El helicóptero apenas se había alejado de la costa cuando, de pronto, Begoña y Mariano cayeron al mar uno tras otro, justo en la mira de los agentes encubiertos.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó Betina, llegando apresurada.
—La señorita Begoña no sé cómo acabó en el helicóptero del señor Mariano. Los dos cayeron juntos al mar —comentó Eliana, lanzando una mirada inquieta.
Ella se había quedado para apoyar a la familia Pascual, como Simón le había pedido.
—¡¿Y qué esperan para sacarlos del agua?! —espetó Betina, con tono mandón.
Los agentes ya se habían lanzado al mar, nadando con fuerza hacia donde habían caído.
...
Begoña emergió a la superficie, tosiendo y luchando por respirar. Apenas sintió el aire fresco, algo la rodeó y volvió a sumergirse en el caos.
Al voltear, vio que era Mariano quien la sujetaba. Ella forcejeó con todas sus fuerzas.
—¡Suéltame, no me toques! —gritó, empujándolo.
Pero el aroma a madera de cedro de Mariano la envolvió. En su mente se repetía la imagen de él y Rosario traicionándola justo frente a sus ojos. El estómago se le revolvía y apenas pudo contener las ganas de vomitar.
—Mi amor, aquí no estamos en una piscina cualquiera. Si te descuidas, las olas te pueden arrastrar —dijo Mariano, apretándola más fuerte, su pecho ardiente pegado a su espalda—. Déjame llevarte a la orilla, te juro que te suelto en cuanto lleguemos.
Begoña se debatía con rabia, golpeándolo con los puños y tratando de patearlo. Sin embargo, él la sujetó de inmediato, atrapando sus manos contra su pecho y sujetando su pie. Un dolor agudo le atravesó la planta del pie.
Volvió a encogerse de dolor, sintiendo cómo su cuerpo, aún débil y sin recuperarse del todo, era envuelto por el agua helada.
Estaba pálida como una hoja, cada vez más exhausta. Por más que luchara, no lograba liberarse.
Mariano, sin darse cuenta de que su agarre lastimaba a Begoña, pensó que era el frío del mar lo que la hacía temblar. Se acercó a su oído y susurró con voz suave:
—Por favor, tranquila. Si sigues así, te vas a quedar sin fuerzas y vas a tener que depender de mí.
Begoña lo miró con ojos oscuros y vacíos, su cuerpo tembloroso, y de pronto empezó a vomitar.
...
El helicóptero sobrevolaba cada vez más cerca. Una cuerda con escalera cayó directo hacia ellos.
Mariano, creyendo que Begoña estaba congelándose, quiso sacarla cuanto antes del agua.
Soltó sus manos y pies, pero la rodeó como una tenaza por la cintura, mientras con la otra buscaba la cuerda.
El helicóptero comenzó a elevarse. Apenas salieron del agua, Begoña, silenciosa, giró en los brazos de Mariano.
Por un segundo, Mariano sintió que su corazón se agitaba, creyendo ingenuamente que Begoña había cedido.

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