"Patricio"
Estaba nervioso. Estábamos esperando que Darla apareciera y quería retorcerle el cuello. La confusión que me causó le costaría muy caro. Llegó toda confiada y cuando miró entre nosotros su sonrisa se hizo aún más grande.
—Menos mal que el príncipe está en casa, bien lejos de las garras de esa pequeña. —Melissa refunfuñó tan pronto como puso los ojos sobre Darla.
—¡Vaya, pero qué comitiva interesante! —Darla sonrió como si hubiera llegado a un parque de diversiones. —Patricio, querido, estoy molesta contigo, saliste corriendo y me dejaste en aquel bistró sola. —Hizo un puchero con aquella boca tan roja que parecía cubierta de pintura y no de labial.
—¡Darla! Compórtate. —Filippo llamó su atención con vehemencia. —¿Qué cabello es ese, Darla?
—¡Mi nuevo tono, Filippo! —Darla se pasó la mano por el cabello orgullosa. —¿Te gustó?
—Dios mío, ¡parece que te escupió el infierno! Sinceramente, vas a asustar a los clientes. —Filippo hizo una mueca.
—¡Ay, Filippo! ¡No seas pesado! —Se quejó con el jefe y se sentó al lado de Alessandro, cruzando las piernas de forma provocativa. Alessandro se levantó rápidamente y Melissa tomó su lugar.
—Mira, payaso Bozo, puedes bajar las plumas porque estos hombres aquí, son casi todos muy bien casados y el soltero no es para tu pico. —Melissa comenzó a hablar y Darla la miró shockeada.
—¿Quién eres tú? —Darla quiso saber.
—¡Melissa Lascuran! Ahora enfócate, pava. Quiero saber derechito qué fue lo que pasó entre Patricio y tú. —Melissa exigió.
—¿Y tú eres su dueña acaso? —Darla fue sarcástica.
—No, pero conozco a la dueña. Ahora habla, Bozo, ¿qué está pasando? —Melissa insistió.
—¡Ay, Dios mío! ¿Esto es en serio, Filippo? ¿Me vas a exponer a esto? —Darla miró al jefe con desprecio.
—¡Ah, sí lo voy a hacer! Estás frente a mis mejores clientes, Darla. Y no los voy a perder por tu culpa. Es mejor que hables todo o te pongo en la calle y con referencias tan malas que el único inmueble que vas a lograr vender en esta ciudad será jaula para pájaros. —Filippo la advirtió.
—¡Ay, va a vender palos para tus amiguitas gallinas! —Melissa sonrió como si fuera un comentario inocente.
—¡Te crees muy listita, Melissa Lascuran! Bien que me dijo... Ay, ay. —Darla paró de hablar abruptamente y trató de disimular. —Besé a Patricio, eso fue lo que pasó, es un hombre guapo y parecía bien receptivo a mis avances.
—¿Estás loca? —Grité, asustando a todos en la sala. —Estaba siendo educado. ¡Pasaste de los límites!
—¡Patricio! —Melissa me miró en tono de alerta. —Mira aquí, Bozo, ya me di cuenta cuál es la tuya y no voy a caer en tu jueguito. Pero quiero saber por qué el socio de Filippo te pasó la atención de Patricio.
—Porque soy una corredora. —Darla se rió.
—¡No juegues conmigo, querida! —Melissa sonrió como si agradeciera un elogio falso.
—¡Ay, para mí ya fue suficiente! Filippo, francamente, ¿dónde se ha visto ponerme en esta situación? —Darla se levantó, lista para irse.
—Darla, es mejor que te sientes, porque vamos a lavar esta ropa sucia. O te quedas desempleada, porque ya estoy harto de tus travesuras. —Filippo alertó. —Mi socio está viniendo, Melissa, él te puede responder eso.
Darla volvió a sentarse y Melissa sonrió.
—¿Me vas a responder, pava? —Melissa insistió.
—¡No voy a decir nada más! —Darla estaba furiosa. ¡Pero yo también lo estaba!
—Espera, dijiste que ella escuchó el nombre de Patricio cuando estaba en la recepción con una amiga. ¿Sabes quién es la amiga? —Flavio quiso saber.
—No, ¿eso importa? —Lauro miró a Flavio como si fuera idiota.
—En realidad sí importa. —Flavio respondió y solo Melissa había entendido.
—Alguien le habló de mí a ella. —Melissa concluyó y se volteó hacia Darla. —Habla, Bozo, ¿quién es tu amiguita? Y más vale que respondas, porque ella debe haber dicho que no tengo mucha paciencia.
—¿Y qué vas a hacer? —Darla estaba loca de desafiar a Melissa.
—Ya dejé a muchas perras deformadas por mucho menos, ¿quieres probarme? —Melissa se puso de pie encarando a Darla, que no se intimidó. —Ah, quiere probar, ¡qué tierna! —Melissa sonrió y agarró los cabellos de Darla. —¡Habla, pava! ¿Quién es tu amiguita y qué tiene que ver con esta travesura?
Y ahí se armó la confusión. Melissa estaba agarrada a los cabellos de Darla, Darla estaba gritando, Lauro tenía los ojos desorbitados y Filippo se estaba riendo. Pero nadie quitaba a Melissa de encima de la mujer. De repente Melissa dio un jalón y el cabello de Darla quedó en su mano.
—Ay, gente, ¡el cabello es tan falso como ella! ¡Ya había arrancado pelucas antes! —Melissa miraba la peluca pelirroja en su mano.
—¡Loca desquiciada! —Darla gritó con las manos en la cabeza, tratando de esconder el enmarañado de su cabello castaño enrollado alrededor de la cabeza y lleno de horquillas. —¡Devuélvemela!
—¡No devuelvo nada! ¡Ahora voy a jalar el cabello de verdad! —Melissa avanzó nuevamente y Darla gritó.
—¡CUENTO! Cuento, pero quiten a esta loca lejos de mí. —Darla estaba casi llorando de desesperación.
—¡Habla! —Melissa sonrió y se sentó.
—Todo fue idea de Taís, ella estaba casada con Ricardo, que es amigo de Patricio. —Darla finalmente habló.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....