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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 945

"Anabel"

Yo soñaba con casarme, estaba dispuesta a dejar eso de lado si Rick no quería y yo pensaba que él no quería, después de todo, ya había estado casado y se había decepcionado, eso hasta lo entendía. Renunciaría a eso por él, después de todo lo amaba y lo que teníamos era muy especial y yo sabía que él me amaba. Pero pedirme matrimonio, de esa forma, como si no fuera nada importante, solo para resolver un problema y no porque quería casarse conmigo, no porque sintiera el deseo de unirse a mí legalmente, sino porque pensaba que eso resolvería un problema? Ah, no, eso era inaceptable, me dolió mucho.

—¿Me estás proponiendo matrimonio para librarme de Leonel? ¿Es eso? —Pregunté, le di la oportunidad de explicarse.

—Sí, Ana, jurídicamente yo sería la persona que tomaría decisiones por ti, si eso fuera necesario, y tú sabes que jamás te haría daño. No intentaría nada contra ti. —Y explicó, explicó jurídicamente. Me alejé de él, eso había sido innecesario.

—Ricardo, antes de casarme contigo solo para librarme de Leonel, ¡le entrego todo lo que tengo a él! Ahora vete de aquí. —Estaba irritada, dolida y no quería hablar con él en ese momento.

—Ana, ¿qué hice? —Todavía tenía el valor de preguntar. No era posible que fuera tan tonto.

—Nada, Ricardo, no hiciste nada, nunca haces nada. Ahora, por favor, déjame sola, necesito volver al trabajo. —Le di la espalda.

—Ana... —Trató de acercarse y tocarme, me esquivé.

—¡Vete, Ricardo! Después hablamos, pero ahora no. —Ya no podía hablar con él en ese momento.

Oí sus pasos hacia la puerta, que se abrió, y cuando me volví ya había salido. Fui hasta la puerta y la cerré. Ahora podía sentarme y llorar y pensar en cómo librarme de Leonel, sin necesidad de que Rick me hiciera el favor de casarse conmigo para eso.

Después de desesperarme por unos minutos, decidí llamar a mi hermano, siempre me daba buenos consejos, tal vez tenía uno que darme ahora.

—¡Hola, embarazadita! ¿Cómo estás? ¿Ya tienes algún antojo que pueda cumplir para ti y mi sobrinito? —Mi hermano me atendió al primer timbre, todo cariñoso.

—Todavía no, pero en cuanto tenga te aviso. —Me reí.

—¿Qué voz de llanto es esa, Bel? —Quiso saber.

—El Dr. Romeu estuvo aquí. —Le conté a Don todo lo que había dicho el abogado, el miedo que estaba sintiendo y lo que hizo Rick y cómo me sentí.

—¡Ricardo es un idiota! —Oí la voz de Átila del otro lado de la línea.

—Ay, Átila, perdón no sabía que estabas escuchando. —Me sentí mal, parecía que estaba chismeando. —¿Puedes fingir que no oíste nada?

—Querida, perdón, entré al despacho de Don y ustedes estaban hablando, él me hizo señas de que me sentara. Perdóname si invadí tu privacidad, pero déjame darle un buen jalón de orejas a mi hijo. —Átila hablaba cariñosamente.

—¡Haz como tu madre! —Habló Átila de repente. —Haz un testamento. Pero toma ciertas precauciones, el Dr. Romeu puede ayudarte con eso y él jamás haría lo que hizo Isidoro. Y puedes hacer llegar a Leonel la noticia de que hiciste un testamento.

—¡Es una buena idea! —Comenté.

—Y puedes grabar un video y dejarlo con el testamento, un mensaje, para que no haya duda de que no fuiste coaccionada y que estabas en perfecto uso de tus facultades mentales cuando lo hiciste. Pon como testigos a personas importantes, personas a las que Leonel no podría corromper y que serían irrefutables, tienes amigos a los que puedes recurrir. —Átila pensaba rápido y pensaba en todo.

—Átila, espero que mi hijo herede la inteligencia del abuelo. —Dije y él se rió.

—Oye, Bel, ¿y del tío, no? —Bromeó Don.

—¡El tío no es tan inteligente! —Bromeé y se rieron. —¡Muchas gracias por haberme escuchado! Ahora voy a llamar al abogado. Besos para ustedes.

Llamé al abogado y pensó que la idea era realmente muy buena, me sugirió pedirle a Alessandro y a Patricio que fueran mis testigos, dos empresarios respetados y de moral intachable, y también a Flavio, que además contaba con el hecho de ser comisario, lo que lo convertía en el testigo perfecto.

El Dr. Romeu me dijo además que él mismo le comunicaría la existencia del testamento a Leonel y le dejaría claro que cualquier intento de coaccionarme para rehacer el documento podría probarse fácilmente, ya que los testigos sabían que yo no le dejaría nada, y que así, yo ciertamente podría respirar aliviada. Me confirmó que en dos días me llevaría el borrador.

Cuando colgué el teléfono, ya respiraba aliviada por haber encontrado una solución que probablemente le pondría freno a Leonel, pero todavía estaba molesta con Rick.

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