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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 929

"Anabel"

Finalmente había llegado el día de la audiencia, después de dos aplazamientos. Esperaba que cuando saliera de ese tribunal Leonel ya no fuera legalmente mi padre. Aunque no pudiera quitarme su ADN, al menos lo sacaría de mi vida, ya no quería seguir lastimándome, tampoco permitiría que continuara agrediéndome, hiriéndome.

Cuando Rick y yo llegamos, Don, Átila y el Dr. Romeu ya estaban ahí, así como más adelante vi a Leonel y un hombre de traje que pensé que sería su abogado. Estaba muy nerviosa, lo que estaba haciendo ahí era necesario, pero muy doloroso también.

No tardó en que Leonel se acercara, altivo en su traje azul elegante. Parecía estar más viejo y sus ojos estaban cansados. Me miró directamente a los ojos, como si estuviera decepcionado. Me acostumbré a esa mirada, siempre fue así como me miró, siempre decepcionado.

—¿Vas a seguir adelante con esto? —preguntó y agarré el brazo de Don y de Rick antes de que se pusieran frente a mí.

—Piensa que te estoy quitando el peso de tener que fingir que eres mi padre. —respondí y resopló.

—¡Esto va a ser un escándalo! —se quejó.

—No va a ser mayor que el escándalo de Ilana en la cárcel. —le sonreí con cinismo, recordándole que su hijita querida era el tema favorito de los medios en los últimos días.

—Esta vez lo lograste, Átila, estás destruyendo todo. —miró al papá de Rick.

—Leonel, solo estoy dando apoyo a los hijos de Antonia, que era hija de un amigo muy querido, porque sabes, su padre no era solo un cliente, era mi amigo. —Átila miró a Leonel sin intimidarse.

—¡No culpes a otros por tu falta de carácter, papá! —respondió Don y había mucha rabia en su voz. —¡Asume las consecuencias de tus decisiones!

Pero Leonel solo resopló y acompañó al abogado adentro de la sala de audiencias. Entré con el Dr. Romeu. Rick, Don y Átila tendrían que esperar afuera. Y, después de que todos tomaron sus lugares, la audiencia comenzó.

Después de hechos los procedimientos iniciales, el juez se tomó un momento para verificar el proceso y todo lo que había sido adjuntado ahí. Después nos miró.

—El laboratorio ya entregó los resultados de los exámenes, entonces vamos a empezar por el ADN. —anunció el juez y mostró el sobre sellado. —Considerando la situación un tanto inusual, dejé para romper el sello en presencia de todos. —Entregó el sobre sellado a los abogados que lo analizaron e hicieron una señal positiva.

—Es un laboratorio por encima de cualquier sospecha, sea cual sea el resultado, con certeza es la expresión de la verdad. —se manifestó el abogado de Leonel.

—¡Exacto! —concordó el juez y abrió el sobre, sacó de ahí tres carpetas y revisó las tres. —Una copia para el proceso y una para cada uno de ustedes. —Entregó una carpeta a cada abogado y cruzó los brazos sobre la mesa.

—Excelencia. —comenzó Leonel, con la voz temblorosa y la mirada sobre mí. Entonces se aclaró la garganta y miró al juez. —Tenía motivos suficientes para creer en la infidelidad de mi difunta esposa y para creer que Anabel no era mi hija. El resultado de este examen lo cambia todo para mí, al menos en relación con Anabel. Creo que merezco la oportunidad de ser su padre.

—¡Pero qué cara tienes, Leonel! —hablé, tratando de no perder la calma para que el juez no pensara que estaba loca. —¡Tus motivos suficientes no eran nada más que el chisme de una mujercita envidiosa y rencorosa! ¡Una artimaña ordinaria de Isidoro para hacer que dejaras a mi mamá! Sinceramente, Leonel, todos estos años y nunca, nunca le diste el beneficio de la duda. No, tú no eres mi padre, tu sangre puede correr por mis venas, pero padre, padre es otra cosa y eso tú no eres.

—Bueno, percibo que no habrá conciliación. —El juez suspiró. —Vamos a continuar. El Sr. Leonel adjuntó exámenes y un dictamen psiquiátrico que dicen que la Srta. Anabel es totalmente incapaz, portadora de trastorno afectivo bipolar, necesitando internación para estabilizar el humor y prevenir crisis. A título de ilustración el Sr. Leonel adjuntó dos videos. Sin embargo, la Srta. Anabel adjuntó dictamen psiquiátrico firmado por un médico muy renombrado, acompañado de exámenes realizados en un hospital de confiabilidad y ética irreprochables, así como adjuntó un video que desmiente el contenido de los videos adjuntados por el Sr. Leonel. ¿Desea continuar con el incidente de demencia, doctor? —El juez le preguntó al abogado de Leonel, quien miró al cliente como si esperara orientación.

—No, excelencia, ante los exámenes adjuntados por la otra parte, que son más recientes, la defensa del Sr. Leonel desiste del incidente de demencia. —destacó el abogado.

—¿Y usted, Dr. Romeu, está de acuerdo? —preguntó el juez.

—Sí, excelencia, estoy de acuerdo con la extinción del incidente. —El Dr. Romeu apretó mi mano transmitiéndome seguridad.

—Muy bien, adjunten al proceso, en el plazo legal, las manifestaciones finales y voy a proferir la sentencia lo antes posible. Esta audiencia se cierra aquí. —La audiencia fue cerrada y me retiré inmediatamente de la sala, no soportaba más estar ahí, frente a Leonel. Ahora, solo podría esperar que el juez decidiera a mi favor.

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