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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 927

"Ricardo"

Alencar, Melissa y yo nos reunimos afuera de la casa de Isidoro. Yo todavía estaba pensando en cómo Melissa había llegado ahí antes que nosotros.

—Un cretino, sórdido, asqueroso. —Alencar estaba indignado y con razón.

—Calma, Alencar, ahora sabes la verdad. Él me dijo que va a desaparecer en cuanto pueda. Lo que creo que será pronto. —le dije a mi amigo que respiró hondo, yo creía que Isidoro realmente ya no sería un problema. Entonces miré a Melissa. —Mel, ¿cómo llegaste aquí tan rápido?

—Ah, Rick, mi socio me llamó, información de primera mano, es nuestro acuerdo. —respondió con una sonrisa llena de confianza.

—¿Socio? —entrecerré los ojos hacia ella.

—¡Más conocido como delegado Moreno! —me hizo reír.

—¡De esa manera vas a terminar dejando a Heitor y metiéndote a la policía! —bromeé y ella chasqueó la lengua.

—Heitorito no vive sin mí, él tiene la cabeza en su lugar, pero sin mí es como un barco sin instrumentos, totalmente a la deriva. —estaba llena de confianza.

—Mel, ¿puedo preguntarte algo? —aproveché el momento, lejos de los otros, especialmente de las chicas.

—Claro, dime qué es lo que más te aflige. —Melissa sonrió y esperó.

—¿Me contarías si supieras algo que fuera a molestarme, no lo harías? Después de todo, eres mi amiga. —la miré y sus ojos se entrecerraron.

—Ricardo, sé directo y objetivo. —exigió.

—¿De qué estaban hablando tú y Ana el domingo? De verdad, porque sé que me mintió y no me gustó eso. —dije la verdad porque no se podía engañar a Melissa.

—¿Escuchando detrás de la puerta, Rick? ¡Qué feo! Ahí, agarras la conversación por la mitad y te quedas imaginando tonterías, con razón Ana está preocupada porque estás raro. —sabía que Ana se había dado cuenta de que estaba preocupado e incómodo y hasta me imaginaba que había hablado con Melissa.

—Mel, la pillé en la mentira y tú sabes, después de todo lo que pasé... —Pero Melissa no me dejó terminar.

—¡Ella no es Taís, Ricardo! —habló en tono de reproche.

—Lo sé, pero... —Y otra vez me interrumpió.

—¡Pero nada! —pareció un poquito áspera. —Mira, espera y confía. Cuando sea el momento te va a contar.

—Pero, Mel... —Y no servía de nada, no me escucharía porque ya sabía que iba a quejarme.

—Rick, ¡ten fe! Tú eres el tipo más increíble de nuestro grupo, el único que no mete la pata, que siempre la hace bien, eres hasta mejor que mi príncipe. Confía que cosas buenas vendrán para ti. —habló con la mano en mi hombro.

—¿Soy mejor que el príncipe? —le sonreí.

—Sí, el príncipe anda con las acciones en baja. —dio una media sonrisa. —Pero si sigues desconfiando de Ana tú también quedarás con las acciones en baja.

—Está bien, voy a esperar y confiar. —respondí y me despedí de ella, me subí al carro con Alencar y volvimos a la empresa.

Cuando llegamos decidí ir primero a ver a Anabel. La puerta de su oficina estaba abierta, entré y estaba tan concentrada en la computadora que ni me notó ahí. Aproveché para admirarla por un momento, tan hermosa, con el cabello recogido en un moño suelto que dejaba varios mechoncitos cayendo en su rostro y el bolígrafo apoyado en los labios de forma sexy.

—Me di cuenta de que te gustó. ¿Pero sabes qué? —bajó el volumen de la voz y habló en mi oído. —¡A mí también me gustó mucho!

Nos reímos juntos y la besé, con todo ese peso que sentía en mi pecho disipándose. Melissa tenía razón, Anabel era muy diferente de Taís y no podía dejar que lo que viví con Taís me transformara en un hombre desconfiado y resentido. ¡Eso no iba a pasar!

—¿Te llamó Don? —pregunté y asintió. —Bien. Tengo unas cosas que contarte. —La jalé conmigo para sentarnos en las sillas frente a su escritorio.

Le conté sobre todo lo que había pasado, todo lo que había escuchado de Isidoro y hasta de la ex esposa de Alencar, pues todavía no se lo había contado. Me escuchó atentamente, sin hacer ninguna pregunta y sin ninguna reacción. Entonces le conté lo que conversé con Melissa después de que salí de la casa de Isidoro y ahí vi su reacción.

—¿Quieres decir que antes de hablar conmigo hablaste con Melissa? —entrecerró los ojos hacia mí y parecía medio irritada.

—Ana, yo... —Pero así como Melissa, no me dejaría justificarme.

—¿Fuiste a hablar con Melissa antes de resolver las cosas conmigo? ¿La mujer que vive contigo? —Se levantó, mirándome como si fuera a saltar a mi cuello. —¿Y solo me estás dando un voto de confianza porque Melissa te dijo que lo hicieras? ¿Es eso mismo, Ricardo?

—No, Ana, pero es que...

—¡Es que nada! ¿Sabes qué, Ricardo?, sal de aquí y solo vuelve cuando realmente puedas confiar en mí y no cuando alguien te diga que lo hagas. —Abrí la boca, pero ella ni esperó, siguió hablando. —¡Pero dónde se ha visto eso? ¡Deberías haber hablado primero conmigo! Y, mira, entiendo que uno necesite hablar con los amigos, pedir una opinión, ese tipo de cosas, pero, aunque hubieras hablado con ella, ¡deberías haber hablado primero conmigo! Hasta con Taís tuviste esa cortesía, tú mismo me contaste que cuando las cosas se pusieron feas trataste de conversar con ella, pero conmigo, conmigo, ¿no puedes hacer eso? ¡Sinceramente, no entiendo!

—¡Ana! Escúchame. —pedí.

—Escucho, escucho sí, cuando reconozcas que actuaste mal y que yo merecía más de ti. Ahora, vete a tu oficina, anda, vete, ve a pensar en lo que hiciste. —Caminó hasta la puerta y la abrió. Ni me miraba de lo irritada que estaba.

Respiré hondo y salí de su oficina cabizbajo. Ahora tenía que pensar en cómo resolver este lío que hice. Y ni podía decir que estaba equivocada, porque yo me ofendí justamente porque ella le contó algo a Melissa y no me lo contó a mí. Tal vez podría usar eso para hacerla entender, pero ahora dejaría que se calmara.

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