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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 921

"Ricardo"

Tengo que admitir que las chicas trabajaron muy bien. Finalmente nos estábamos mudando a nuestra casa. Había quedado todo muy hermoso y de hecho, cuando entré a la casa después de todo listo, tuve la sensación de estar en una villa italiana. Era encantador, acogedor, hermoso y alegre. La tal mesa de comedor que Anabel compró era simplemente gigante, era una mesa para una familia grande y unida y me daba ganas de verla completa.

Me sorprendió la energía de Anabel, con todo lo que estaba pasando decidió organizar un brunch para recibir a nuestras familias y amigos y presentar nuestra casa nueva. Entonces, aquí estaba yo, un domingo en la tarde, apreciando a los hijos de mis amigos correr por el jardín, viendo a mi familia y mis amigos reír y conversar. Era casi todo lo que siempre quise en la vida, solo faltaba una cosa.

Estaba sentado en una mesa con sombrilla en el jardín y vi a Anabel más adelante conversando con Don y Del, estaba hermosa en un vestido largo azul claro con grandes rosas estampadas, el sol daba en sus cabellos sueltos que brillaban como si estuvieran cubiertos de puntos de luz. Me miró y me tiró un beso, tenía una sonrisa serena y la expresión suave, tan tranquila como si no tuviera ningún problema en la cabeza.

—Parece que las cosas se están acomodando —mi papá se sentó a mi lado.

—Eso parece. Ustedes y mamá vendrán a quedarse con nosotros, me imagino —respondí.

—No vendremos. Tu mamá ya encontró la casa y Samantha ya aceptó ayudarla y garantizó que podremos mudarnos la próxima semana, entonces, Lucinda quiere acompañar todo y decidieron que todavía nos vamos a quedar en la casa de Patricio —explicó mi papá.

—¿Y cuándo encontró la casa? —me dio curiosidad.

—Ayer. Es aquí en el fraccionamiento. Es la casa de la mamá de Heitor, está cerrada hace mucho tiempo y decidió vender, pero creo que decidió vender solo porque quiere mantener a la amiga cerca. Esas mujeres crearon un clubcito para los papás y es muy divertido —sonrió mi papá.

—¿Qué pasa en las reuniones de ustedes? —pensé que podría descubrir el secreto.

—Lamento hijo, ¡pero lo que pasa ahí, se queda ahí! —se rio mi papá y cambió de tema—. ¿Estás pensando en casarte otra vez?

—No pensé en eso, ya estuve casado, lo que me importa es tenerla conmigo y está conmigo —tenía certeza de que siempre estaríamos juntos.

—Pero ella nunca estuvo casada y el matrimonio es un compromiso de que siempre estarán juntos —fue como si leyera mis pensamientos.

—No resultó muy bien la primera vez —le di una pequeña sonrisa.

—Creo que va a ser diferente ahora —miró en dirección a Anabel.

—También creo, pero ni sé si ella piensa en eso y todo es muy nuevo, no llevamos tanto tiempo juntos —sabía lo que quería, pero tal vez necesitábamos un poco más de tiempo, adaptarnos a nuestra nueva vida juntos, en nuestra casa.

—¿Pero no la amas? —frunció el ceño mi papá.

—Más que a cualquier otra persona o cosa en el mundo —confirmé.

—Entonces, si la amas tanto, el tiempo no importa —me aseguró mi papá.

Lo que mi papá no sabía es que quería estar seguro de que Anabel y yo queríamos las mismas cosas, quería estar seguro de que no se cansaría o se aburriría con la vida a mi lado, porque pasé por eso antes y no quería pasar otra vez.

—Ah, Mel, te encontré —entró Nando—. Es hora de irnos.

Nos despedimos de Mel y Nando y poco a poco todos se despidieron y se fueron, quedamos solamente Anabel y yo. Después de cerrar la puerta, se volteó hacia mí y abrió los brazos, viniendo en mi dirección.

—¡Hogar dulce hogar! —suspiró en mis brazos y solo quería pedirle que me dijera la verdad sobre lo que conversaba con Melissa.

—Hogar dulce hogar —devolví, pero estaba un poco molesto porque me mintiera en nuestro primer día en nuestra casa. ¿Pero qué sería?

—¿Qué te parece si nos damos nuestro primer baño juntos en nuestra casa y después probamos la cama? Es tan cómoda —sugirió, con una mirada insinuante, pasando la mano suavemente por mi pecho.

—¿Estás hablando de dormir? Creo que realmente estoy cansado, al final solo soy un tipo en la mediana edad —la provoqué y se rio.

—Estás casi en la mediana edad. Pero sí, debes estar cansado, podemos bañarnos y dormir temprano —estuvo de acuerdo y fuimos hacia el cuarto.

El cuarto había quedado hermoso y era muy acogedor, había una enorme cama con cabecera tapizada en el centro y sobre ella un edredón suave y muchas almohadas. Había mesas de noche laterales y dos sillones en la esquina con una mesa redonda de madera entre ellos. Había flores y otros detalles, pero sin duda el destaque era la cama y en la pared opuesta a la de la puerta por la cual entramos, las puertas dobles enormes de vidrio que daban a un balcón con vista al jardín se robaban la escena. Realmente quería pasar mi vida en esta casa, con la mujer que amaba.

—¡Ana! —la llamé antes de entrar al baño y se volteó hacia mí—. ¿Realmente quieres esto? ¿Estar en esta casa conmigo, una vida simple y tranquila, sin grandes acontecimientos?

—Eres mi gran acontecimiento, Ricardo, ¡todos los días! —me respondió y calmó mi ansiedad con un beso, pero no quitó de mi cabeza la preocupación. ¿Qué había empezado y no me había contado?

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