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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 889

"Donaldo"

Como habíamos acordado, al inicio de la noche me reuní con los muchachos en la casa de Patricio. Tenía una sala de juegos muy agradable y cuando llegué ya estaban todos ahí. Después de las cortesías de la llegada, Patricio me mostró dónde estaba todo y me dejó cómodo.

—¿Los papás no se van a unir a nosotros? —Pregunté sintiendo la ausencia del padre de Patricio y de Átila.

—No, aceptaron una invitación de mi mamá y su marido. Deben estar acabándose el vino. —Heitor movió la cabeza con una sonrisa de quien se acordaba de algo. —La última vez que mi mamá reunió a los amigos, su fiestecita duró tres días. Dicen que son reuniones memorables, pero hasta donde pude averiguar son verdaderas parrandas.

—Eso suena divertido. —Comenté.

—Sí, pero está prohibido para menores de cincuenta y cinco años. —Patricio se rió. —Tengo muchas ganas de saber qué pasa ahí.

—Solo después de los cincuenta y cinco y aún falta bastante. Por ahora, conténtate con el póker. —Heitor se burló del amigo.

—Ya que no tengo el chisme del clubcito secreto de los papás, cuéntanos, Don, ¿qué está pasando con nuestra secretaria? —Patricio me preguntó y me dio gracia la forma como preguntó.

—También quisiera saber, Patricio. ¡Esa mujer es indomable! Tal vez mi cuñado pueda darme unos consejos de cómo debo comportarme con mi fierecita. —Me reí y miré a Rick que parecía sentir pena por mí, como si supiera que su hermana no me estaba facilitando la vida.

—¿Ya te mostró las garras? —Me preguntó con una sonrisa divertida.

—Está indócil, Rick, porque estoy tratando de conquistarla y me dijo que no quiere un novio. —Me pasé la mano por la cara, como quien está casi vencido.

—Pero ¿tú quieres ser un novio? —Rick me evaluó.

—¡Quiero ser su novio! —Afirmé, ni se podía imaginar el problema en el que estaba metido.

—Pero viven agarrados. Pensé que ya estaban de novios. —Alessandro parecía medio confundido.

—Según ella, somos solo amigos. —Y no me gustaba esa situación.

—¿Con beneficios? —Patricio preguntó y lo miré, le iba a gustar mi respuesta.

—Algunos besos de vez en cuando. Pero le dejé claro, si quiere tocar este cuerpecito, va a tener que aceptar ser mi novia. ¡Soy un hombre serio y me valoro! —Hablé todo pomposo y se rieron, pero fue exactamente eso lo que le había dicho a Del.

—Don, Del es una pimientita, siempre está controlando todo, necesitas tener mano firme y mostrarle que ella quiere lo que tú quieres. —Rick sugirió y lo miré dudando, eso parecía medio autoritario.

—Creo que no entendí. —Estaba realmente confundido.

—Tienes que darle un ultimátum. O se va a quedar en la cuerda floja el resto de la vida. —Explicó.

—¿Algo como decirle o me agarras o me dejas? —Lo miré dudando, podría dejarme y no era eso lo que quería.

—¡Así te deja! —Rick me miró como si sintiera pena por mí. —Es más del tipo "vas a estar conmigo y si te descuidas te casas también". —Me recitó la letra de alguna canción que escuché y ni recuerdo dónde y empecé a reírme.

—¡Cuñado, eres increíble! ¡Me gustó eso! —Y ya estaba teniendo una idea, pero esa fierecita no se me iba a escapar.

Ya era alrededor de medianoche cuando los celulares de los tipos sonaron todos de una vez y todos abrieron una gran sonrisa al leer sus mensajes.

—¡Mensaje de las chicas! ¡Fin de la noche, gente! —Patricio declaró todo alegre.

—¿Qué crees que estás haciendo aquí? —Me preguntó toda irritadita y me reí.

—¡Vine a buscarte, bebé! ¡Vamos a resolver nuestro asunto pendiente hoy! —Hablé y pareció irritarse más.

—No sé qué asunto pendiente. Y perdiste tu tiempo, Mel me va a dejar en casa. —Respondió y dio un paso hacia Melissa. Resolví tomar al pie de la letra lo que me dijeron los muchachos.

—¡Muy bien! —La alcancé, la agarré y la puse sobre mis hombros.

—¡Ay, Don! —Dio un gritito de susto cuando la agarré. —¡Suéltame!

—¡No va a poder ser, bebé! Hoy, soy yo quien dicta las reglas. —Hablé y empezó a debatirse, entonces le di una nalgadita y salí caminando hacia mi carro. —¡Quieta, fierecita!

—¡Gente, ayúdenme! ¡Rick! —Gritó por su hermano que se estaba riendo.

—¡El problema es tuyo, Adele! ¡Arréglatelas! —Rick respondió divertido.

La puse en el asiento del copiloto del carro y trabé la puerta para que no se saliera mientras yo daba la vuelta para entrar. Cuando me senté a su lado, la miré, con mucha seriedad.

—Presta atención, Adele, vamos a mi casa y vas a admitir de una vez por todas que eres mi novia, ¿entendiste? —Me miró como si no me reconociera.

—Pero... —Balbuceó y la confusión estaba en su rostro.

Entonces la besé, puse mis brazos alrededor de ella y la besé como si fuera a desnudarla y hacer el amor con ella ahí mismo. Cuando la solté, estaba colorada y con la respiración agitada y me miró con una pequeña sonrisa, casi como si fuera una chica tímida y dócil. No se atrevió a contradecir, no dijo nada más. Y tal vez Rick tenía razón, esa fierecita necesitaba mano firme.

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