cuando dijo lo de su madre, Sebastián sonrió, dándome a entender, que le había gustado ese comentario.

—Bien. Acabo de revisar las últimas gasometrías y la placa de tórax de esta tarde. Quería hablar con ustedes antes de retirarme por hoy.

Hizo una pausa. Esas pausas cortas de los médicos siempre me ponían los nervios de punta.

—La inflamación en los pulmones ha bajado un poquito, pero sigue siendo muy importante. La saturación se mantiene aceptable solo porque lo tenemos con FiO2 alto y PEEP elevada. Pero… hay algo que tenemos que decidir pronto.

Tragué saliva.

—¿Qué cosa?

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