"Leonel"
Después de que se fue el investigador, guardé esa caja desagradable en la caja fuerte, junto con las otras cartas que ya había recibido. Necesitaba pensar en qué haría con Irina, pero esa puta pagaría muy caro esta traición.
Cerré la caja fuerte y fui a la sala a llamar al inútil de Isidoro, lo encontré hablando con Ilana. Ilana... ¿será que esta chica sabía de esta historieta sórdida de la madre? No, no era posible, Ilana era una buena chica, una niña inocente, dudaba mucho que pudiera ser cómplice del comportamiento liviano de la madre. Bueno, pero tampoco creía que Irina pudiera traicionarme y ahí está, ¡mi cabeza completamente adornada! Ah, lo descubriría y si Ilana estaba sabiendo y siendo cómplice de las puterías de la madre, también se arrepentiría por haberme engañado así.
—¡Papi! —Ilana se levantó y vino hacia mí. —El abogado me está hablando sobre el proceso del apellido. Papi, no vamos a perder el nombre Lancaster, ¿verdad?
Me miraba con grandes ojos asustados y examiné bien su rostro, esa carita de ángel inocente. No era posible que hasta esta chica me hubiera engañado.
—No, querida, no vamos a perderlo. Isidoro se va a encargar, ¿verdad, Isidoro? —Miré a ese inútil.
—Es como te dije, Leonel... —Iba a empezar con las excusas, pero era realmente inservible.
—¡Dije que te vas a encargar, Isidoro! —Lo miré y resopló, pero no se atrevió a contradecirme.
—Señor, hay un delegado de policía ahí para verlo. —La gobernanta se acercó. Ya me imaginaba que esto iba a pasar.
—Que entre. —Ordené y ella se retiró y pronto regresó acompañada del delegado y dos hombres más.
—¡Buenas tardes! Soy el delegado Bonfim, estoy aquí, Sr. Leonel, por una acusación que recae en su contra. —El delegado se presentó.
—Dios mío, pero ¿qué pasó ahora? —Me hice el sorprendido y molesto.
—Hubo un intento de secuestro contra la Srta. Anabel Lancaster. —El delegado habló con aire grave y me esmeré para parecer un padre preocupado.
—¿Mi hija? ¿Está bien? —Pregunté como si realmente me importara.
—Afortunadamente sí. Pero ella lo reconoció como uno de los secuestradores. —¡Claro que me reconoció, esa ingrata!
—¡No me diga! —Fingí sorpresa y después expliqué: —Mire delegado, ando teniendo muchos problemas con mis hijos, especialmente Anabel. Tiene una condición psicológica especial, si es que me entiende.
—No, no entiendo. Lo que sé es que está pasando mucho, pude ver el movimiento en la delegación ayer, y también sé que la Srta. Anabel lo demandó judicialmente pidiendo el desconocimiento de paternidad y una medida de restricción por abusos y amenazas que usted practica contra ella. —El delegado parecía impasible. Tal vez convencerlo sería más difícil de lo que pensaba.
—Ah, ¿trabaja con el delegado Moreno? —Listo, y la idiota había ido a la misma delegación del día anterior por supuesto.
—Sí, en la misma delegación. —El delegado confirmó.
—Fíjese bien, delegado, las cosas no son como Anabel está tratando de convencer a las personas. Mi hija está enferma y necesita ayuda, pero ella no quiere aceptar eso y el hermano mucho menos, después de todo se está aprovechando de su condición para usurpar su patrimonio. Es una situación muy triste para mí como padre, delegado. —Traté de conmover a ese hombre.
—Voy a bañarme querido, no tardo, ya vengo a almorzar contigo. —Me dio la espalda y subió las escaleras.
Fui hasta la gobernanta y mandé que despidiera a todos los empleados de la casa, no quería a nadie ahí adentro. Regresé a la biblioteca y saqué del cajón que mantenía cerrado la caja de pastillas estimulantes. Irina nunca supo que tomaba esto y se impresionaba de cómo tenía energía. Hoy vería mi energía. Tomé una pastilla y fui al cuarto. Aún estaba en el baño. Trabé la puerta del cuarto y escondí bien la llave, me quité toda la ropa y me recosté en la cama esperándola. ¡Hoy esta puta iba a ser tratada como lo que era, una puta!
—¿Querido? ¡Qué susto! ¿Tú también te vas a bañar antes del almuerzo? —Me miró desconfiada, estaba usando una bata blanca y venía del clóset sosteniendo la ropa que pretendía ponerse.
—No, querida, no me voy a bañar ahora. Estoy muy estresado y necesito que mi esposa me ayude a relajarme. —Me levanté y fui hasta ella, quitándole la ropa de las manos y tirándola al suelo. Su baño había durado el tiempo exacto para que la pastilla hiciera efecto.
—¡Pero qué es esto, Leonel! ¡Esta no es la hora! —Me regañó y me reí.
—¿Y acaso hay hora, Irina? —Me reí y jalé la faja de su bata. —¿Vas a negarte a darle cariño a tu esposo? ¿Al hombre que amas? Porque me amas, ¿verdad, Irina?
—¡Pero qué es esto, Leonel! ¡Por supuesto que te amo, querido! —Me pasó la mano por la cara y fingió una sonrisa. —Pero vamos a almorzar, conversar un poco, después...
—No, querida, ya hablé mucho hoy, ahora quiero cogerme a mi mujer. —Le quité la bata del cuerpo y me miró confundida. —¡Qué linda! ¡Olorosa! Vamos, Irina, sabes lo que me gusta. ¡Arrodíllate!
Sabía que no podía decir que no, estaba culpable hasta el alma y si se negaba a satisfacerme, no tendría cómo justificarse hoy, pues había llegado de buen humor, diciendo que estaba revigorizada. Entonces tendría que cumplir con el débito conyugal. Y fue lo que hizo, se arrodilló y se comportó como una esposa que quiere satisfacer al marido. Durante esa tarde hice lo que quise con ella y por muchas horas. ¡Si tenía fuego en el trasero para conseguir un amante, entonces tendría que darle gusto al marido en casa también!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....