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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 862

Paulina Romo le estrechó la mano.

—No se preocupe, Sr. Armando. Nosotros también acabamos de llegar.

—Tomen asiento, por favor —indicó Armando Frias.

Paulina asintió, se sentó e inmediatamente dirigió la conversación hacia el tema que los reunía.

Al verlos con rostros tan serios, completamente inmersos en los asuntos de negocios, sin mostrar el más mínimo atisbo de una relación personal, los demás volvieron a intercambiar miradas.

Evidentemente, no era la primera vez que Teófilo Cruz presenciaba a Armando y Paulina hablando de trabajo.

Sin embargo, en el pasado él no sabía, ni mucho menos imaginaba, que Armando Frias fuera el esposo del que ella estaba a punto de divorciarse.

Por lo tanto, observarlos ahora debatiendo sobre negocios le causaba una sensación completamente diferente a la de antes.

Cuando los veía interactuar en el pasado, siempre con ese trato estrictamente profesional y distante, sin cruzar ni media palabra ajena al trabajo, llegó a pensar que se debía al conflicto que hubo entre Mercedez y Paulina cuando la primera entró a La Conquista Comercial.

Pero viéndolo ahora...

La mirada de Teófilo se posó en Paulina.

En ese momento, Paulina conversaba con Armando sin distracciones, tratándolo exclusivamente como la contraparte del negocio.

¿Acaso de verdad ya no sentía nada por él?

Con ese pensamiento en mente, su mirada se desvió de Paulina hacia Armando Frias.

Armando Frias también estaba muy concentrado discutiendo los detalles con Paulina. Su actitud hacia ella era bastante amable, pero... efectivamente, no se apreciaba ni un rastro de sentimiento romántico.

Tal vez notando su escrutinio, Armando volteó a mirarlo.

Las miradas de Teófilo y él chocaron, con la misma frialdad que en el pasado.

Armando esbozó una sonrisa, lo miró por un segundo, asintió levemente hacia él y luego apartó la vista.

Su actitud no difería en nada a la de cuando aún estaba enamorado de Mercedez Lobos.

Al fin y al cabo, pasara lo que pasara, Paulina aún era legalmente su mujer.

Poco más de una hora después, el acuerdo quedó formalizado. Armando Frias se puso de pie y le tendió la mano a Paulina.

—Ha sido un placer hacer negocios con usted.

—El placer es mío.

—Ya casi es mediodía —añadió Armando—. Me preguntaba si tendría tiempo para ir a almorzar.

—Agradezco su amabilidad, Sr. Armando —respondió Paulina—, pero tenemos otros compromisos más tarde. Dejemos la comida para otra ocasión.

Probablemente Armando solo lo decía por cortesía.

Al escucharla, él asintió.

—Muy bien, entonces será en otra ocasión.

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