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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 873

"Anabel"

Estaba impactada viendo a Ilana y Del agarradas en el suelo. Una le jalaba el cabello a la otra y estaban en un ciclo vicioso disputando quién decía más la expresión "es mío". Solo que Del fue astuta y se volteó sobre Ilana, sentándose sobre ella Del le dio dos bofetadas que sonaron y seguramente dejaron marcado el rostro de Ilana.

Pero Ilana clavó las uñas en la parte alta de los brazos de Del y volteándose las dos, dejó a Del debajo de ella. Ilana bajó las uñas, arañando los brazos de mi cuñada, dejando el rastro de cuatro uñas en toda la extensión de los brazos de Del que sangraron.

—¡Ah, no! ¿Quién se cree que es esta cualquiera? —Melissa se molestó y se agachó y agarró los cabellos de Ilana, quitándola de encima de Del y llevándola y presionándola de frente contra la pared de la casa.

Corrí hasta Del y la ayudé a levantarse. Estaba sucia, despeinada y los arañazos en los brazos sangraban.

—¡Aaaaayyy! —Ilana gritó. Mel restregó la cara de Ilana contra los ladrillos aparentes de la casa y las marcas y arañazos indicaban que eso realmente debió doler.

—Presta atención, cualquiera, porque hoy solo te voy a dar una advertencia, pero la próxima vez hago trabajo completo. No te acerques a ninguna de nosotras y no te atrevas a tocar a Donaldo, él es de Del, ¡ya te avisó! —Melissa hablaba entre dientes muy cerca del oído de Ilana.

—¡Ay, hombre, la loca llegó antes que yo! —Flavio apareció y por su cara estaba encontrando divertida la escena. —¿Puedo agarrar a la delincuente ahora, Mel?

—Todavía no, delegado, ¡todavía estoy dando el mensaje! —Melissa habló y sacudió a Ilana, volteando su cara hacia ella y haciendo que se estrellara contra la pared otra vez con fuerza.

—¡Aaayy! ¡Alguien quiten a esta psicópata de encima! —Ilana estaba tratando de gritar mientras lloraba.

—¡Ay qué linda! ¡Ya sabe quién soy! —Melissa puso una cara tierna y satisfecha y no pude evitar empezar a reírme. —Presta atención y puedes avisarle a tu mami también, nadie se mete con los amigos de Melissa Lascuran, entonces nadie se mete con Anabel, ni con Adele, ni con Donaldo. ¿Entendiste, cualquiera? —Ilana gimoteó y Mel golpeó su cabeza contra la pared de nuevo. —¿Entendiste?

—¡Entendí! ¡Entendí! —Ilana estaba toda roja y Melissa le hizo señas a Flavio.

—¡Ahora la cualquiera es tuya, delegado! —Melissa habló como si nada hubiera pasado.

—Renatinha, esposa a la cualquiera. —Flavio le dijo a la policía que lo acompañaba, riéndose mucho.

—¿Puedo cachearla, jefe? A ver si tiene otra navaja escondida, ya sabes. —La tal Renatinha pidió y Flavio estuvo de acuerdo.

Renatinha sacó un par de guantes de látex del bolsillo del pantalón y se los puso, después esposó a Ilana y la aventó contra la pared. Los manotazos que le dio a Ilana mientras la cacheaba parecían más dolorosos que los golpes que Mel hizo que Ilana se diera contra la pared de la casa.

—¡Policías corruptos! ¡Yo soy la víctima aquí! —Ilana gritaba y Flavio se acercó.

—Cállate, hija. Te voy a acusar por tentativa de homicidio, agresión, lesiones corporales, invasión de propiedad y puedo empeorar mucho tu vida si sigues gritando. Y mira, tengo el arma del crimen con tus huellas digitales, las chicas lastimadas y testigos. Sigue haciendo escándalo que te acuso por desacato y resistencia al arresto también. —Flavio habló con la mano apoyada en la pared, su mirada era intimidante e Ilana se calló. —Puedes llevártela, Renatinha.

—¡Ana! ¡Ana! ¡Ay, gracias a Dios que estás bien! —Rick llegó corriendo y me abrazó. —¿Cómo entró aquí?

—Señor, hay una falla de seguridad en el muro, lo verifiqué. Por cierto, revisé los alrededores y hay muchas fallas de seguridad. —El guardia habló y Rick me apretó más contra él.

—Douglas, ¿puedes hacerme un reporte sobre eso? —Rick pidió y Douglas estuvo de acuerdo. —Y hasta que arregle todo ninguna de ustedes viene aquí más.

—¡Aaaah, no, Rick! —Todas nos quejamos juntas, estábamos emocionadas y llenas de planes.

—¡No va a haber forma, Rick! —Alessandro habló. —Voy a mandar un equipo de guardias para acá, así podemos estar tranquilos.

—Corazón, Douglas actuó correctamente. Ilana me sorprendió, salió de entre esos arbustos y me jaló. —Traté de calmarlo, pero estaba irritado de una forma que aún no había visto.

—Mañana mismo voy a mandar quitar esa cerca viva, quiero césped, liso, bajo y que no sirva para que nadie se esconda. —Parecía un general hablándole a su tropa, lleno de determinación.

—Bueno, entonces, ahora, ¡todos a la delegación! —Flavio orientó. —Don, los espero a ti y a Del allá.

—¡Y ustedes me garantizaron que estarían seguras, ahora vamos camino a la delegación! —Rick se lamentó y me reí. —No te rías, chica bonita, nunca manejé tan rápido y nunca estuve tan preocupado.

—¡Corazón, estoy bien! ¡Mira! —Me paré frente a él y dejé que me examinara. Entonces sentí la punta de su dedo trazar una línea en mi garganta, en el lugar exacto donde Ilana puso la navaja.

—¡Pudo haberte matado, Ana! Mira, veo la marca de la hoja aquí. —Su voz tembló, sostuvo mi nuca y puso su frente contra la mía. —Creo que necesitas más de un guardia.

—¡Rick, qué exagerado! —Sostuve su cara entre las manos tratando de calmarlo.

—¡No es exagerado! Tu padre es un cretino y se juntó con dos mujeres que no valen nada. No podemos minimizar la amenaza, Anabel.

—No estoy minimizando, pero Douglas actuó bien y estaba atento. Es suficiente, al menos por ahora. —Argumenté, pero veía la preocupación en sus ojos.

—¡No, no es suficiente! —Alessandro se acercó. —Mi experiencia me dice que, ahora que fueron acorralados, se van a volver locos y van a atacar por todos lados. Vamos a reforzar la seguridad de todas ustedes.

La queja fue general, a las chicas les gustaba menos que a mí tener un guardia y por lo que pude entender esos hombres se volvían locos cuando se trataba de seguridad y ponían un verdadero ejército rodeando a sus mujeres. Al final de cuentas, no servía de nada quejarse, armarían la seguridad de la manera que quisieran y nosotras tendríamos que adaptarnos.

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