"Leonel"
No estaba nada contento de tener que esperar ahí en recepción, sin saber qué estaba pasando con Ilana, ¡pobrecita! Pero, al menos en recepción podría agarrar a Anabel tan pronto como pusiera un pie afuera. ¡Ah, pero se iba a arrepentir por haberme desafiado!
—¡Leonel, espero que ese abogado tuyo salga de ahí adentro con mi hija! —Irina estaba sentada a mi lado y no había parado de quejarse ni por un minuto, ya estaba perdiendo la paciencia.
—Irina... —Traté de hablar, pero ella no estaba dispuesta a escuchar.
—Te estoy avisando, Leonel, si mi hija es arrestada por culpa de esa inútil de Anabel la voy a encontrar, Leonel, aunque sea en el infierno, ¡y la voy a encerrar en ese sótano y castigarla por el resto de su vida inútil! —Irina estaba hecha una fiera, hasta la entendía, pero bien podría callarse.
—¡Ya basta, Irina! —Mi paciencia se había agotado. —Haz una cosa, vete a casa y espérame ahí. Yo resuelvo por aquí y te garantizo que voy a llevar a Ilana a casa y arreglar lo de Anabel de una vez por todas.
—¡No me voy a casa! ¡No salgo de aquí sin mi hija! —Pateó el suelo y respiré profundo para no meterla a la fuerza en la cajuela del carro.
—Irina, fíjate bien, estoy teniendo un día de mierda... —Pero ni pude completar lo que iba a decir.
—¿Tu día está malo, Leonel? —Átila Fontes entró a la delegación y por lo visto dispuesto a provocarme. Se paró frente a mí, con una postura altiva y llena de confianza. —Te voy a contar una cosa, nada es tan malo que no pueda empeorar y creo que aún tendrás días mucho peores. ¡Hoy fue solo el comienzo!
—¡Canalla! ¡Todo esto es culpa tuya! Pero escucha bien, Átila, te voy a acabar, voy a atacar todo lo que más amas y ni te vas a dar cuenta cuando llegue. —Lo amenacé, pero ese imbécil se quedó riéndose de mí. ¿Quién se creía que era? Traté de destruirlo una vez, pero lo hice todo mal, ataqué su reputación que era sólida, cuando debería haber atacado su punto débil, la familia.
—¡No te atrevas, Leonel, a levantar ni tu dedo meñique contra mi familia! —Me avisó con un tono amenazador. —Te conozco, gusano, conozco tus métodos execrables, pero te estoy avisando, ¡no intentes nada contra mi familia! —Habló despacio y casi gruñendo en mi cara.
—¡Pues entonces, no te metas con la mía! ¡Sal de mi camino, Átila, que yo salgo del tuyo! —Le avisé.
—¿Ah, quieres que salga de tu camino? Entonces deja en paz a Anabel y Donaldo. —Pero Átila había perdido la razón, ¿qué pretendía poniendo a mis dos hijos bajo sus alas?
—Anabel y Donaldo son mis hijos, Átila, no te metas en eso. Hago con mis hijos lo que se me dé la gana.
—¡No lo haces, Leonel! No lo haces porque ahora son míos, ¡son de mi familia ahora! Y los voy a proteger, ¡principalmente a Anabel! ¡No la vas a tocar!
—¡Estás loco, Átila! ¡Solo estás usando a mis hijos para atacarme!
—¡Yo no necesito usar a las personas, Leonel! ¡No soy un usurpador como tú! Tú y tu calaña, que como sanguijuelas viven quitándoles a otros para su conveniencia.
—¿Y quién te crees que eres para darme lecciones de moral? ¿Eh? ¡No eres nadie, Átila!
—¡Leonel, voy a esperar en el carro! —Irina habló de repente y salió apurada, pareciendo medio abatida.
Seguramente mi esposa no tenía estómago para lidiar con esa manada de leones. ¡Pobrecita, tan sensible! Estaba preocupada por su hija y esos malditos la estaban perturbando aún más. Era mejor que me esperara en el carro. Pero ni pude acompañarla, salió tan rápido y yo estaba aún en shock viendo a esa chica que estaba con Donaldo interactuar con Átila. ¡Pero era el fin del mundo! Mi hijo se metió con la hija de uno de mis enemigos.
—Papá, ¿para qué viniste? —Escuché la voz de un hombre dirigiéndose a Átila y cuando me volteé me di cuenta de que estaba de la mano con Anabel.
—¡Estaba preocupado por las chicas! Anabel, ¿cómo estás? —Átila habló, pero mis ojos estaban fijos en Anabel de la mano con el que parecía ser el hijo de Átila.
—Estoy bien Átila, fue un susto, pero no logró lastimarme, ¡gracias al guardia y a Adele que me defendió! —Anabel le dio una sonrisa tierna y todo mi control se desvaneció.
—¡Vagabunda, hija de puta, ordinaria! —Fui sobre Anabel y la agarré del brazo. —¡Vienes conmigo ahora, perra del infierno! —Traté de jalarla, pero ella jaló el brazo de vuelta.
—¡SUÉLTAME, LEONEL! —Anabel gritó y Donaldo y el joven que sostenía su mano se pusieron a su lado.
No bajó los ojos hacia mí como siempre hacía, sumisa y obediente. Me enfrentó, me miraba como si yo fuera el mismísimo demonio. Bueno, tal vez lo fuera, pero si yo era el demonio, entonces era el rey del infierno y podría hacer lo que quisiera. Y me llevaría a esa inútil a casa y le daría el castigo que se merecía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....