"Lisandra"
El fin de semana en el haras fueron los últimos días de paz y tranquilidad antes de la boda. La semana transcurrió agitada, con miles de preparativos y la familia volviéndome loca. Ya estaba en el punto en que solo pensaba en casarme pronto para que toda esta locura pasara o que tal vez deberíamos escaparnos y casarnos en secreto en cualquier registro civil, solo Patricio y yo.
Melissa se puso eufórica cuando le envié la foto del lugar donde quería casarme y le hablé sobre mi idea. Le pareció el lugar perfecto y ya estaba llena de planes. Era audaz y me gustó lo que sugirió, y juntas planeamos algo que hasta me dio miedo no poder realizar en cinco días, pues ese era el plazo que tendríamos. Pero Melissa ni se inmutó, estaba segura de que todo saldría perfecto.
Pero, de todo, lo que más me puso nerviosa fue el vestido. Había elegido un modelo en tul y satén, todo cubierto de lentejuelas brillantes, con tirantes finos y escote cuadrado. La falda era pomposa y exuberante, voluminosa y con una cola larga. Parecía sencillo, pero bajo la luz la tela brillaría como si estuviera salpicada por millones de estrellas. Sin embargo, no estaba listo y solo podía rezar y confiar en que diera tiempo.
Con la agitación de los preparativos de la boda y la familia cerca, Patricio y yo casi no tuvimos tiempo de estar juntos. Mis hermanos inventaron una despedida de soltero, que por lo que entendí se resumía a whisky, puros y póker, y las chicas y yo estábamos demasiado ocupadas yendo y viniendo del haras con los preparativos.
El viernes estaba de pie observando los muebles llegar y ser descargados del camión. El montaje de la boda estaba comenzando y yo era un pozo de ansiedad.
—Tu vestido solo estará listo mañana. —Melissa se detuvo a mi lado con la carpeta en la mano.
—¿Será que dará tiempo, Mel? —Estaba angustiada.
—No te preocupes, tengo un plan B. Pero ahora ven conmigo.
Salí caminando al lado de Melissa, sintiendo la ansiedad crecer así como la nostalgia que estaba sintiendo por Patricio. No lo veía hacía dos días y solo lo vería en la boda. Melissa me llevó por un sendero que daba la vuelta a la casa y caminamos hacia el cenador que quedaba a medio camino entre la casa y la entrada.
Cuando llegamos al cenador levanté mi cabeza y vi a Patricio parado ahí, con una sonrisa hermosa en el rostro y una caja de dulces en las manos. La sonrisa surgió en mi rostro, ¡cómo lo extrañaba!
—Te voy a dejar escaparte un rato, pero solo porque este tonto prometió traerte de vuelta hasta la medianoche. —Melissa sonrió y le di un gran abrazo.
—¿Pero y la fiestita que organizaron? —Pregunté, pues no quería frustrar a las chicas, ellas estaban preparando una fiestita con juegos y otras cosas para esta noche.
—Nosotras la vamos a disfrutar muy bien y no te queremos con cara de funeral. Sé que lo extrañas, sé que la semana fue imposible. Así que ve, ve a estar un rato con tu novio y yo voy a mantener a las madres bien ocupadas. Pero presta atención, Cenicienta, ¡tienes que estar aquí a la medianoche! —Melissa, más que nunca, me pareció un hada madrina. Se dio la vuelta y regresó a la casa.
—¿Qué tienes en las manos? —Le pregunté a Patricio antes de acercarme.
—Casualmente son tus dulces favoritos. —Me extendió la caja, pero yo salté a su cuello y él casi perdió el equilibrio. —¡Te extrañé!
—¡Yo también!
Salimos de ahí y fuimos a mi antiguo apartamento. Le había devuelto la llave a Manu, pero Patricio aún tenía su copia y sabíamos que nadie nos buscaría ahí. Pasamos las horas siguientes abrazados y conversando, solo aliviando la nostalgia que la carrera de esa semana nos causó. Pero a la medianoche en punto me dejó en el haras, nuevamente al cuidado de Melissa.
Al día siguiente, las chicas me esperaban para un desayuno con los juegos que deberían haberse hecho la noche anterior y los clásicos regalos de la despedida de soltera. Después, entre un preparativo y una foto, iba viendo la decoración tomar forma y estaba quedando realmente hermosa.
Faltaba apenas una hora para la boda, ya eran las seis de la tarde y estaba en bata, maquillada y peinada esperando el vestido que no llegaba, caminando de un lado para otro en el cuarto bajo la mirada atenta de mi madre que me decía que me calmara. Melissa entró abruptamente cargando una enorme funda.
—¡Llegó! —Melissa anunció alegremente.
Colgó el gancho y abrió la funda, sacando de ahí mi vestido. Era aún más hermoso de lo que esperaba. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Estaba tan emocionada que ni sabía si lograría decir algo. Melissa y mi madre me ayudaron a vestirme y cuando me miré en el espejo tuve la certeza de que era el vestido perfecto. Me abrazaron y me dijeron que esperara y salieron juntas del cuarto. No tardaron en entrar mis hermanos, acompañados de sus esposas. Cuando me vieron los dos se emocionaron.
Mis hermanos y mi cuñada salieron y él entró con esa sonrisa amigable y el rostro calmado de siempre.
—Querida, todo se acomodó como tenía que ser. —El tío Orlando sonrió y me abrazó. —Mira, yo solo diseño joyas para Manu, pero abrí una excepción, porque te convertiste como en una hija para mí. Entonces, te traje un regalo. Melissa me ayudó y garantizó que te iba a gustar.
Abrió la caja que tenía en las manos y ahí dentro había un accesorio para la cabeza y entendí por qué Melissa insistió en que no usara nada en la cabeza. Era como un peine, se encajaba perfectamente en mi peinado semi recogido y se sujetaba en los costados de la cabeza. Era todo en oro blanco y diamantes, que formaban pequeñas flores y hojas. Era hermoso y perfecto. Melissa apareció con el peluquero que puso el accesorio en su lugar y estaba hermoso.
Salieron y pronto mi papá apareció y tan pronto como puso los ojos en mí comenzó a llorar. Me abrazó emocionado.
—¡Hija hermosa de mi corazón! La emoción que siento ahora es casi la misma que sentí cuando llegaste al mundo. —Mi papá hizo que mis ojos se desbordaran.
—¡Papá! Gracias por haber sido mi guardián. —Estaba tan emocionada como él.
—¡Mi ángel! Siempre seré tu guardián, ¡siempre serás mi niñita! —Me dio un beso amoroso en mi rostro. —Te traje esto. Tú sabes lo que es.
Tomé la caja con las manos temblorosas. Era una niña de máximo siete años cuando vi aquello por primera vez y me encantó. Después siempre soñé que un día sería mío.
—¿Me lo vas a dar? —Lo miré con expectativa.
—¡Siempre fueron tuyos! —Sonrió y sacó las dos pulseras de la caja.
Eran piezas hermosas y únicas, grandes en oro blanco, adornadas de diamantes y formaban flores dentro de un rectángulo, en un trabajo intrincado. Pertenecieron a la madre de él y combinaban perfectamente con todo lo que usaba. Me puso una en cada muñeca y me sentí como una reina. Estaba lista para la boda de mis sueños con el hombre de mis sueños.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....