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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 759

"Virginia"

Desperté con un gran dolor de cabeza, pero iba a empeorar, pues Taís estaba sentada frente a mí con cara de pocos amigos.

—¡La bella durmiente despertó! —habló en un tono beligerante.

—Buenos días para ti también. —respondí y me senté en la cama.

—¿Puedo saber por dónde anduviste ayer? Salí en la mañana para ir a hablar con el abogado y cuando regresé no estabas. —preguntó en tono de reclamo.

—Yo salí y cuando regresé tú no estabas. Entonces salí otra vez. —respondí en el mismo tono.

—Fui a buscarte. —se quejó—. ¿Dónde fuiste? ¿Qué pasó? Porque algo pasó, llegaste y te metiste en la cama y no dijiste una palabra.

—¿Y ahora me vas a controlar? —Estaba cansada de que Taís siempre quisiera saber todo lo que hacía.

—¡Me preocupo por ti, Vivi! —suavizó el tono de voz.

—Fui al club. Encontré a Patricio ahí. Pero me despreció otra vez. —hablé con tristeza.

—Vivi, hicimos un acuerdo, lo sé, pero las cosas por aquí cambiaron, es mejor olvidar esto y regresar. —Taís ya había sugerido eso antes, pero yo no quería, quería mi vida de vuelta, la vida que tiré a la basura y ahora ni yo misma entendía por qué.

—¡Taís, no! ¡No me voy a ir! ¡Irme fue un error! —alcé la voz.

—No, Vivi, no fue un error. Éramos felices, muy felices, hasta que... —Parecía triste siempre que hablaba de eso.

—Hasta que ya no quise aquello. —respondí.

—Sí, pues sí, ¡lo jodiste todo! Igor nos daba todo lo que queríamos, pero decidiste que ya no querías ser un trío y él estaba listo para descartarme. —Taís habló en un tono de dolor y comenzó a llorar, era siempre así—. Querías quedarte con él solo para ti, ¿no es cierto? ¿Querías abandonarme?

—¡No empieces, Taís! —grité—. Mira, estoy cansada. Acordamos que regresaríamos y que yo volvería con Patricio y te mantendría conmigo, como mi amiga solamente.

—¡PERO NO QUIERO SER SOLO TU AMIGA! —gritó y sus palabras retumbaron por el cuarto. Era la primera vez que me decía eso.

—¿Qué estás diciendo? —pregunté sorprendida.

—Te mostré lo bueno que podía ser estar conmigo. Y te gustó mucho, porque Igor es realmente muy bueno en la cama. Odiaba que se encontraran solos, pero tenía que dejarte hundirte para que te dieras cuenta de que mi mano estaba ahí para sostenerte, solo la mía. Cuando me fui tenía la certeza de que no tardarías en irte también y seguí llamándote y llenándote la cabeza. —Se rio satisfecha y quería matarla.

—Rick nunca te maltrató, ¿verdad? —pregunté, recordando que me había dicho que Rick la maltrataba y que cuando fue tras ella la agredió. Y le creí.

—¿Rick? Es tan gentil y cariñoso como tu adorado Patricio. Rick es un caballero. Y siempre me amó, siempre hizo todo lo que quise. —Me encaró y estaba impactada con lo que decía.

—Me dijiste que Patricio se volvería agresivo como Rick. Me hiciste tenerle miedo. —La miraba sin creer cuánto me dejé engañar.

—¡Sí, ¿no es cierto?! —se reía—. Ay, Vivi, tu problema es ese, les crees a las personas y eres una tremenda borreguita. Fui plantando semillas, decía que Rick era agresivo, que Patricio era como él, que el matrimonio era una prisión, que las chicas nos estaban dejando de lado... y tú ibas creyendo todo. Por cierto, alejarte de esas cuatro fue fundamental para que lograra manipularte.

—¡No sirves, Taís! —Me levanté aturdida y con las manos en la cabeza.

—Y tú sirves menos que yo, porque yo planté la idea, pero no te obligué a nada. Traicionaste a Patricio porque quisiste, y después de que me fui seguiste traicionándolo por ahí sin que yo necesitara decir nada. Y abandonaste a Patricio porque quisiste. —Taís estaba diciendo una verdad muy dolorosa.

Me di cuenta de que me había convertido en una mujerzuela de la peor especie. De repente, ya no pasaba por mi cabeza que fui usada por las personas, sino que me di cuenta de que me convertí exactamente en lo que mi padre dijo que era cuando peleó conmigo, una cualquiera que no valía nada. Esa verdad me hizo ver cuánto era horrible.

Me había negado a confrontar la verdad y pensaba que solo yo tenía razón, pensé que se trataba de libertad sexual y que mi familia estaba siendo anticuada, pero en realidad, lo que me di cuenta en ese momento, es que tenía una gran falla de carácter. ¿Y cómo me di cuenta de eso? Me di cuenta porque estaba en el fondo del pozo y me di cuenta de que me había convertido en todo lo que más despreciaba en la vida. ¿A cuántas mujeres ya había señalado con el dedo antes? ¿Cuántas había juzgado? Pero ahí estaba yo, bajo un techo de cristal que se estaba despedazando.

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