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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 904

"Ricardo"

No estaba muy cómodo con la salida de Anabel, pero ella no era una prisionera y no tenía derecho a quitarle el placer de divertirse con las amigas. Entonces hice lo único que podía, le pedí que tuviera cuidado y les di órdenes a los guardaespaldas para que se pegaran a ella.

Nuestra casa de hecho se había convertido en una fortaleza, con sistema de vigilancia que no dejaba ni siquiera un mínimo punto ciego en el área externa, garita con guardias veinticuatro horas, guardias en puntos estratégicos en todos los puntos del muro, cerca electrificada, alarmas, todo lo que un sistema de seguridad eficiente requiere. Sería imposible entrar ahí a escondidas. Eso me tranquilizó y entonces fui a la casa de Patricio.

—¡Ah, mira al tío Rick ahí, Marisol! —Patricio me recibió con la hija en brazos.

Me dio una sonrisita tierna y se agarró del cuello del papá. Era una niñita tan linda, con esos grandes ojos negros y el cabellito rizado, la piel en un tono café con leche y esa sonrisita fácil, arrancaba sonrisas de todos los que la veían. Era una mezcladita tan tierna de Patricio y Lisa que parecía casi haber sido hecha con pequeñas dosis de cada uno mezclándose en un tubo de ensayo.

—¡Princesita del tío, ven acá! —extendí los brazos y vino de buena gana, con las manitas tan pequeñitas abriendo y cerrando como si me llamara—. Sabes que te envidio, ¿verdad, Patricio? —bromeé con mi amigo y se rio.

—Estás loco por ser papá también, ¿no? —me observó suspirar y asentir con la cabeza—. ¡Esconde su píldora! —sugirió y me reí.

—Ya pensé en hacer eso, pero al final, sabemos, la decisión es de ellas. Por más que tengamos participación, son ellas las que enfrentan nueve meses de gestación y los cambios en el cuerpo. Lo único que nos corresponde es decir si estamos preparados o no para eso, pero el momento, son ellas las que deciden.

—O a veces simplemente pasa, ¿no es cierto, Sol? ¿Eh? Dile al tío, cuéntale que de vez en cuando ustedes simplemente aparecen en la vida de uno —bromeó con la hija, recordándome que ella no había sido planeada, pero había sido muy bienvenida—. Entremos, las mamás están en la cocina y los papás están con Don en la sala.

—Sí, vamos. Necesito hablar con mi papá.

—Sabes que estás en tu casa.

Después de pasar por la cocina, saludar a las mamás y a Wanda, fui a la sala a hablar con los otros. Estaban en una conversación animada sobre los fantásticos cambios que estaban haciendo en Lancaster y cómo los resultados estaban siendo positivos.

—Todo mundo está más relajado sin Leonel cerca —concluyó mi papá.

—Sí, todo está mejor. Solo me preocupa, Átila, que mi hermana no quiera volver, con la fama que tiene Méllendez, de ser el mejor patrón del mundo... —bromeó Don y mi papá se rio.

—Hijo, confórmate, ¡perdimos a Anabel! Lo sé, pues yo perdí a Ricardo por Méllendez —le dijo mi papá a Donaldo y me di cuenta de que los dos se estaban llevando muy bien y eso me gustó.

—No, me alegro por mi hermana. Aunque el cargo sea temporario. Nunca le gustó trabajar en Lancaster, no se sentía bien, como si no encajara ahí. El problema es que vas a tener que quedarte en su lugar para siempre y no tendrás derecho a quejarte —le advirtió Don a mi papá que se rio, como si aquello fuera muy bueno para él.

—¿Pensé que te ibas a jubilar, papá? —pregunté un tanto sorprendido.

—Yo también pensé, pero me está gustando mucho lo que estamos haciendo en Lancaster y trabajar con Don ha sido revitalizante. Mi jubilación ahora depende totalmente de Anabel, si vuelve y cuándo, me jubilo —explicó mi papá y pensé que realmente tendría que olvidarse de la jubilación.

—¿Y si no vuelve? —pregunté.

—Patricio ya me presentó al corredor de bienes raíces y está buscando una opción. Tu mamá quiere quedarse aquí, tiene que ver con esperar a que nazcan tus hijos y ver a Adele finalmente casarse.

—¿Volver a dónde? —miré a mi papá horrorizado.

—De acuerdo con él, a la vida que le quitaste, los amigos, el trabajo, en fin —se encogió de hombros.

—¡Ah, yo le quité! ¡Pero esa perra no tiene vergüenza de verdad! —después de todo, sentía desprecio por Taís, aunque casi no me acordaba más de su existencia.

—Mira, Rick, mandé a ese cretino a la mierda, pero necesitaba alertarte. Ella va a volver, porque si me llamó es porque la decisión ya está tomada. Parece que las cosas por allá salieron muy mal y no se adaptó a nada. Necesitas estar preparado, porque te va a buscar.

—¿Buscarme para qué, papá? —estaba indignado, era todo lo que no necesitaba. ¿Ya no bastaban las estupideces de Leonel? ¿Tendría que lidiar con Taís otra vez?

—De acuerdo con él, ella tiene derecho de haberse arrepentido y tiene derecho de volver y querer su vida de vuelta, y ellos creen que tienes obligación moral de recibirla en la casa que fue suya por tantos años y ayudarla a retomar la vida. Quiere que hables con Heitor para devolverle el trabajo y quiere que hables con los amigos para que la reciban de vuelta. Y quiere que le des apoyo moral y financiero hasta que esté en pie. Y todavía fue sarcástico, dijo que no te emociones, porque lo único que no quiere de vuelta eres tú.

—¡No va a conseguir nada de mí, papá! Y no es porque me dejó, es por la forma como lo hizo.

—Lo sé, hijo. Entonces prepárate, protégete y protege a Ana. Taís es una serpiente venenosa, no quiero que sufras otra vez por culpa de ella.

—Gracias por el aviso, papá. Voy a estar atento —era una preocupación más con la que tendría que lidiar y sería implacable con ella, no me manipularía más.

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