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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 910

"Ricardo"

Entré al apartamento tomando la mano de Anabel y la jalé hacia el sofá conmigo. Quería que me contara lo que su papá le había dicho y necesitaba contarle lo que mi papá me había dicho. Era hasta gracioso.

—Pareces preocupado, mi corazón —se sentó y puso las piernas en mi regazo.

Estaba usando un vestido de mezclilla entallado, con cuello de camisa y la falda le llegaba hasta la mitad de los muslos y en los pies una sandalia de plataforma bien alta. Le quedaba tan bien, pero la hacía parecer aún más joven y yo me sentía como un señor de edad en ese momento.

—Estoy preocupado —confesé, mientras mis manos subían y bajaban por sus hermosas piernas.

—¿Qué pasó? —preguntó y estiró el brazo para tocar mi rostro. Cerré los ojos para sentir su toque y ella suspiró—. Douglas te contó.

—Contó. Pero ¿por qué tiene que haber sido Douglas? Podría haber sido Sandra —abrí los ojos y vi una pequeña sonrisa en sus labios.

—No, Sandra no me entregaría —dio una sonrisa despreocupada y siguió jugando con los dedos en mi rostro.

—La tal sororidad... —suspiré y escuché su risita—. ¿Qué quería, hermosa?

—Hacerme una propuesta. Dijo que me va a dejar en paz, si retiro el proceso de desconocimiento de paternidad, quiere parte de mis acciones para volver a la presidencia de Lancaster, quiere a tu papá fuera y quiere que Don desista de tratar de quitarle el apellido, para eso, ofreció quitarle el apellido a Irina e Ilana —habló tranquilamente.

—Y dijiste que no haces acuerdos con el diablo —suspiré, esa caricia que me estaba haciendo estaba muy buena y me moví en el sofá para recostar mi cabeza en el respaldo y disfrutar mejor su toque.

—Te contó todo de verdad —se rio.

—Todo lo que sabía —confirmé.

—Por favor, no despidas a mis feroces —iba a abogar por ellos, como me imaginaba.

—Fallaron hoy, hermosa. Una gran falla de seguridad que permitió que Leonel se acercara a ti —expliqué.

—Pero Leonel nunca habría logrado sacarme de ahí sin que ellos vieran y fue mi culpa, yo fui la que me alejé de ellos. Me distraje en la tienda y terminé alejándome —argumentó.

—Eso no puede pasar, Ana —hablé despacio.

—Lo sé, pero, por favor... —paró la caricia que me hacía y abrí solo un ojo para verla con las manos juntas y ojos redondos y brillantes como un gatito caprichoso.

—Ayúdame a recordar, ¿en algún momento ya te dije que no? —pregunté y sonrió.

—Tendría que hacer una lista. Creo que desaparecer por un año cuenta —me miró con ese aire de quien me estaba desafiando a contradecir. Pero solo me reí.

—No los voy a despedir, pero no quiero a los dos juntos cuidándote, a partir de mañana uno de ellos se va a unir al equipo que está en la casa y otro vendrá a sustituir. Douglas es quien va a decidir. Ahora, vuelve a hacerme cariños o cambio de opinión —sonreí y cerré los ojos, sintiendo su mano tocarme otra vez.

—Ah, ¿y esa perra no quiere que vuelvas con ella? —estaba celosa y me hizo reír.

—Curiosamente, de acuerdo con su papá, esa es la única cosa que no quiere —me reí.

—Mira aquí, Ricardo, ya te voy avisando, aprendí unas cosas con Mel, ¡si esa perra cree que va a volver a joder tu vida, no lo hará! ¡Le destrozo la carita antes de que logre decir "volví"! —Anabel puso el dedo en alto.

—¿Todo eso son celos? —bromeé.

—¡Es rabia de verdad! Lo que esa perra te hizo, Rick, ¿y todavía pensar que le debes algún tipo de reparación? ¡Eso es un descaro! Y sé que eres demasiado bueno para echar a esa ordinaria a patadas, ¡pero no voy a permitir que se aproveche de ti, de verdad que no! —Anabel estaba muy enojada—. ¡Y tampoco voy a dejar que me te quite! Ya tuve que disputarte con el recuerdo de esa desgraciada, por casi tres años lloraste por ella, ¡ahora eres mío!

Me gustó escucharle decir que era suyo, me gustó saber que me defendería, que defendería nuestro amor. Me moví y me acosté sobre ella en el sofá. Mi mano subiendo por su muslo, pasando por debajo de su vestido.

—No va a conseguir lo que quiere. ¡Solo soy tuyo, mi vida! —le di un beso rápido en los labios y hablé bajito con ella—. Solo quiero que estés preparada, porque esa perra puede tratar de meterse contigo. Pero quiero que sepas que te voy a proteger, que no va a conseguir nada conmigo y que te amo, mi vida, te amo mucho, no tienes de qué preocuparte.

—¡Está bien! —sostuvo mi rostro con las dos manos—. Yo también te amo, Ricardo, más de lo que puedo explicar.

—¡Qué bueno! —le sonreí—. Entonces ahora que ya conversamos, te voy a desarreglar un poquito, te veo muy arregladita y, sabes, te ves aún más hermosa desarreglada debajo de mí.

Sus manos se hundieron en mis cabellos cuando mi boca tomó la suya. Me quitó la camisa por la cabeza y yo desabroché los botones de arriba de su vestido. La hebilla de mi cinturón fue abierta por ella al mismo tiempo que bajé las copas de su sostén y mi pantalón fue completamente abierto. Ya estábamos tomados por el frenesí del deseo, ambos ansiosos y necesitados de esa conexión. La ropa fue quitada del camino apenas lo suficiente para que pudiéramos tocarnos y mientras me movía sobre ella, pasando las manos por su cuerpo, gemía de placer y excitación. Y cuando llegamos al éxtasis, estaba caliente, sudada, despeinada y desarreglada debajo de mí, con los ojos brillantes y una sonrisa de puro contentamiento. ¡Era la mujer más hermosa que mis ojos habían visto!

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