"Ricardo"
Entré a la casa de Patricio de la mano con Anabel y mi mamá vino corriendo y la abrazó.
—Mi querida, ¿cómo estás? —Mi mamá examinó a Anabel e hizo una mueca de disgusto cuando vio la fina marca en su cuello. —Dios mío, esto fue demasiado lejos. Ven, vamos a sentarnos.
Mi mamá salió caminando abrazada a Anabel, que trataba de asegurarle que estaba bien. Me senté en el sofá al lado de Del y solo entonces presté atención a los brazos vendados de mi hermana.
—¿Esto realmente es necesario? Pareces la Momia de Tutankamón. —Me reí y me hizo mala cara.
—Parece que volví en el tiempo y los estoy viendo llegar de la escuela despellejados por pelearse en la calle. Dios mío, ¿dónde fue que me equivoqué en tu educación, Adele? —Mi mamá miró a mi hermana con disgusto.
Adele siempre se metía en peleas en la escuela, siempre iba a pedir cuentas y pegaba más de lo que recibía. Y yo siempre llegaba con el ojo morado porque había ido a defender a mi hermana menor.
—En mi defensa necesito decir que Rick no me estaba defendiendo esta vez. —Adele le respondió a nuestra mamá llena de satisfacción.
—Querida, los chicos solo se estaban defendiendo. —Mi papá calmó a mi mamá y la hizo sentarse. —¡Hasta fue divertido!
—Átila, no los incentives a que se comporten como bárbaros. —Mi mamá regañó a mi papá.
—Elvira, ese tipo de gente no entiende de otra manera. No se puede conversar con ellos. —Melissa argumentó con mi mamá y tenía razón. Entonces me miró. —¡Pero tenía muchas ganas de ver la cara de esa Irina frente a ti, Rick!
—Con todo lo que pasó nos olvidamos de que no debería verme hasta que Leonel hiciera el descubrimiento. Pero yo también quería ver su cara, Mel. Se habría desesperado. Imagínate. Pero justo cuando salimos ya no estaba ahí.
—Irina es lista. Debe haberte visto, Rick, porque de la nada salió corriendo de la delegación. Pero creo que fue mejor, después de todo mi estimado padre aún no debe haber investigado la denuncia de las cartas. Solo que, si te vio, debe estar loca ahora pensando si sabes quién es. Creo que no va a dormir esta noche. —Don comentó y tenía razón, fue mejor no toparme con Irina ahora.
—Sostén esto, Rick, va a ayudar a que no se hinche mucho. Creo que voy a llamar al Dr. Molina para que te eche un vistazo. No estás acostumbrado a pelear. —Lisa vino con una compresa de hielo y me la puso en el ojo.
—No hace falta, linda. Estoy bien, tampoco soy un debilucho. —Me reí de su preocupación y me moví para sacar el celular que sonaba en mi bolsillo. —Creo que Irina ya está tratando de averiguar algo, es el corredor que vendió mi casa. —Señalé el celular y contesté la llamada en altavoz. —Gaspar, buenas noches. ¡Qué sorpresa!
—¿Cómo estás, Rick? Supe que compraste esa casa. —Gaspar habló en el tono de bon vivant que era tan característico de él.
—Sí, la compré. La casa es perfecta, no pude resistirme. —Sonreí y miré a Anabel.
—¡Qué bueno! Espero que seas muy feliz en la casa nueva. —Hizo una pausa y entonces entró en el tema que ya me imaginaba. —Rick, ¿te acuerdas de la pareja que compró tu antigua casa?
—Claro. ¿Por qué? —Esperé a que me dijera el motivo de la llamada, pero estaba siendo cauteloso.
—¿Sabes quién es ella? —Gaspar me estaba sondeando, obviamente a petición de Irina.
—No, Gaspar, no sé. ¿Debería saber? —Me hice el tonto.
—¡Ustedes son el mismísimo avispero! —Flavio entró en ese momento, pareciendo muy cansado.
—¿Tu día estuvo muy lleno, delegado? —Le dije molestándolo, sabiendo que habíamos hecho su día muy difícil con el alboroto que armamos a la salida.
—¡Ni se imaginan! —Flavio se sentó al lado de Manu después de darle un beso a su esposa. —Por mí habrían salido de la delegación escoltados, pero la loca fue hasta mi oficina y me convenció de dejar que Anabel enfrentara al padre. Sinceramente, valió la pena solo por ver la cachetada que le diste, Ana, eso debió doler.
—Al menos me dolió la mano. —Ana comentó, pero sabía que no se estaba sintiendo bien con aquello, haberle pegado a su propio padre traspasó sus límites y mucho.
—¡Se merecía algo peor! Las cosas que ese hombre te dijo... mis hombres suplicaron para acabar con él. —Flavio movió la cabeza. —Y también apostaron que le ibas a romper la cara, Rick. Pero como te conozco, gané la apuesta. —Flavio sacó un fajo de billetes del bolsillo y lo agitó con satisfacción.
—Pero si mi papá no hubiera estado ahí, habrías perdido. —Comenté, todavía molesto por las cosas que dijo ese hombre despreciable.
—Bueno, solo les voy a dar una advertencia a todos ustedes, aquello fue totalmente contra las reglas y no podía haber pasado, mis policías deberían haber impedido esa confusión, pero, como la loca me convence de las cosas, dejé que pasara. Solo que no pueden usar nada de eso contra él y si son cuestionados van a negar hasta la muerte. —Flavio nos alertó y obviamente todos entendimos el mensaje.
—Ahora, la pregunta del millón. —Patricio se frotó las manos. —Sobre todo porque ya es el chisme del año en el medio empresarial que Leonel fue depuesto. ¿Cómo fueron las cosas en la empresa hoy?
—¡Ay, ni se imaginan lo divertido que fue! —Don se rió y empezó a contar, con la ayuda de mi papá, sobre todo lo que había pasado en la empresa.
Pero mi atención estaba completamente en Anabel, parecía triste y hasta un poco apática. Toda esa situación era incómoda y trágica para ella. No sabía cómo consolarla, pero ya estaba deseando que esa guerra terminara pronto para que pudiera volver a estar tranquila y alegre como era cuando la conocí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....