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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 925

"Isidoro"

Finalmente de vuelta en casa. Diez días en ese hospital habían sido demasiado. Aunque fue bueno, para que tuviera tiempo de pensar y analizar las cosas. ¡Ah, Ilanita, hiciste una gran cagada! ¡Y me dejaste muy enojado contigo y tu familita de mierda!

Ni siquiera estaba enojado por gastar una fortuna arreglando la puerta que el delegado rompió, él salvó mi vida, si la policía no hubiera estado al acecho estaría bajo tierra ahora. Fue una suerte para mí, pero una gran desgracia para Ilana y su mami y su papi. Me las pagarían muy caro.

—¡Listo, señor! —El muchacho que estaba colocando el vidrio en la puerta se acercó, el trabajo había quedado muy bien. Le pagué y se fue.

Ahora tenía otro compromiso y no perdería tiempo. Fui a la oficina, abrí la caja fuerte y saqué el sobre. Guardé eso por tantos años, sabía que tarde o temprano me serviría y la hora había llegado. Puse el sobre en la carpeta y fui a la delegación. Le daría una declaración bien larga e interesante al noble delegado.

—Dr. Isidoro, es bueno verlo recuperado. Pero usted salió del hospital hoy, no necesitaba haber venido tan rápido. —El delegado Moreno habló cuando me senté frente a él.

—Hay cosas, delegado, que mientras antes las resolvamos mejor es para todos. —Le sonreí.

Estaba muy tranquilo con lo que iba a decir y hacer, ya había analizado mis posibilidades y, aunque lo que fuera a revelar me salpicara, no sería nada más que un inconveniente. Ya para Leonel y las dos víboras que él criaba, sería el fin del mundo.

El delegado comenzó con las preguntas que ya esperaba, quería mi versión sobre lo que había pasado la noche en que me envenenaron. Fui lo más fidedigno que pude.

Entonces quiso saber cómo Ilana y yo nos acercamos, y le conté que fue después de su primer arresto y que ella se me insinuó y, aunque al principio yo no quería, terminé cediendo, después de todo la desgraciada era bonita.

—Sabe cómo es, doctor, una joven bonita lanzándose encima de uno, la carne es débil. —Le di una sonrisa como si estuviera apenado, pero el delegado me miró serio.

—No, no sé cómo es. —Respondió y me di cuenta de que no era un hombre al que le gustaran las bromas. —Pero, si Ilana lo sedujo, ¿por qué trató de matarlo? —Fue astuto, estaba a punto de agarrarme en la mentira, pero yo era mono viejo.

—Me imagino que habrá sido por celos. —Le di la clásica motivación de los crímenes entre parejas.

—¿Celos? ¿Pero no fue ella quien llevó a la amiga? —Me miró confundido.

—Vea bien, delegado, Ilana se muere de envidia de Anabel y yo caí en la tontería de revelar que tengo una fuerte admiración por ella, si es que usted me entiende. —Le expliqué y me miró con las cejas arqueadas.

—¿Qué exactamente le dijo usted? —Preguntó.

—Yo estuve enamorado de Antonia Lancaster. —Suspiré. —Una mujer hermosa y la hija se parece mucho a la madre y es tan buena como ella, pero aún más cautivante. Me enamoré de Anabel y mantengo eso en secreto. Pero se me escapó con Ilana, quien llevó a esa amiguita, una prostituta barata, y quiso compararla con Anabel. Yo no pude permitir eso.

El delegado escuchó todo lo que le conté, parecía realmente sorprendido con lo que le revelaba. Tenía la certeza de que Ilana estaría un buen tiempo presa, tiempo suficiente para que aprendiera que no debe tener como enemigo a alguien más astuto que ella. El delegado terminó el interrogatorio pareciendo muy satisfecho con mi contribución, había llegado la hora de darle una contribución un poco mayor.

—Delegado. —Llamé su atención antes de que me despidiera. —Estuve cerca de la muerte y reflexioné sobre algunos errores que cometí en la vida.

—Está bien, vamos a fingir que le creo. —Resopló, no era tonto, pero lo que importaba era lo que quedaba registrado. —Usted es abogado, no necesito contarle las implicaciones de esto, ¿verdad?

—No necesita. Sé que seré procesado, ciertamente perderé mi licencia para ejercer la abogacía, posiblemente seré condenado a una pena menor en régimen abierto, pero estoy dispuesto a enfrentar las consecuencias de lo que hice. —Ya tenía dinero suficiente para vivir bien, realmente no quería seguir ejerciendo la abogacía. En cuanto todo esto terminara me iría a otro lugar a vivir tranquilo el resto de mi vida.

—Muy bien. Comience a hablar. —El delegado hojeaba el testamento mientras me escuchaba.

En los minutos siguientes revelé todo el golpe del fraude. Reescribí el testamento, la firma de Antonia fue falsificada por un especialista pagado por Leonel y yo pagué al notario, por orden de Leonel, para validar el testamento. Expliqué que Leonel creía que este testamento ya no existía más, pues le di una copia con una firma falsa para que la destruyera y guardé el original, pensando en protegerme.

—Este testamento será un duro golpe para Leonel. —Comentó el delegado.

—Sí, se quedará sin nada, la casa, las acciones, todo, todo es de Anabel y de Donaldo. —Estuve de acuerdo.

Y era exactamente eso lo que yo quería, que Leonel se quedara en la miseria con esas serpientes que él criaba, o de lo contrario él le facilitaría la vidita a Ilana y la sacaría de la cárcel más rápido de lo que se merecía.

—Muy bien, le pido discreción respecto a este testamento. Mandaré el caso al juez y el testamento será sometido a peritaje, entonces tendremos que aguardar el resultado de la pericia para dar curso. —El delegado me informó, pero yo conocía el procedimiento.

Después de todo debidamente firmado, me levanté y me despedí del delegado, volví a casa y me restaba esperar por las buenas nuevas de la caída de Leonel y sus rameras. Iba a ver todo desde palco y aplaudiría gritando "¡bravo, bravísimo!" Pero hasta entonces, tal vez podría hacer una visita a Ilanita...

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