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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 740

Para cuando Paulina arribó al lugar, las dos señoras mayores ya la estaban esperando.

En cuanto la vio entrar, la abuela Frias la invitó a sentarse. Acto seguido, el teléfono de la anciana comenzó a timbrar.

Fuera lo que fuera que le hubieran dicho, su expresión se ensombreció. Frunció el ceño, soltó un escueto "Entendido" y colgó.

—Era Armando —explicó con un gesto de pura vergüenza hacia ambas—. Ya venía para acá, pero le salió una emergencia en la empresa y no va a poder comer con nosotras.

Tanto la abuela Romo como Paulina le restaron importancia al asunto.

No les afectaba en lo más mínimo. Su presencia ahí era simplemente por no rechazar una invitación hecha de buena fe, y porque de corazón se alegraban por la recuperación del señor.

Al terminar de comer, cuando la hora apremiaba, Paulina se despidió para volver a La Conquista Comercial.

A pesar de que Lázaro ya había recobrado el conocimiento, no volvió a pararse por la clínica.

Como Jaime Burgos andaba fuera de la oficina, los siguientes dos días los aprovechó para adelantar sus proyectos.

Al tercer día, Jaime se reincorporó a sus labores.

A la hora de la comida, se pusieron de acuerdo para ir a un restaurante y discutir la planeación de la semana.

Apenas bajaban del coche a las afueras del local, cuando se toparon de frente con la familia Lobos y los Saavedra.

En cuanto se cruzaron las miradas, al grupo contrario se le desfiguró el semblante.

—Órale, ¿a estos qué mosca les picó? —preguntó Jaime extrañado.

Él recordaba a la perfección que la última vez que se habían topado, ese par de familias andaban con unos aires de grandeza tremendos, presumiendo a los cuatro vientos que los Frias ya habían dado su visto bueno a Mercedez y pavoneándose frente a su colega.

Y ahora resultaba que...

Paulina hizo una pausa antes de contestar.

—Oye, pero...

Lo que Alicia realmente quería indagar era si Armando le había puesto fecha para hacer acto de presencia en el hospital y congraciarse con sus padres.

Porque, desde el terrible accidente, Mercedez no se había dignado a poner un pie ahí para visitarlos.

No era falta de ganas. El chisme corría de que los primeros días la abuela Frias estaba con los nervios destrozados, y sabiendo la poca simpatía que les guardaba a ambas familias, Mercedez había juzgado inoportuno aparecerse por esos lares.

Nada más de pensarlo, a Alicia se le hervía la sangre del coraje.

También se enteraron de que por toda esta crisis, Paulina y Armando se la pasaban en constante contacto. Con ella y su abuela cuidando de la matriarca Frias, era lógico que él ahora la tratara con mucha más reverencia.

Definitivamente, Armando sentía que le debía una enorme a la joven.

Así que, por mucho que Lázaro mostrara signos de recuperación, exigirle el divorcio a Paulina con tanta premura sonaría como una total insensibilidad.

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