"Anabel"
Estaba impresionada con el golpe que Sandra le dio a Taís. Odiaba a esa perra, pero Sandra la odiaba dos veces más. Y cuando Taís fue finalmente sacada de ahí respiré aliviada. Estábamos llegando a casa, recibiríamos a nuestra familia y amigos y esa perra vino a arruinar todo. ¡Pero no lo lograría!
—¿Estás bien, mi vida? —Rick se volteó hacia mí y me llevó adentro de la casa.
—Estoy bien, Rick, déjame echar a correr a esa perra. —Pedí.
—De ninguna manera, Sandra, Mel y mi papá se están encargando de eso. Tú y mis bebés se van a quedar bien lejos de esa mujer ordinaria. —Habló Rick mientras entrábamos a casa.
—Sí, tienes razón, es mejor. —Concordé, no quería a mis bebés cerca de esa mujer de ninguna manera.
—Además quiero darte algo antes de que todos entren. —Habló y se sentó conmigo en el sofá.
—¿Qué es? —Pregunté y alzó dos bolsas frente a mis ojos. Con la confusión ni había notado que las cargaba.
—Por favor, no te enojes conmigo, pero no pude controlarme. —Explicó y noté que eran bolsas de una tienda de bebés.
—Rompiste nuestro acuerdo. —Entrecerré los ojos hacia él.
—Perdóname, pero fue más fuerte que yo. —Me miraba como un perrito.
—¡Menos mal! —Cerré los ojos y respiré aliviada. —Yo tampoco resistí, pero le pedí a Sandra que escondiera las bolsas, en cuanto entre le pido que las traiga.
Empezamos a reírnos como dos niños y me di cuenta de que ese acuerdo era tonto y que era obvio que lo romperíamos ante la primera vitrina de tienda de bebés.
—¡Aayyy! Déjame ver qué compraste. —Aplaudí de emoción.
Me entregó las bolsas y abrí, saqué las cajas y abrí con todo cuidado. Adentro estaban esas ropitas lindas y delicadas. Me emocioné porque hubiera elegido algo tan lindo y tan delicado para nuestros bebés.
—¡Son tan lindas, mi corazón! —Pasaba la mano sobre esas cositas tan pequeñitas. Entonces puse la mano en mi vientre y hablé con mis hijos por primera vez. —¡Miren, mis amores, papá trajo un regalo lindo para ustedes! —Estaba muy emocionada.
—Tal vez mamá quiera cambiar los colores. —Sugirió, poniendo la mano sobre la mía y hablando con los bebés también.
—¿Y por qué haría eso? —Lo miré.
—Porque todavía no sabemos si son niños o niñas...
—O si es una parejita. —Completé. —Y no tiene nada de malo que los niños usen rosa y las niñas azul, son colores lindos.
—Sabes, vi estas ropitas en la vitrina y simplemente entré a la tienda y compré, en estos colores, fue instintivo, fue como si hubiera mirado la vitrina y visto a nuestros bebés en estas ropitas. —Comentó pasando la mano por mi vientre y me sorprendí con sus palabras, estaban llenas de significado.
—¿Y eran bonitos? Nuestros bebés que viste. —Quise saber.
—No, pero lo están llevando al hospital en estado gravísimo. —Rick me sostenía la mano, dándome la certeza de su apoyo. —¿Quieres ir hasta allá?
—Pero tenemos visitas... —Hablé sin pensar.
Tenía una tormenta de sentimientos conflictivos dentro de mí. No quería que pasara nada malo, pero tampoco sabía si quería ver a Leonel. Por un lado todavía estaba dolida y resentida por todos los años de desprecio y malos tratos, pero por otro lado, era como si la sangre gritara en mis venas, por menos que quisiera. Aprendí a llamarlo papá y a amarlo como papá, y tal vez por eso, porque aprendí a amarlo, es que sentía tanto dolor por lo que me hizo.
—Querida —la mamá de Rick se agachó frente a mí—, ve a ver a tu papá y apoyar a tu hermano. No dejes de ir porque no puedes entender tus sentimientos, porque puede ser que cuando los entiendas sea demasiado tarde. No cometas los mismos errores de Leonel. ¡Ve!
La abracé fuerte, era una mujer gentil y discreta, pero que en los momentos exactos tenía las palabras correctas. Se había vuelto un apoyo maternal para mí y saber que mis hijos crecerían con esa abuela gentil y amorosa cerca me dejaba muy tranquila.
—¡Voy a ir! —Me levanté. —¿Vienes conmigo, mi corazón?
—¡No te dejaría sola en este momento! —Rick se levantó y me abrazó.
—Entonces vamos rápido, necesito que me lleven, quiero estar con Don. —Del ya estaba en la puerta.
—Nosotros también vamos, vamos a apoyarlos. No están solos, hija mía. —Átila puso la mano gentilmente en mi rostro.
Muy rápidamente, todos ya habían dicho que nos acompañarían, que éramos una familia y estarían con nosotros en ese momento. Y mientras Rick manejaba apurado al hospital, las lágrimas cayeron de mis ojos, ese sentimiento pesado que estaba en mi corazón estaba saliendo y hice una oración para que Leonel no sufriera, aun con todos nuestros problemas, aun con el abismo de sufrimiento que nos separaba, no quería que sufriera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....