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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 981

"Ricardo"

Pasé el día ansioso, aunque sentía una alegría que no me permitía quitar la sonrisa de la cara. Preparé con cuidado cada detalle que dependía de mí para esa boda. Mis amigos se sentaron conmigo después de que me arreglé y tuvimos un momento de consejos pos matrimoniales y muchas risas con lo domesticados que nos dejaban esas mujeres y a merced de sus deseos. Pero pescaron nuestros corazones, eran de hecho nuestras dueñas y eso nos alegraba.

—Bueno, señores, me tengo que ir. Melissa me dio órdenes de acompañar al chofer porque quiere que Bel me vea antes de la boda, un momento en familia. —Don se levantó. —Tengo curiosidad de ver a mi hermana vestida de novia.

—¡Ah, pero yo también! —Confesé. Pero sabía que se vería deslumbrante con una bolsa de basura amarrada al cuerpo, imagínate con un vestido de novia.

—Sé que sí. —Don se rio y agarró una bolsita que no había notado cerca de él. —Te mandó esto.

Tomé la pequeña bolsa curioso. Había mandado un regalo para ella, pero no esperaba recibir un regalo de ella. Abrí la bolsa y saqué una caja cuadrada. La abrí y ahí estaba un reloj carísimo, plateado, con la pulsera en cuero negro, elegante y refinado. Pegado a él estaba una pequeña tarjeta azul que decía: "Te veo a las ocho y después de eso no te suelto nunca más". Había un corazón dibujado y su inicial justo abajo.

Su regalo me emocionó, no era solo un reloj, era la garantía de una vida entera de amor y compañerismo, complicidad y respeto, y una familia creada en esas bases sólidas y con mucho amor. Me quité el reloj que había puesto y me puse el reloj que mi futura esposa me dio, era perfecto, combinaba de forma impecable con mi traje negro de tres piezas. Abracé a Don y se fue.

Pronto había llegado la hora y fuimos al lugar de la boda. Todavía me preguntaba cómo Melissa había conseguido aquello. Y cuando entré, quedé aún más impresionado. Ese bar ya era un lugar lindo y elegante como bar, pero parecía totalmente transformado en un pequeño salón de fiestas refinado.

Las luces encendidas dejaban el lugar con una atmósfera elegante y las mesas blancas estaban dispuestas dejando el pasillo por donde caminaríamos hasta un pequeño altar. Por el pasillo se extendía una alfombra en tono arena, con floreros de mini margaritas a los lados y el altar estaba representado por un aparador de madera clara y un arco de margaritas y follajes. Detrás del altar había un trío de cuerdas y una cantante posicionada, tocarían las músicas de la boda y después darían lugar a una pequeña banda que conduciría la fiesta.

—¡Melissa se supera! —Comenté con Patricio que estaba a mi lado.

—¡Ni lo digas! Me quedo imaginando cuando tenga que organizar la suya, qué debemos esperar. —Patricio comentó.

—Sí, pero tenemos que darle un empujón a Nando, está abusando de la suerte. —Comenté, estaba preocupado por esos dos.

Los invitados llegaron y cuando finalmente Anabel llegó Melissa corrió a avisarme, organizar la entrada y poner al celebrante en posición. Entré del brazo con mi mamá, que parecía tan emocionada como si fuera la propia novia, y entonces vi entrar a mi papá con Del, a mis hermanas con los maridos y a mis amigos.

—¡Yo tampoco te voy a compartir! —Le susurré de vuelta y caminamos hasta el pequeño altar.

El celebrante hizo un lindo discurso sobre abrirse al amor y sonreír a las oportunidades. Tuve la impresión de que Melissa le había dado la dirección del discurso, pues cada palabra encajaba perfectamente bien en mi historia con Anabel y en todo lo que vivimos para llegar aquí. Hicimos el solemne juramento de amarnos uno al otro y estar siempre juntos en lo bueno y en lo malo y, a la hora de intercambiar las argollas, le mostré el grabado en el interior del par y puse en su dedo la que tenía la inscripción "mi vida" y le di un beso sobre la argolla en su dedo. Tomó la argolla con la inscripción "mi corazón" y la puso en mi dedo, sus manos temblorosas de emoción, dando un beso a la argolla al final.

Antes de terminar la ceremonia, el celebrante preguntó si nos gustaría decir algo y asentí, no había preparado nada, pero necesitaba decirle lo preciosa que era para mí.

—Mi vida, cuando nos conocimos me preguntaste si la vida estaba siendo gentil conmigo. En ese momento no creía que la vida fuera gentil. Pero me gustaría responderte otra vez a esa pregunta y decirte que la vida fue más que gentil conmigo, fue amorosa y sorprendente. Te puso en mi camino en mi peor momento, para que me curaras e hicieras que volviera a creer en el amor. Eres una dádiva, Anabel, me haces feliz, me haces mejor, me haces entero, completo. Fuiste paciente, persistente y muy valiente. Me esperaste. Y me ofreciste el paraíso a tu lado, donde todos mis sueños se están realizando. Gracias por no rendirte conmigo, por insistir en nosotros y por darme el hogar que siempre soñé. No sabía que era posible y siempre pensé que esa frase no tenía sentido, pero ahora me doy cuenta de que es exactamente perfecta, por eso te voy a decir que "hoy te amo más que ayer y menos que mañana", porque ahora ya entendí que todos los días despierto amándote aún más.

Tenía lágrimas corriendo por su cara y una sonrisa que me decía que había encontrado mi lugar en el mundo, que era a su lado. Tomé su cara entre mis manos y, antes de que el celebrante hablara, pues ya no podía esperar más, sellé nuestro pacto de amor con un beso. Mis labios encontraron los suyos, suaves, cálidos, receptivos. Nuestras lenguas se tocaron como si se estuvieran entrelazando y fundiéndose. Fue un beso lleno de las promesas y del compromiso que asumimos uno con el otro. Mi corazón latía con la certeza de que viviría el resto de mis días en esa nube de felicidad a su lado.

Cuando nos separamos el celebrante dijo finalmente el "están casados" y nos volteamos hacia nuestros invitados. Fue como si una corriente eléctrica pulsara de nosotros hacia ellos emanando toda la felicidad que sentíamos y regresando a nosotros aún más intensa. Hicimos el camino de vuelta por el pasillo, bajo aplausos y una lluvia de arroz. La sonrisa en los labios de mi esposa me dejaba flotando de felicidad.

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