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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 822

"Anabel"

Pasé la mitad de la noche despierta pensando en Rick. ¿Qué tenía ese hombre que me dejaba así, tan fascinada por él? Era guapo, pero era mucho más que eso, era algo que no sabía explicar, algo como un magnetismo. Solo esperaba que él quisiera terminar lo que empezamos tanto como yo.

Pero ahora ya tenía dudas de si estar con él apenas una vez sería suficiente para seguir adelante. Sus besos, la forma como me tomó, la manera que me miraba y la forma como sus manos se deslizaban por mi cuerpo, todo eso fue abrasador, pero fue como si él fuera grabando su huella bajo mi piel. Sacar a este hombre de mi cabeza sería una misión casi imposible, pero él, por otro lado, tal vez ni me llamaría y desaparecería otra vez.

Y a medida que pasó el día y no supe noticias de él, fui teniendo la certeza de que no me buscaría de nuevo. Estaba distraída y descuidé mi trabajo, al punto de que mi padre entró a la oficina resoplando.

—Anabel, ¿dónde está la proyección de costos que te pedí? —Mi padre parecía irritado, pero siempre era malhumorado, no me daba tregua y decía que no me consentiría por ser su hija.

—¡Está casi lista, papá! —Respondí, sin incomodarme con su voz alterada.

—¡Pero era para ayer! —Resopló.

—No, es para pasado mañana, pero te la voy a entregar mañana.

—¿Mañana? ¿Solo mañana?

—Sí, porque estoy cansada, con dolor de cabeza, el horario terminó y me voy a casa.

—¿Te vas a casa? Anabel, esa no es la postura de una persona que va a heredar este negocio. —Y listo, empezaría el discurso del empresario que es el primero en llegar y el último en salir y que trabaja hasta el agotamiento.

—¿Algún problema aquí? —Mi hermano mayor, Donaldo, entró a la oficina.

—Tu hermana que se quiere ir a casa antes de terminar la... —Pero mi hermano interrumpió a mi padre.

—Papá, Anabel necesita descanso. Andas siendo muy duro con ella. —Mi hermano siempre me defendía y me cubría. Tal vez me apoyara hasta en exceso.

—Ah, se me olvidó que ustedes son uña y mugre. —Mi padre se quejó. —Está bien, Anabel, pero quiero esa planilla en mi escritorio mañana antes del fin del día.

—La tendrás, papá. —Salió de la oficina inconforme y mi hermano se volteó hacia mí.

—¿Está todo bien? —Mi hermano examinó mi rostro.

—¿Después de qué? —Mis ojos se prendieron en los suyos esperando la respuesta.

—Después de que haga contigo todo lo que estoy pensando. —Levantó la mano y quitó la pinza que mantenía mi cabello recogido en un moño flojo, haciéndolo caer enmarcando mi rostro. ¡Quería mucho descubrir qué estaba pensando!

Lo tomé por la corbata y lo jalé hacia adentro, cerrando la puerta de un golpe y empujándolo contra ella, me colgué de su cuello y ataqué su boca. ¡Ay, cómo era de bueno su beso! Caliente y hambriento, como si quisiera más y más.

Puso las manos en la parte de atrás de mis muslos, sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo a partir de ahí, y me jaló a su regazo, sujetándome ahí mientras reclamaba mi boca. Mis dedos estaban enredados en el cabello de su nuca y lo jalaba hacia mí, como si aún hubiera alguna distancia.

Entonces nos volteó y me dejó atrapada entre la puerta y su cuerpo fuerte. Pasé mis piernas alrededor de su cintura y me sostuvo ahí, mientras nos besábamos, como si necesitáramos aquello para respirar. Pero en realidad, ese beso nos estaba robando el aliento.

—¿Tu cuarto...? —Se alejó de mi boca apenas un milímetro y tomó aire mientras preguntaba, pero estaba demasiado ansiosa para esperar que formulara la frase completa.

—Última puerta en el pasillo. —Respondí sintiendo mi corazón dispararse aún más, la sangre caliente latir en mi cuerpo y mi sexo ponerse húmedo y aún más necesitado.

Caminó a pasos largos conmigo en su regazo, como si no pesara nada y se acostó conmigo en la cama. Entre los besos más insanos y calientes que había recibido en la vida, sentí sus manos subir por mi cuerpo. Lo quería de una manera que nunca había sentido antes, con una urgencia y una necesidad primitiva y casi vital.

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