"Patricio"
Estaba frente al padre y los hermanos de Lisandra sin saber cómo disculparme, porque me di cuenta de que había cometido muchos errores con ella y no sabía ni cómo empezar a redimirme. De cualquier forma, lo mejor sería comenzar siendo sincero y contando lo que había pasado.
—Patricio, entra. Todos estamos agitados. Vamos a conversar. —Extrañamente el Sr. Moreno parecía ser el único que estaba dispuesto a escucharme.
—Papá... —Flavio quería quejarse, estaba muy irritado conmigo y tenía razón.
—Tire la primera piedra si nunca se equivocó, Flavio. —El Sr. Moreno encaró a los dos hijos y resoplaron. Por supuesto que los dos ya se habían equivocado mucho, ¿quién no?
—¡Entra, tonto! Pero aún quiero romperte la cara. —Flavio parecía un niño enojado.
Entramos y, ahí en la sala, estaban la madre de Lisandra, mis padres y Paula, esposa de Raúl. Y mi madre no perdió tiempo, vino a mi encuentro y me tomó de la oreja, arrastrándome hasta un sofá y tirándome en él mientras hablaba.
—¡Pero qué vergüenza, Patricio! —Mi madre me miraba con reproche—. Ni aunque esa chica no hubiera hecho lo que hizo tenías derecho a actuar así, ignorando los sentimientos de tu novia.
—Mamá...
—¡Calladito! Ahora vas a escuchar... —Por los siguientes veinte minutos mi madre me dio una lección sobre responsabilidad afectiva, honestidad y respeto. Por el rabillo del ojo veía a Raúl y Flavio sonriendo. Y tuve que escuchar calladito, después de todo había ignorado completamente los sentimientos de Lisandra.
Cuando mi madre finalmente paró de hablar, doña Inés puso su mano sobre la mía.
—Eres bueno, Patricio, pero necesitas establecer prioridades. Ustedes los hombres tienden a actuar sin tomar en consideración la opinión de sus mujeres, ese es el problema, porque una relación es una sociedad, y necesitamos hablar y escuchar antes de salir por ahí tratando de arreglar el mundo, porque es así mismo, si no escuchas, puede que no te des cuenta de que tu pareja no estaba cómoda con lo que quisiste hacer. —Doña Inés tenía razón.
—Doña Inés, la amo... —Quería garantizar eso para ella, para todos ahí, pero principalmente para Lisandra.
—Lo sé. Pero tus acciones necesitan estar de acuerdo con tus palabras. —Doña Inés, con voz suave, me había señalado dónde exactamente había fallado.
—Miren, gente, actué impulsivamente, pero no quería lastimarla, ¡nunca quise! Y no va a pasar otra vez. No sé cómo puedo garantizárselos, pero prometo que nunca más voy a descuidarla ni lastimarla. —Hablé, mirando directamente a Flavio.
—¡Trata de convencerla a ella de eso! —respondió Raúl malhumorado, dejándome aún más preocupado.
—Mira, Patricio, somos amigos y vamos a seguir siendo amigos, solo porque mi padre tiene razón, todos nosotros ya hemos hecho tonterías. Pero si haces una más voy a olvidar nuestra amistad y darte una paliza. —amenazó Flavio.
—Y voy a dejar que me pegues. —Le aseguré—. Ya despedí al investigador. No tengo que preocuparme por los problemas de Virginia, entendí eso y ni sé por qué me preocupé.
—¡Porque eres un tonto! —se rio Flavio—. La loca sí sabe de las cosas.
—No, debería haber salido de ahí contigo. Discúlpame por retrasarme y por no prestar atención. —Me volteé para quedar de lado y poder mirarla a los ojos—. Mi amor, no quise lastimarte. ¡Solo fui un tonto!
—Sé que te preocupas por ella. Quisiera poder decirte que no me importa, pero sí me importa, mucho. —Me miraba con los inmensos ojos negros llenos de tristeza.
—Y tienes razón en que te importe. No tengo que preocuparme por ella. Forma parte de mi pasado y decidí dejar todo atrás, ya no importa lo que pasó ni lo que está haciendo. No tengo nada que ver con eso. Solo tardé un poco en darme cuenta. —Pasé la mano por su rostro decaído. Nuestra conversación era susurrada.
—Te alejaste de mí, te cerraste y le dijiste al investigador que ella era importante para ti. ¡Eso dolió! Patricio, si aún sientes algo por ella, por favor, dímelo, déjame saber si estoy en una lucha perdida. —Estaba preocupada e insegura y odiaba haberla dejado así.
—¡Lisandra, te amo a ti y solo a ti! No estás luchando, porque ya me tienes. De ningún modo mi preocupación significa que tenga algún sentimiento por ella, fue solo el shock de ver a alguien con quien estuve por tanto tiempo tan transformada. Pero ya pasó, lo que pasó hoy no se va a repetir. Ya despedí al investigador porque no tenía sentido, actué por impulso. Tú eres mi amor, eres por quien realmente estoy preocupado. Y me estoy muriendo de miedo de que no me perdones y necesito descubrir cómo redimirme contigo.
—No necesitas redimirte, estás aquí, eso es lo que me importa. —Dio una sonrisa débil.
—¡Por supuesto que necesito redimirme! Te mereces más, Lisandra, mucho más. Y quiero darte mucho más. Quiero ser todo lo que necesitas y quiero ser tu puerto seguro, no llenarte de dudas, miedos y preocupaciones. Quiero merecerte. ¿Qué hago para merecerte? —Era eso, su amor era tan inquebrantable, tan sincero, tan incondicional. Quería ser merecedor de ese sentimiento tan grandioso.
—Diría que un beso sería un buen comienzo para merecerme, pero estoy enferma y no quiero pasarte esta infección de garganta. —Sonrió.
—¡No me importa! —La jalé hacia mis brazos y la besé. Necesitaba ese beso tanto como ella o tal vez mucho más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....