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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 807

"Patricio"

Estaba nervioso, después de que Lisandra me perdonó le hablé a Melissa y le pedí que pusiera en práctica el plan de la propuesta de matrimonio para el sábado. Ya estaba todo listo, solo había que hacer los ajustes de la fecha. Pero llegó el sábado y estaba nervioso, necesitaba que todo saliera bien y fuera perfecto.

Pero había otra cosa que me tenía inquieto. En el fondo aún tenía miedo de que Lisandra me rechazara. Estaba aterrado con la idea de que me dijera que no.

Pasé la mañana arreglando detalles con Melissa por teléfono y cuando apareció en casa, respiré aliviado, pues traía las últimas cosas que faltaban. Como habíamos acordado por teléfono, le había entregado todo a Romano y él lo dejó en la cocina. Ella mantuvo a Lisandra en la sala y yo fui a ver lo que había traído. Era perfecto.

Después de que Melissa se fue, comencé a poner el plan en práctica. Mientras Lisandra fue a bañarse, fui a la cocina y tomé las cajas. Con cuidado llevé todo al closet de ella. Saqué el vestido de la caja y lo puse sobre el banco que había en el medio del closet, hice lo mismo con las sandalias. Las había mandado hacer a la medida, eran réplicas perfectas.

Después del baño, ella entró al closet y cuando vio ese vestido lila sobre el banco se llevó un susto.

—Pero... ese vestido... yo no... —me miró confundida—. ¿Qué vestido es ese? Es igual al que usé en la primera boda de Flavio, pero ya no tengo ese vestido. Y las sandalias... —me miró boquiabierta cuando se fijó en las sandalias.

Estaba parado detrás de ella y le tomé varias fotos de su reacción, quería guardar ese momento. Entonces fui hasta ella y la abracé.

—Vamos a dar un paseo, pero me gustaría que usaras ese vestido y esas sandalias. Usabas iguales cuando te besé por primera vez y aún eras una jovencita. Nunca olvidé ese día, quedé fascinado cuando te vi en ese vestido lila, aunque tuvieras la cara hinchada por la alergia. Pero, aun así, estabas adorable y pensé que eras la chica más linda del mundo.

Comenzó a llorar, aun con una sonrisa en el rostro, y le sequé las lágrimas.

—Patricio, ¡esto es tan hermoso! Realmente me notaste ese día.

—Te noté desde el momento en que te vi por primera vez y eras solo un bebé. Te vi crecer, te vi florecer, dejar de ser una niñita mimada y convertirte en una jovencita linda y tímida. Y después vi la mujeraza en que te convertiste y se me cortó la respiración.

—Elegí ese vestido porque quería que me notaras ese día. Pensaba que ya había crecido lo suficiente para que me vieras.

—¡Y te vi! Y eso me confundió más de lo que debería. Y no pensé que pudiera tocarte y me emborraché, entré a tu cuarto borracho e hice lo que pensé que no debía. Te besé. Y después desapareciste, por tantos años y pensé que había olvidado esa locura, pero solo te había empujado al fondo de mi corazón.

—¡Mi amor! ¡Siempre te amé, Patricio!

—Y yo siempre te esperé, Lisandra. Y es como dicen, no es antes, ni después, las cosas pasan en el momento correcto. Y regresaste a mi vida y pasó en el momento correcto.

—¡Te amo!

—¡Yo también te amo, mucho!

—Me voy a arreglar para ti, de la misma manera que me arreglé ese día, para que me notaras —puso la mano en mi rostro.

—Pero ahora ya te noté y ya estoy loco por ti —sonreí.

—Pero entonces me voy a arreglar para volverte aún más loco por mí y que nunca quieras irte.

—¡Estamos cerca del club! —notó cuando nos acercamos—. ¡Ah, mira allá abajo el césped, qué hermoso! ¡Cuántas flores!

Señalaba el lugar exacto donde aterrizaríamos y estaba fascinada. El aeronauta comenzó las maniobras y fuimos perdiendo altitud y entonces ella se dio cuenta y me miró.

—¡Noooo! ¿Vamos a aterrizar ahí? —Su sonrisa estaba casi partiendo su rostro en dos. Y yo asentí. Dio saltitos y la sujeté, no pensaba que los saltitos dentro de esa canasta serían muy prudentes.

—¡Calma, mi dulce! ¡Tengo una sorpresa para ti! —le dije al oído.

—¿Otra? —Sus ojos negros brillaban de una forma muy hermosa.

Aterrizamos en ese césped repleto de flores y bajamos de la canasta. Finalmente mis pies estaban en tierra firme y había sobrevivido a esa locura de volar en globo. Íntimamente solo pensaba: por favor, la próxima vez que fuera un salto base, sería más seguro, al menos tendríamos equipos de protección.

Ella bajó de la canasta mirando alrededor, encantada con todo el escenario a su alrededor. Las miles de flores esparcidas ahí, coloreando y transformando ese césped en un jardín primaveral. Miró hacia el lago y salía de él una familia de patos, con patitos amarillos y los papás patos orgullosos conduciendo la nidada.

—¡Ven! —la jalé hacia el lago y la ayudé a subir al botecito que estaba ahí, era blanco y todo decorado con rosas y luces de hadas.

Sería ahí, en el medio de ese lago y mirando hacia ese césped con flores coloridas que haría la propuesta. Mi corazón latía fuerte y mis manos estaban sudando. Remé hasta el centro del lago. Ella no tenía cómo huir de ahí, era sí o no y esperaba mucho que fuera sí. Era la hora de hacer la propuesta.

Con cuidado, me arrodillé ahí en ese botecito, ya empezando a pensar que mi idea no sería tan romántica si se volteaba. Una música romántica salió de la bocina que estaba acoplada a él. Como pedí, Melissa se encargó de que sonara "From this moment on". Saqué la cajita del bolsillo y la abrí, viendo a Lisandra llevarse las manos a la boca y sus ojos llenarse de lágrimas. ¡Sí, era el momento perfecto!

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