"Lisandra"
Wanda me miraba como si lo supiera todo. Me puse un poco nerviosa. Me acerqué a la puerta para asegurarme de que Patricio ya se había alejado y cuando vi que sí, regresé al mostrador de la cocina.
—¿Cuándo se lo vas a contar? —Wanda estaba sonriendo.
—¿Contarle qué, Wanda? —Me hice la desentendida, por si acaso solo estuviera especulando. Pero me estaba engañando a mí misma, porque Wanda ya sabía todo.
—¡No soy tonta, Lisa! —Wanda me llamó la atención—. ¿De cuánto tiempo estás?
—¡Ay, Wanda! Dos meses. Me enteré el día que lo sorprendí en el restaurante —respondí, pues Wanda realmente sabía las cosas—. ¿Cómo te diste cuenta?
—Hija mía, ese apetito de león que tienes, con ganas de comer algo que detestas, tu malestar repentino de hoy y ahora palomitas con salsa de helado? Ay, Lisa, no sé cómo Patricio no se ha dado cuenta —Wanda tenía razón—. Entonces, ¿cuándo se lo vas a contar?
—No sé, Wanda. Acabamos de reconciliarnos y aún no lo he pensado. En realidad tengo miedo de su reacción.
—¿Miedo? ¿Por qué? Hija, se va a poner radiante cuando se entere. Ese muchacho está loco por ser papá y no se lo oculta a nadie —Wanda habló y calmó un poco mi inseguridad.
—Pero no fue planeado, Wanda. ¿Y si piensa que me quedé embarazada para atarlo a mi lado?
—Querida, no puede estar más atado de lo que ya está por ese amor. Te ama y le va a encantar saber que va a ser papá. Solo no te tardes en contarle, ¡se va a poner muy feliz! —Wanda abrió los brazos—. Ahora ven acá, déjame darte un abrazo, porque estoy muy feliz.
Wanda me abrazó e hizo las palomitas para mí. Derramé salsa de caramelo y fui a buscar a Patricio. Estaba recostado en el sofá, con el control en la mano pasaba por las opciones de películas. Se veía tan guapo, con unos shorts negros y camiseta blanca, sus músculos evidentes y se me hizo agua la boca. Dejé el recipiente de palomitas en la mesita al lado y me subí a su regazo. Le quité el control de la mano y lo puse también sobre la mesita.
—Estaba eligiendo la película —bromeó.
—Después haces eso. Ahora vas a hacer otra cosa.
—¿Y qué sería? —Puso las manos en mis muslos y las deslizó hacia arriba y hacia abajo.
Me incliné sobre él y lo besé, sus labios aún tenían sabor a nueces y realmente perdí mucho tiempo pensando que no me gustaban las nueces, porque estaba fascinada con ese sabor. Sus manos se metieron por debajo de mi vestido y tantearon, pero no encontraron lo que buscaban, pues no tenía bragas. Me miró con los ojos brillando.
—Sobra ropa aquí —bromeó.
—Pues yo creo que sobra demasiada ropa —tomé el borde de su camiseta y se la quité por la cabeza, lanzándola a un lado. Él hizo lo mismo con mi vestido.
—¡Nunca más voy a huir! —Era una promesa—. ¡Te amo tanto! —apreté mis brazos y mis piernas alrededor de él.
—Te amo, Lisandra, con todo en mí, te amo. Ya no sé vivir sin ti y ya no quiero vivir sin ti. Te esperé toda la vida, incluso cuando no entendía lo que estaba pasando y empecé a pelear contigo, en realidad te estaba esperando. Pero ya no puedo esperar más, ya no aguanto esperar más, te necesito conmigo, todos los días, toda la vida y más allá de la vida.
Su declaración me emocionó e hizo que lo amara aún más, si eso era posible ni sé. Era más de lo que imaginé. Viviría y moriría por este amor. Y ahora este amor crecía aún más dentro de mí, con nuestro hijo, este hijo que era la unión de nosotros dos y el resultado de todo este amor que nos unía.
—¡Cariño! —Las lágrimas cayeron de mis ojos, eran lágrimas de emoción, de alegría—. Necesito decirte...
—Estás llorando otra vez, mi dulce —secó mis lágrimas con besos.
—Pero ahora son lágrimas felices. Te amo tanto, Patricio. Y ahora nosotros... —Las palabras llegaron a mi boca y casi le conté que estaba embarazada, pero en una fracción de segundo pensé y me contuve. Se merecía saber esto de una manera muy especial. Mi hijo se merecía ser anunciado al padre de una forma muy especial. Esperaría y prepararía esto, crearía un momento inolvidable para él.
—¡Ahora estamos juntos y no nos vamos a soltar nunca más! —dijo y me besó.
Nos quedamos abrazados ahí, sintiendo el calor del otro, tocándonos, amándonos, por más tiempo del que podría contar. Hasta que me quedé dormida, arrullada en sus brazos y feliz de ser la dueña de su amor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....