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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 856

"Anabel"

Estaba cansada de andar de un lado a otro sin nada útil que hacer. Esta situación necesitaba resolverse pronto para que pudiera volver a trabajar y hacer mis cosas. Pero ya que tenía tiempo, tal vez podría preparar algo especial para Rick, pero le prometí que no saldría sola y no rompería mi promesa, entonces encontraría compañía.

—Hola, Mel, dijiste que podría llamar... —Expliqué medio apenada en cuanto contestó el teléfono.

—¡Cuando quieras, Ana! —Parecía feliz de atenderme. —Iba a llamarte para saber cómo estás.

—¡Ay, Mel, estoy aburrida! —Dije de una vez, realmente me estaba poniendo hasta depresiva.

—¿Qué te parece almorzar conmigo hoy? —Sugirió y sentí una alegría casi infantil creciendo en mí.

—¿En serio? ¡Me va a encantar! —Ya estaba ansiosa.

—Paso a recogerte al mediodía. Podemos conversar y te voy a llevar a conocer mi trabajo, así no estás tan sola. —Melissa tenía una sensibilidad que me sorprendía.

A lo largo de la vida siempre escuché decir lo fuerte y determinada que era y se ganó fama de estar medio loca después de que le dio una paliza a una niña de papá zorra que se le insinuó a su padre. Pero yo quería mucho ser como Melissa, que sabe su lugar en el mundo y no se intimida, una mujer fuerte y decidida.

Nos despedimos y fui a arreglarme. Al mediodía estaba ahí, con una sonrisa amigable y los brazos abiertos.

—¡Ay, Mel, a partir de ahora eres la persona que más amo en el mundo! —La abracé y se rió.

—¡Una más para mi club de fans! —Bromeó y asentí. —Anda, vamos a respirar un poco, estar encerrada aquí debe ser enloquecedor.

—Sí lo es. Entiendo que es para mi seguridad, pero me siento claustrofóbica. —Expliqué mientras caminábamos hasta la cochera y entonces me di cuenta de algo que me preocupó. —El portero no me llamó por interfón para avisar que habías llegado. Ay, Dios mío, ¿será que este edificio no es tan seguro?

—Relájate, Ana. Estoy en la lista de visitantes preaprobados y Alessandro autorizó mi entrada a la cochera. Nadie entra a esta fortaleza sin ser identificado y sin autorización del residente o propietario. Estás segura aquí. —Explicó y respiré aliviada. —Entonces, ¿qué quieres hacer?

—Mel, pensé en hacerle una sorpresita a Rick y como las chicas contaron que eres especialista en eso, pensé en pedirte ayuda. —Dije cuando entramos al carro.

—Ya vi todo, ¡otra discípula más! —Se rió. —Vamos a esmerarnos en esa sorpresa porque Rick, querida, ¡se lo merece mucho!

—¡Ay, es increíble, ¿no?! —Suspiré de amores por mi Rick.

—Lo es, un buen tipo. No se merecía todo lo que pasó. —Estaba de acuerdo con Melissa.

—Mel, ¿cómo hacemos para ser como tú? —Pregunté medio apenada.

—¿Cómo? ¿Loca? —Se carcajeó.

—¡No! —Me reí de su gracia. —Fuerte, decidida, bien resuelta, empoderada.

—Ah, Ana, soy el resultado de un ambiente familiar amoroso que me dio confianza suficiente para ser quien quisiera. Creo que es eso. —Me miró de reojo. —Pero sabes, puedes decidir ser así, fuerte, decidida, bien resuelta, empoderada. Solo necesitas creer más en ti, amarte y saber lo que quieres y construirte.

—¿Me ayudas, Mel? A veces tengo muchas neurosis y me asusto fácil y me pierdo. —No lograba explicarle el tamaño de mi inseguridad, pero pareció entender.

—Anabel, mírame. —Se detuvo en un semáforo y me miró fijamente. —Fuiste criada por un hombre abusivo y diste tu grito de libertad e independencia. ¡Eres una mujer fuerte, solo necesitas creer un poco más en ti misma!

—Melissa, por favor, suelta a la chica. —Uno de los guardias se acercó y pidió. Melissa lo miró y se rió y entonces soltó a Ilana.

—Pablo, ya sabes, fue esta putita la que empezó. —Melissa se rió y pensé en cuántas situaciones se habría metido en el centro comercial para conocer al guardia.

—Ay, Melissa, me metes en cada problema. —El guardia se rió e hizo señal a los otros. —Señorita, mis colegas la van a acompañar afuera. En este centro comercial no toleramos alborotos y menos aún comportamientos agresivos.

—¡Pero, señor, fue ella quien me agredió! —Ilana puso cara de pobrecita, casi llorando, esa falsa.

—Estoy seguro de que eso no va a ser lo que voy a ver en las cámaras de seguridad. —El guardia la miró y no se dejó convencer. —Pueden llevársela y asegúrense de que salga de las instalaciones del centro comercial.

Observé a dos guardias escoltando a Ilana hacia afuera mientras gritaba y pateaba, quería reírme, si no fuera porque recordé que mi padre podría estar en camino.

—Mel, ya debe estar viniendo, tengo que irme. —Estaba nerviosa y preocupada.

—Pablo, ¿puedes acompañarnos hasta el estacionamiento? Tenemos una alerta aquí. —Melissa habló y era como si mandara a esos guardias, pues hacían lo que ella quería.

—Claro, Mel. Yo mismo las llevo. —El guardia sonrió y fuimos caminando hasta el estacionamiento. Ahí se despidió y salimos del centro comercial con seguridad.

—¡Gracias, Mel! Pero tengo curiosidad. —Miré a Melissa que tenía una sonrisa en la cara.

—El desarrollo del centro comercial es de mi papá, él es el que manda aquí. Y a Pablo lo conozco desde hace mucho, también conoce a Sam y Manu, ellas trabajaron aquí. —Melissa explicó y respiré aliviada por todavía estar segura.

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