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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 738

Paulina se unió para convencerla y, al final, la anciana accedió a irse a casa.

Castulo Haro y Alfredo Chávez seguían ahí. Lo que pasó fue que, cuando Paulina llegó, uno había salido a contestar una llamada y el otro estaba pidiendo que llevaran comida al hospital.

Regresaron justo a tiempo para escuchar cómo la joven trataba de calmar a la abuela.

Al lograr su cometido, Paulina notó la presencia de los dos hombres. Sintió la mirada de Castulo sobre ella y solo asintió con la cabeza a modo de saludo.

La abuela Frias se fue al baño y Josefina regresó a la habitación por sus cosas. Aprovechando que estaban a solas, Armando le dijo a Paulina:

—Te encargo mucho a mi abuela, por favor.

—Sí, no te preocupes —respondió ella de manera distante.

Sin agregar más, se metió al cuarto a ayudar a su hija con sus pertenencias.

Alfredo y Castulo fueron testigos de esa fría interacción.

Poco después, Paulina salió del hospital sosteniendo del brazo a la abuela Frias, con Josefina al lado.

Al ver las puertas del elevador cerrarse lentamente, Alfredo volteó hacia Armando.

—La verdad, sí se porta muy bien con tu abuela.

Cuando Armando había hecho la llamada, él y Castulo estaban presentes y notaron lo rápido que Paulina accedió a la petición.

Ahora que había llegado, se dedicó a estar al pendiente de la abuela, pero hacia su amigo mantuvo una indiferencia evidente para cualquiera.

A Alfredo le dio la impresión de que ella ya solo lo veía como el nieto de alguien que respetaba mucho o, a lo mucho, como el papá de su hija.

Más allá de eso, no existía nada más.

En resumen, Paulina era de esas personas que sabían separar muy bien las cosas y no guardar rencores a lo tonto.

Castulo no abrió la boca, pero también percibía que el trato entre la expareja era bastante pacífico, aunque carente de cualquier chispa de amor.

Para cuando Paulina y la señora regresaron a la mansión Frias, el mayordomo ya había dispuesto la comida.

Sin embargo, la abuela no tenía nada de apetito y a duras penas probó bocado.

La abuela Romo se había enterado de lo sucedido con Lázaro y se lanzó para allá.

Al ser de edades similares y haber compartido tantas experiencias, la abuela Romo lograba empatizar mucho mejor con la abuela Frias.

Con su compañía, la abuela Frias se animó un poco y empezó a comer a bocaditos.

Paulina: [No es necesario.]

No había ido a hacerle compañía a la señora por él.

Y eso era algo que Armando captaba de sobra, aunque ella no se lo dijera de forma explícita.

La plática por mensaje acabó ahí.

A fin de cuentas, tampoco era momento para ponerse a discutir sus problemas maritales.

Paulina dejó el celular a un lado.

Por la noche, ella y su abuela cenaron en la mansión Frias.

Del hospital aún no llegaba ninguna noticia.

Poco después de terminar, Martina Frias relevó el turno de vigilancia médica, y Armando regresó a la casa.

Al ver a la abuela Romo, la saludó con suma cortesía.

Como ya era algo tarde, la mujer mayor comenzó a alistarse para marcharse. En cuanto a Paulina...

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