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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 841

"Anabel"

Ya estaba cansada de mirar las paredes cuando el mensaje de Rick llegó a mi celular diciendo que Melissa, Lisandra, Samantha, Manuela y probablemente Catarina, vendrían a conversar conmigo y me animé con eso, evitaría que me quedara pensando en cómo mi padre me castigaría esta vez.

Las chicas no tardaron en llegar y, como Rick predijo, Catarina también estaba con el grupo. Llegaron animadas, con grandes sonrisas y una caja con bollitos de chocolate.

—Y bueno, Anabel, ¿cómo estás? —Melissa parecía la líder del grupo, quien organizaba, capitaneaba y distribuía tareas.

—Bien, Melissa. ¿Y ustedes?

—¡Preocupadas por ti! —Catarina se detuvo frente a mí y me evaluó. —Por las ojeras, tuviste una noche difícil.

—No, Rick no permitió que la noche fuera difícil. —Sonreí.

—Puede que sea, pero tu día está pésimo, ¿eh? Mira el asesinato de la moda, gente. ¿Qué es esto? Caben como tres de ti dentro de esa ropa. —Samantha se acercó riéndose. —No, necesitamos arreglar esto.

—Tengo miedo de ir a casa y que mi padre aparezca por ahí. Está... irritado. —Suspiré.

—Sí, estamos enteradas. ¿Crees que haría algo contigo solo por un video en internet? —Lisandra preguntó. Las chicas se fueron sentando y me jalaron al sofá.

—Siempre lo hace. Hace dos años encontré a esa mujer en un salón de belleza, entonces, al día siguiente el video estaba en la red, viralizando de nuevo. Fue hasta mi apartamento y la cosa se puso fea.

—¿Quieres contarnos sobre eso? —Manuela preguntó con voz suave.

—Me pegó. Un ojo morado, marcas de cinturón en la espalda y en las piernas, algunos rasguños. Usa la hebilla del cinturón para causar más dolor. —Di una risa corta y sin gracia. Ya estaba llorando, recordando el miedo y el horror que sentí ese día. —Después me encerró en el apartamento. Dijo que si gritaba me mandaría a un sanatorio en el exterior. Quitó el teléfono fijo, el celular y el intercomunicador del apartamento. Me quedé treinta días encerrada en mi propia casa y sin poder pedir ayuda.

—¿Pero tu hermano no hizo nada? ¿Deja que tu padre te trate así? —Lisandra me miraba y vi el horror que sintió.

—Le dijo a mi hermano que había viajado, que estaría un tiempo fuera hasta que olvidaran el video. Y le pagó al portero para confirmar la historia. Y ese portero aún trabaja ahí y vive vigilándome y contándole todo a mi padre. —Lamenté.

—Necesitas mudarte de ahí. —Samantha comentó.

—Ya lo pensé. Pero a cualquier lugar que vaya va a hacer lo mismo. Va a encontrar a alguien que pueda comprar para vigilarme y confirmar sus mentiras.

—¿Siempre te pegó? —Melissa quiso saber.

—Comenzó después de que mi madre murió y se casó con esa mujer. Antes ignoraba mi existencia. —Respiré profundo. —Tal vez porque descontaba sus frustraciones en mi madre. Le pegaba, no era frente a nosotros, pero yo veía las contusiones. Siempre estaba en pantalones y mangas largas, cuellos altos y mucho maquillaje.

—Entonces sabes eso. —Melissa habló y la miré curiosa, se dio cuenta y explicó. —El padre de Rick, él sabe que tu padre agredía a tu madre. Trató de ayudarla una vez, pero ella no quiso presentar denuncia.

—¡Ahora todas queremos abrazo, porque todas te creemos! —Catarina habló y las chicas se cerraron a mi alrededor acogiéndome en un gran abrazo. Me sentí acogida y protegida por primera vez en la vida.

—Ahora para de llorar, porque vamos a arreglar este asesinato de la moda. —Samantha sonrió y miré la ropa de Rick en mi cuerpo, demasiado grande.

—No estás pensando en cortar, ¿verdad? Esta ropa es de Rick. —Comenté sorbiendo por la nariz.

—Y debe quedarle guapísimo, porque todo lo que se pone ese hombre le queda divino, pero en ti, disculpa, pero te hace parecer una vagabunda. —Lisandra habló arrancando carcajadas de todas, incluyéndome a mí.

—¡Ay, es demasiado hermoso! —Ya estaba suspirando por mi novio. —Pero chicas, ¿creen que es seguro ir a casa?

—¡Mi amor, vamos al centro comercial! —Melissa se rio. —Nos vamos a divertir, nos vamos a mimar y relajar, Ana. Y tu padre no va a tocar ni un cabello tuyo, eso te lo garantizo. Y por el camino vamos conversando.

Samantha me hizo pararme y le hizo un nudo a la camiseta en mi cintura, dobló la pretina del pantalón, me soltó el cabello y me pasó un poco de brillo en la boca.

—Sí, querida, tu padre es un monstruo, pero qué genética maravillosa heredaste, porque estás vestida como una vagabunda, pero eres la vagabunda más linda que he visto. —Samantha me encaró con admiración y me reí.

Salimos de la casa y le envié un mensaje a Rick avisando que estaba saliendo al centro comercial con las chicas. Por el resto del día me distrajeron y me hicieron sentir feliz y protegida, incluida en ese grupo tan diferente y donde el amor y la amistad era un lazo demasiado fuerte e inquebrantable.

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