Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 999

"Melissa"

Regresé a mi apartamento, demasiado alterada por las palabras de Rafael, porque me di cuenta de que las personas ya comenzaban a percibir que yo estaba en último plano en la vida de Fernando. Y no quería quedarme debatiéndome con eso, tratando de ganar una importancia en su vida que él no parecía dispuesto a darme.

Fui hasta el cuarto y él todavía estaba durmiendo, tomé la nota que había dejado y la tiré a la basura, ya había regresado de todas maneras. Entonces volví a la cocina y preparé el almuerzo, almorcé sola y pasé toda la tarde sola esperando que despertara, lo que pasó solamente a las cinco de la tarde.

—Hola, abejita. Discúlpame, dormí demasiado. —Apareció en el balcón del apartamento y se agachó para darme un beso en la cabeza.

Ya había llorado por un buen tiempo sentada ahí, pero prefería que no lo notara. Entonces me aclaré la garganta antes de hablar.

—Hola, Nando. Hay comida en el refrigerador, ¿quieres que te la ponga en el microondas? —le pregunté.

—No, gracias. Después yo mismo lo hago. —Acercó la otra silla y se sentó a mi lado—. Abejita, discúlpame por ayer, mi jefe está siendo un idiota, me convirtió en la niñera de su hermana.

—¿Su hermana tiene cinco años? —le pregunté y sonó más belicoso de lo que pretendía.

—Mel... —Iba a llamarme la atención, pero desistió—. Es una mujer molesta y mimada que no sabe nada y me están obligando a tratar de enseñarle y muchas veces yo hago su trabajo.

—¿Un sábado por la noche, Nando? ¿Eso no te parece extraño? —le pregunté.

Estaba dolida, me dejó sola en una fiesta, no se preocupó por llamarme para saber si había llegado bien a casa, de hecho, ni siquiera se preocupó por cómo iba a llegar a casa. Por favor, él era mi novio, mi compañero.

—Sí, Mel, es extraño, no era necesario, pero es mi trabajo y es importante para mí. —respondió impaciente.

—¡Por supuesto que sí! —Respiré profundo—. Está bien, Nando, entiendo. Tu trabajo es importante y es una prioridad en tu vida, ¿verdad?

—Verdad, Mel. —respondió, pero ni siquiera me miraba.

—¿Y yo, Nando? —le pregunté suavemente—. ¿Qué soy yo en tu vida?

—¡Abejita! —Me miró y me tomó de la mano—. Eres mi novia.

—¿Solo eso? —insistí.

—No entiendo, Mel, eres mi novia, estamos juntos desde hace casi once años, vivimos juntos, te amo. Eres importante para mí. —explicó.

—Soy importante, pero no soy una prioridad, Nando. Ahí está el punto, porque hasta ahora tú has sido una prioridad para mí, pero yo no soy prioridad para ti. ¿Sabes qué significa eso? Significa que siempre voy a ser dejada de lado cuando aparezcan tus prioridades. —Le hablé con todas las letras para ver si entendía cómo me sentía al estar siempre siendo dejada de lado.

—Melissa, es trabajo. Tú no dejarías plantado a Heitor. —me lo echó en cara.

Tenía razón, pero Heitor no me llamaría si no fuera estrictamente necesario. Pensé que era mejor callarme, esta discusión no llegaría a ningún lado y ya estaba cansada.

—Buenos días, Heitor. —Entré y mi jefe me miró muy serio.

—Siéntate. —Heitor habló con una seriedad que no era habitual—. Ahora, ábreme tu corazón. Rick entiende mejor a ustedes las chicas, pero va a estar diez días fuera y sé que lo que Fernando Molina hizo el sábado no tiene disculpa.

—¡Odio cuando eres tan perspicaz! —le dije y él sonrió.

—Loca, sabes qué pasa, ya te conozco y sé cuándo las cosas no van bien. Déjame ayudarte. Tú siempre corres a ayudar a todo el mundo, eres prácticamente mi mitad aquí en esta empresa, de hecho, esta empresa puede funcionar sin mí, pero sin ti se detiene.

—¡Ay, qué exagerado, Heitor! —Me reí y me sentí un poco relajada.

—Dime, qué está pasando. —Extendió la mano sobre la mesa para tomar la mía.

Terminé abriéndome con él, contándole cómo el día anterior fue horrible y cómo me sentía dejada de lado por Nando. Tal vez fuera exageración de mi parte, pero no sentía que fuera importante para él.

—¿Sabes qué pienso, Mel? Pienso que Nando realmente necesita que lo sacudan. —Heitor apretó mi mano—. Voy a llamarlo.

—Heitor, por favor, no lo llames. Él sabe qué está mal, si quiere va a arreglar las cosas. Prefiero que seas solo mi confidente. —Le sonreí.

En realidad quería que Nando se diera cuenta por sí mismo y decidiera cambiar porque me amaba, no porque las personas lo presionaran. Sin embargo, tal vez él no quisiera cambiar porque ya sabía que yo no era tan importante. Pero si fuera eso, ¿qué iba a hacer? Solo sabía que no iba a vivir de migajas en una relación.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)