"Melissa"
Me detuve frente a la puerta de la casa y toqué el timbre. Era una casita antigua, de esas que tienen el muro bajo y el portón nunca está cerrado con llave. Era bastante simpática hasta. La tal Viviane abrió la puerta, parecía lista para salir, pero cuando me vio parada ahí, parecía que había visto una aparición.
—¿Tú? —preguntó sorprendida, como si me conociera.
—¿Sabes quién soy? —entrecerré los ojos.
—¿Quién frecuenta ese Club Social y no sabe, Melissa Lascuran? —preguntó y sonreí.
—Ah, entonces conoces mi reputación. ¡Qué tierno! —le di una sonrisa falsa.
—Sí, dicen que estás medio loca —me miró.
—Hijita, loca está la cabra, ¡yo estoy chiflada de remate! —la empujé para que se quitara de mi camino y entré a la casa—. Ahora nos vamos a sentar que te voy a dejar elegir si quieres ser mi amiga o si quieres ser la desfigurada del momento.
—¿Me estás amenazando? ¿En mi propia casa? —empezó a alzar la voz.
—No, imagínate si fuera a hacer eso. Solo te estoy dando opciones. Pero, te digo, soy muy generosa con mis amigas —sugerí.
—¿Qué quieres? —resopló.
—Saber todito sobre ti e Ilana —no estaba ahí para andar con rodeos, con este tipo de interesadas siempre es mejor ser directa.
—¿Qué Ilana? —pero qué cara dura hacerse la desentendida.
—Querida, no trates de tomarme el pelo, ¡yo soy la dueña del circo! Anda, empieza a hablar —exigí.
—¿Qué gano con eso? —era una interesada y por el precio correcto contaría cualquier cosa.
—Ah, si cuentas, no vas a ser arrestada como cómplice de Ilana. ¿Te contó que está respondiendo por intento de homicidio? Ah, y ya encontramos a los muchachos de esa fiestecita, esa en la que drogaron a Anabel, ¿recuerdas? Ya contaron unas cosas que te dejan en una situación muy fea, sabes —bufé, la tal Viviane no parecía ser ningún genio, era lista, pero no sabría cómo investigar lo que yo decía y con seguridad, por la cara que puso, se asustó.
—Todo fue idea de Ilana, siempre es idea de ella y yo solo ayudo porque me paga —como predije, contaría todo para salvar su pellejo.
—Perfecto, entonces cuéntame que te voy a dar un regalito. Pero sabes qué, ¿qué te parece contarle todo al delegado? —pensé bien y, mejor que yo supiera, sería que esta criatura diera una declaración formal espontáneamente.
—Ah, no, no me voy a meter con la policía —se negó, pero no me di por vencida.
—Mira, puedes ir a la comisaría espontáneamente ahora, antes de que la policía venga a buscarte, porque ahí va a ser peor, ya estarás enredada y no tienes un papá rico como Ilana para salvarte el pellejo y ni tu amante te va a ayudar, tiene dinero, pero no se va a meter en esto, ¿no? —sugerí y vi la tensión en su rostro.
—¡Pero qué mierda! ¿Qué hizo esa tonta ambiciosa? Me metió en su mugre —Viviane ya se estaba dando cuenta de lo enredada que estaba.
—Eso parece. Pero te estoy dando la oportunidad de limpiarte —ofrecí.
—Está bien. ¿Qué hago, entonces? —y listo, había aceptado.
—Porque Ilana y yo nos acostamos con ellos para que se quedaran callados —hablaba como si no fuera gran cosa.
—¿Todavía eres amante de ese hombre, el papá de la amiga? —sabía la respuesta, pero quería que hablara.
—¿Y eso importa? —me miró.
—¡Ah, pero importa, importa mucho! —confirmó Flavio.
—Sí, desde esa época, y me llena de dinero y regalos y cada vez que Ilana necesita yo les lleno la cabeza a la esposa y a la hija y ellas arman un escándalo con Anabel.
—La última vez en el Club Social, ¿fue así? —inquirió Flavio.
—Estaba ahí con las dos, vi a Anabel y le mandé mensaje a Ilana. Anabel no frecuenta el Club Social, entonces me pareció raro. Ilana dijo que necesitaba el escándalo, que filmara, y ahí les llené la cabeza a esa vieja fastidiosa y ella hizo ese circo mientras yo grabé.
—¿Y la fiesta de la universidad? —quiso saber Flavio.
—¡Solo les presenté a los tipos a Ilana e hice el video, ¿está bien?! No tengo nada que ver con las drogas. Para decir la verdad, esa vez me dio pena Anabel. Se quedó desesperada sin saber si se había acostado con los tipos —tuve ganas de darle una cachetada a esa zorra.
—¿Y sabes qué pasó? —insistió Flavio.
Seguramente lo que pasó en esa fiestecita de universidad sobrepasó muchos límites. Ya había conversado sobre aquello con Anabel y sabía cuánto la angustiaba no recordar qué había pasado, cuánto se martirizaba pensando que hubiera tenido sexo con varios hombres esa noche. Sentía vergüenza y aquello era una espina dolorosa en su corazón. Pero ¿qué había pasado esa noche? ¿Esta criatura despreciable nos iba a contar la verdad? Ah, sí lo haría, pues estaba lista para retorcerle el cuello hasta que hablara.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....