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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 787

"Lisandra"

El mundo se desplomó a mi alrededor. Aquello no podía estar pasando, no ahora, no así. Miré al médico en completa confusión y él me correspondió con aquella mirada apaciguadora.

—Por lo visto no fue programado. —Concluyó.

—Tomo píldoras, desde que me volví sexualmente activa, siempre las tomé y nunca me olvido. —Fue lo que logré decir, como si eso explicara algo.

—Que por sí solo no es cien por ciento eficaz y por lo que me contaste, en el último mes estuviste tomando antibióticos y tuviste trastornos intestinales, eso ciertamente anuló el efecto de las píldoras anticonceptivas. —Explicó y me observó. Temblaba con el papel en mis manos.

—Lisandra, un hijo es una buena noticia. —El médico trataba de animarme.

—Sí, doctor. —No lograba decir más nada.

—¿Puedo llamar a alguien para que venga a buscarte? —Se dio cuenta de que estaba asimilando la noticia y que no me estaba sintiendo bien.

—No es necesario. ¿Qué hago ahora? —Sabía que un hijo era una bendición. No sabía cómo sería aquello en la situación en que estaba, pero sabía que tenía condición más que suficiente para lidiar con un embarazo.

—Bueno, te voy a derivar a un ginecólogo obstetra y él va a cuidar de ti y de tu bebé. —El médico sonrió. —Pero me encantaría saber noticias también.

—Gracias, doctor. ¿Es posible derivarme al Dr. Molina? Es que lo conozco, es un amigo de la familia. —Expliqué.

—¡Por supuesto! Solo un minuto. —Hizo una llamada y preguntó sobre las consultas del Dr. Molina. Pidió un minuto y me habló: —Tiene un horario ahora, acaba de tener una cancelación. ¿Tienes tiempo? —Asentí con la cabeza y confirmó la consulta para mí. —Voy a acompañarte hasta allá.

—No necesita tomarse esa molestia, doctor. —Estaba muy agradecida por su gentileza, no quería dar más trabajo.

—No es molestia, ¡insisto!

Una vez más salió de su escritorio y abrió la puerta para mí, caminó a mi lado hasta el consultorio del Dr. Molina, que ya nos esperaba en la recepción con una sonrisa afable. El Dr. Gabriel explicó rápidamente mi cuadro y mis quejas al Dr. Molina y dijo que le había enviado los exámenes. Los dos se despidieron y el Dr. Gabriel me hizo un gesto con la cabeza.

—Lisandra, estoy seguro de que ese bebé te hará muy feliz. Siempre que andes por aquí, pásate por el consultorio para que sepa cómo están ustedes dos. —Habló con esa forma gentil y calmada que me tranquilizaba.

—Claro, doctor, muchas gracias. —Y así el médico se fue y entré al consultorio con Molina.

—Qué curioso, yo cuidando de una y la otra me aparece embarazada. —El Dr. Molina sonrió. —Patricio va a estar radiante.

—¡Dr. Molina, por favor no le cuente a nadie! —Fue lo primero que pensé.

—No, querida, quédate tranquila. Eres tú quien debe dar la noticia. —Sonrió.

—No, doctor, ¡no quiero que nadie sepa! Manu puede molestarse, ya que ella todavía está en aquel tratamiento y Patricio... —Respiré profundo. —Terminamos.

El médico me miró como si entendiera lo que quería decir, pero aun así, como si aquello no tuviera sentido.

—Lisandra, no es posible esconder un embarazo por mucho tiempo. Además, Manu va a estar feliz por ti, estoy seguro. Y, no soy nadie para decirlo, pero un padre tiene derechos sobre un hijo.

—Lo sé, doctor, pero es solo hasta que logre pensar en cómo voy a lidiar con esto. —Tenía muchos pensamientos encontrados en ese momento.

—Claro, querida, pero te estoy aconsejando como amigo y no como médico. Tienes muchas personas que te aman a tu alrededor, no necesitas lidiar con esto sola, ¿está bien? —El Dr. Molina tenía razón y su consejo me dio cierta luz.

—Gracias, doctor.

—Bueno, ¿vamos a ver cómo están ustedes? —Habló con una gran sonrisa y comenzó a evaluar los exámenes. —Sí, por el conteo de tu examen, estás con más o menos 4 semanas. Pero estás muy saludable, así que te voy a examinar, pasar algunas informaciones, unas vitaminas y planear contigo el prenatal.

Le conté a Melissa todo lo que había pasado, lo que vi, la intimidad, el beso y la cara burlona de aquella mujer. Melissa escuchó todo atentamente y parecía pensar.

—Hay algo mal ahí. —Habló. —Hay algo que no cuadra. Él iba... —Melissa paró de hablar abruptamente.

—¿Iba a qué, Mel? Me engañó, lo vi. —Repetí y limpié una lágrima.

—Lisa, voy a investigar esto. Ese tonto está volteando la ciudad buscándote. ¿Qué quieres hacer?

—Mel, hay una cosa más.

—¿Hay más? —Me miró con ojos grandes.

—Estoy embarazada. —Hablé con calma y Melissa gritó.

—¡Ay, Dios mío! ¡Pero esto es maravilloso, Lisa! ¡Ay, qué increíble! —Me jaló para un abrazo, estaba realmente feliz con mi embarazo y tuve la certeza de que podría contar con ella.

—Mel, no quiero que nadie sepa. —Tan pronto como hablé me soltó y me encaró.

—Sabes que un embarazo implica una barriga grande y un bebé al final de nueve meses por lo general, ¿no? —Di una pequeña sonrisa, encontrando gracia en lo que dijo.

—Mel, Manu todavía está haciendo aquel tratamiento y está muy ansiosa, no quiero que piense que le robé su momento. Y todavía no sé qué voy a hacer, entonces no quiero que Patricio sepa aún. —Expliqué.

—Tonterías, Manu va a amar esta noticia. Y el tonto, ay... —Mel suspiró. —Sueña con ser padre, Lisa. Pero entiendo que en el momento no se lo merezca, por ahora solo merece dolor y sufrimiento. Vamos a mantener el secreto un poco, pero no tienes mucha opción, vas a tener que contar muy pronto.

Tenía razón, lo sabía, pero por ahora solo necesitaba paz y tranquilidad para pensar en qué hacer. Le pedí a Mel que le avisara a Manu que no iba a volver a la oficina, pero que no le contara a nadie dónde estaba y Mel se mostró, una vez más, una buena y fiel amiga.

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