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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 826

Los asistentes también sentían que la situación era reveladora.

—Si lo que dice el Sr. Burgos es verdad, entonces estamos ante la versión real del cuento de la víbora que muerde la mano de quien la ayuda.

—Tal cual. Recibieron la ayuda desinteresada de una amiga y le pagaron destruyendo a su familia. Y ahora, años después, vienen a meterse en el matrimonio de la nieta... ¡Esa familia es un nido de víboras que no dejan ni los huesos!

—Seguro le agarraron el gusto después de la primera vez. Y al ver que la Sra. Paulina se casaba bien y entraba al círculo más exclusivo de Fuente de la Felicidad, les dio envidia y repitieron el truco. Después de todo, si no fuera porque se colgaron del Sr. Armando, su familia no tendría ni el derecho de pisar este evento esta noche. Con tal de subir de estatus, son capaces de cualquier cosa.

—Hace tiempo cené con el Sr. Armando, la Srta. Mercedez y la Sra. Paulina. Esa vez, esta Srta. Mercedez se sentó al lado del Sr. Armando frente a la Sra. Paulina, presentándose como la novia de él, fingiendo que no conocía a la Sra. Paulina para nada. Pensándolo bien, esta Srta. Mercedez tiene un descaro fuera de este mundo.

—Ahí te equivocas. ¡Hace eso en cada evento de este tipo! Se hace pasar por la novia del Sr. Armando frente a la Sra. Paulina, y encima se la pasa tirándole lodo a espaldas de todos. ¡Qué asco!

Al escuchar todo esto, Orlando, Kiara y Lorenzo se sintieron aún más abrumados por el shock y la incredulidad. Miraban a Mercedez atónitos.

Si lo que decía Jaime era verdad...

No, no, ¿cómo podía ser verdad lo que decía Jaime?

Alfredo también estaba totalmente pasmado.

Miraba con sentimientos encontrados a Armando, a Paulina y a Mercedez. No pudo evitar preguntarle a Castulo:

—Castulo, lo que dice Jaime... no debe ser verdad, ¿cierto?

Si era verdad, entonces Armando, y la Mercedez que siempre habían conocido...

En ese momento, Castulo tenía tantas emociones encontradas como él.

Él solía pensar que entendía a la perfección todo lo que pasaba entre Armando, Mercedez y Paulina. Pero ahora se daba cuenta de que, al parecer... no conocía a ninguno de los tres en absoluto.

Al oír la pregunta de Alfredo, salió de su asombro, miró al grupo de Paulina y respondió:

—Debería ser... verdad.

Alfredo se quedó de una pieza al escuchar su respuesta.

Todos en el lugar estaban ansiosos por escuchar lo que Mercedez tenía que decir en su defensa.

Sin embargo, Mercedez, con los puños apretados, no pronunciaba ni una palabra.

Como no decían nada, Jaime no esperó mucho más. Le lanzó una mirada a Mercedez, luego al grupo de las familias Lobos y Saavedra que estaban un poco más lejos, y preguntó:

—Srta. Mercedez, sobre todo lo que acabo de contar, ¿hay alguna mentira o difamación de mi parte?

—Si la hay, por favor señálela. Podemos seguir debatiéndolo frente a todos. Y si esta noche no es suficiente para aclararlo, a Pauli y a mí no nos molestará encontrar otro momento para publicar en internet el certificado de divorcio de la Sra. Romo y de su padre, y hacer un repaso completo del proceso legal de ese divorcio para que todos vean la verdadera cara de la ingratitud de su familia. Tenemos muchísimas pruebas a la mano. ¿Qué le parece, Srta. Mercedez?

El lugar entero se sumió en un silencio sepulcral.

Mercedez frunció los labios sin decir una palabra.

Después del impacto inicial, Lorenzo parecía haber recobrado un poco de calma, pero seguía mirando a Mercedez fijamente, murmurando con voz perdida:

—Entonces, haber entrado a La Conquista Comercial, querer ser la aprendiz del Sr. Jorge, y que esta noche quisieras ser la aprendiz del Dr. Luque... ¿Todo eso fue por venganza?

Algunos en el público no pudieron evitar saltar al oírlo:

—¿Y qué si fue por venganza? ¡Si yo fuera Paulina, querría despedazar a esas familias Lobos y Saavedra!

—¡Además, si esta mujer de la familia Lobos tiene tan hechizado al Sr. Armando, y encima se hubiera convertido en la estudiante del Sr. Jorge y se ganara su favoritismo, la familia Lobos tendría el poder absoluto sobre la Sra. Paulina! Llegado el momento, ni el Sr. Burgos podría proteger a la Sra. Paulina, ¡y ella terminaría a merced de esa familia sin poder defenderse! Así que, más que una venganza de la Sra. Paulina, ¡esto es pura defensa propia!

—¡Ni que lo digas!

Al oír aquello, Orlando, Lorenzo y Kiara se quedaron petrificados y guardaron silencio.

Castulo y Alfredo también.

Tito miró a Mercedez y apretó sus delgados labios.

Teófilo estaba abrumado por una gran mezcla de emociones.

Sin embargo, al escuchar todo eso, Jaime soltó una carcajada:

—¿Venganza?

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