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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 901

"Leonel"

Ah, pero me estaba divirtiendo tanto con Irina. ¡Esa puta descarada! Pero la zorra todavía tenía fuerzas para salir a encontrarse con el amante. Necesitaba pensar en unos jueguitos más divertidos que apagaran de una vez el fuego en el trasero de esa perra.

Miré el reloj en mi muñeca y sabía que ya casi era la hora de que la meretriz tratara de salir y me estaba encantando nuestro jueguito del gato y el ratón, cada día la dejaba llegar un poquito más lejos y entonces aparecía y la hacía volver. Sí, hasta este tiempo lejos de la empresa estaba siendo muy divertido.

—Señor, el señor Eustaquio está aquí y desea verlo —apareció la ama de llaves. Pero era pésima hora para que Eustaquio estuviera por aquí, no podía perder de vista a Irina.

—Que pase —bufé. Era mejor atenderlo de una vez.

Cuando entró cerré la puerta, pero no perdí tiempo con cortesías.

—Habla ya, tengo prisa —lo apuré.

—Usted mandó vigilar a la señorita Anabel. Está viviendo en el ático de un edificio de altísimo lujo. El lugar es muy seguro y entrar ahí es casi imposible —Eustaquio comenzó a hablar, era inteligente, ya sabía que me gustaba la objetividad.

—¿De quién es ese ático? —No recordaba ningún amigo de Anabel que pudiera tener una propiedad así.

—Del empresario Alessandro Méllendez —me respondió inmediatamente.

—Pero él está casado. ¿Ella es su amante? —Ya estaba viendo todo, Anabel no tenía ni una pizca de vergüenza.

—No, está saliendo con el señor Ricardo Fontes —habló como si eso lo explicara todo.

—Eso ya lo sé —repliqué impaciente.

—Él es empleado del Grupo Méllendez y, por lo que averigüé, amigo personal del señor Alessandro, que le prestó el apartamento a él, que se divorció y recientemente vendió la casa que tenía.

Escuché aquello y pensé que era un aprovechado, debería haber comprado otra propiedad y no abusar de la cordialidad del amigo. Pero siendo hijo de quien era, no esperaba nada bueno de ese tipejo.

—¿Y todavía no ha comprado otra? —quise saber.

—Eso todavía no lo sé. Pero, lo curioso es a quién le vendió la casa —Eustaquio me provocó.

—¡Habla ya, Eustaquio! —perdí la paciencia.

Se acercó y bajó más la voz.

—La casa fue vendida a doña Irina y fue puesta a nombre del amante de ella. Pero, por lo que averigüé el señor Ricardo no tenía idea de quién era ella, al menos no cuando vendió la casa —Eustaquio hablaba con cuidado para que nadie además de mí lo escuchara.

—¡Esa puta! —golpeé la mano sobre la mesa. Ahora había entendido por qué ese día en la comisaría salió corriendo, seguramente vio a tal Ricardo con Anabel. Ah, pero me las pagaría por eso también—. ¿Algo más?

—Sí, la señorita Anabel anteayer estuvo toda la tarde y hasta la noche en un hospital. Todavía no pude descubrir qué estaba haciendo ahí, pero me pareció extraño. Y ayer pasó el día en el edificio del Grupo Méllendez y hoy fue para allá otra vez.

—¿Y qué está haciendo ahí? —Eso no debía ser importante, tal vez fue solo a ver al noviecito.

—Asumió el cargo de directora de costos temporaria, va a cubrir la licencia de maternidad de la titular del cargo.

—¿Cómo consiguió eso? —casi me ahogué, Méllendez solo se rodeaba de los mejores, aunque fuera temporario.

—¡Señor, sale con uno de los mejores amigos del dueño! —respondió a modo de explicación y tenía sentido.

—Fue conducido a la comisaría y liberado. Pero, por lo que supe, habló mucho sobre su hija.

—¿Cómo así? —me sorprendí.

—Él la acusó de ser la autora intelectual de algunos crímenes cibernéticos. Pero eso su abogado puede explicarlo mejor.

—¿Isidoro? ¿Mi abogado? —Ahora no estaba entendiendo nada.

—Sí, señor. Después de la redada en la casa del hacker ella fue al centro comercial, pero su abogado apareció en la comisaría interesado en el hacker y después la señorita Ilana se encontró con el abogado en la casa de él. Y por lo que vi, son bastante íntimos —puso sobre la mesa algunas fotos de Ilana con Isidoro, fotos en que estaban teniendo sexo en el sofá, tomadas desde afuera de una ventana.

—Pero qué...

—Todavía no pude descubrir si ella sabe de lo que hace la madre —se apresuró viendo mi rabia—. ¿Quiere que investigue sobre el hacker? ¿O va a hablar con el abogado?

—¡Investiga! ¡Ahora puedes irte! —estaba de mal humor.

Eustaquio salió y dejó la puerta abierta. Y yo continué sentado, pensando. ¿Ilana e Isidoro? Pero eso era una gran decepción. ¡Necesitaba algo para calmarme!

Y fue justamente en esa hora que vi a Irina escabullirse por la sala. Ah, pero sería ella quien aliviaría todo mi estrés. Saqué la pastilla que ya había dejado en el bolsillo y me la tomé, conté hasta cinco y me levanté, caminé a pasos lentos y cuando puso la mano en la manija del carro, la llamé antes de que abriera la puerta.

—¡Irinaaaa! —la llamé con una sonrisa y voz suave, como si jugara con ella. Levantó la cabeza y abrió los ojos como platos. Caminé hasta ella y pasé el brazo por su cintura obligándola a caminar hacia la casa conmigo—. Mi amor, ya te dije que estás de vacaciones de la iglesia. Andas muy beata, Irina, y yo necesito a mi esposa, necesitas complacerme más.

—Por el amor de Dios, Leonel, ¿qué está pasando? ¡Ahora solo piensas en sexo! —estaba casi llorando.

—Querida, ¿vas a decir que no te gusta? Además, ¿cómo no voy a pensar en sexo, teniendo una mujer hermosa y deliciosa para satisfacerme? ¡Imposible! Ven, hoy vamos a hacer algo diferente... —la llevé a nuestro cuarto, para otra tarde de diversión.

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