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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 967

"Ricardo"

No esperaba que Anabel comprendiera esta situación, pero ni siquiera necesité explicar. Llamé a mi papá mientras iba a la estación, expliqué la situación y pedí que mandara un abogado. Cuando llegué a la estación Flavio vino enseguida.

—Rick, perdóname, pero te llamé porque si estuviera en tu lugar querría saber. —Flavio explicó.

—E hiciste bien, amigo, te agradezco por eso. ¿Qué necesito hacer para liberarla? Ya hay un abogado en camino. —Hablé.

—Entonces vamos a esperar que llegue, por el momento es lo que necesita. —Flavio me puso la mano en el hombro.

—¿Puedo hablar con ella? —Pedí.

—Hermano, solo que no tengo ninguna sala libre hoy, hasta la mía está ocupada, el turno está terrible. ¿Puede ser ahí en la celda? —Flavio preguntó.

—Puede, claro. —Confirmé y miré a Anabel que me dio una sonrisa.

—Ve, te espero. —Habló con voz suave.

—Rena, lleva a Ricardo allá a la celda para hablar con las chicas. Ven, Ana, vamos a tomar un café en la cocina. —Flavio me dejó más tranquilo, pues se quedaría cuidando a Ana.

Acompañé a la policía hasta la celda y ni pude creer cuando vi a Taís ahí, en medio de otras mujeres, en una condición que nunca pensé ver.

—¡Dioooos! Renata, linda mía, ¿quién es el guapo? —Una rubia preguntó en tono jocoso, como si ni siquiera estuviera presa.

—Visita para Tatá. —La policía respondió y me pareció extraño, Taís odiaba los apodos. Pero los ojos de Taís cayeron sobre mí.

—¡Ay, colega, quién es ese bombón lindooo? —Una pelirroja más escandalosa preguntó animada.

—Mi exmarido. —Taís respondió y vino hasta las rejas. —¿Viniste a reírte de mí, Rick?

—¿No me conoces, Taís? Pasamos años casados y ¿piensas que vendría aquí a reírme de ti? —Pregunté con tristeza, viendo cuánto se había rebajado, y no fue por necesidad.

—¿Qué quieres, Rick? —Preguntó, a la defensiva.

—Vine a sacarte de aquí, Taís. Y a ofrecerte ayuda. Y no confundas las cosas, solo estoy ofreciendo ayuda, no me siento en deuda contigo. —Dejé bien claro.

—¡No quiero tu lástima! —Habló y me dio la espalda.

—¡Ay, Tatá! ¡Ser orgullosa no te va a sacar de esta vida de puta! —La pelirroja habló y se levantó, viniendo hacia mí.

—¿Eres Rick, verdad? —Preguntó y asentí. —Cuéntame la historia, ¿le pusiste los cuernos, verdad? Para que esté en esta desilusión tiene que ser eso.

—En este caso, quien cargó los cuernos fui yo. —Hablé y la mujer miró a Taís con los ojos como platos.

Ante las preguntas de todas las mujeres ahí, Taís terminó contando la historia, de forma resumida, claro. Era la primera vez que oía de su boca todas las cosas absurdas que hizo y pensó.

—¡Estoy rosa chicle, colega! —La pelirroja habló y sonreí un poco. —¡Piensa, si yo tuviera un guapo así, mi amor, podría vivir debajo del puente! Guapo, ¿estás como soltero, lindo, buscas? —Giró un mechón de cabello en el dedo.

—No, querida, lo siento mucho, pero ya encontré, una mujer linda, que me ama y que va a ser la madre de mis hijos. —Respondí educadamente.

Salió acompañada de las otras dos y me tiró un beso al aire. Me reí, era una figura interesante. Taís se quedó atrás, con la cabeza baja, parecía haber llorado y parecía totalmente quebrada.

—¿De verdad hay un trabajo para mí allá? —Taís preguntó.

—Sí, Taís, un trabajo, una oportunidad de empezar de nuevo. —Hablé.

—¿Cuál es la condición? —Le preguntó directamente a mi papá.

—Que endereces tu vida. —Mi papá respondió. —Y que olvides a nuestra familia. Fuiste tú quien lo quiso así, no hay por qué volver a atormentar a Rick.

—¡Está bien, acepto! Solo necesito ir al hotel, pagar y recoger mis cosas. —Taís concordó.

—¡Perfecto! ¿Doctor? —Mi papá llamó al abogado. —El señor ya sabe lo que tiene que hacer, métala en el avión. Te va a pasar las instrucciones, Taís, te va a dar el dinero, comprar el boleto y pasarte el contacto de tu nuevo empleador.

—Gracias, Átila, sé que nunca me quisiste, sé que estás haciendo esto solo porque Rick pidió. —Miró fijamente a mi papá.

—Taís, no me gustas porque nunca tuviste buenas intenciones con mi hijo. Pero le tendería la mano a cualquiera que realmente quisiera ser mejor, así como mi hijo. —Mi papá respondió sin mentiras y ella hizo un gesto con la cabeza.

—Adiós, Rick. Ruby tiene razón, eres bueno. —Me miró, pero sus ojos ya no reflejaban la alegría de otros tiempos, ni siquiera el atrevimiento de antes.

Si estaba arrepentida o si cambiaría el rumbo de su vida no tenía la menor idea, pero no podía dejar que se hundiera aún más, como dijo mi papá, le tendería la mano a cualquiera que necesitara y ella necesitó. Al final, sentía mucha lástima por ella, sus pecados fueron la envidia y la codicia, movida por ellos hizo malas decisiones y la más perjudicada fue ella misma.

Agradecí a Flavio por haberme llamado y salí de ahí con Anabel y mi papá. Había sido un día lleno de emociones complicadas para todos nosotros, capítulos cerrándose.

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