"Lisandra"
El día en la oficina se arrastró y no tuve ninguna noticia de Patricio. Lo extrañaba, quería saber si estaba bien y quería acabar de una vez con esta angustia que estaba sintiendo, aunque fuera para que terminara conmigo, prefería que fuera pronto, pues quedarme así sin ninguna noticia era peor.
—¡Lisa! —Manu entró a mi oficina, parecía ansiosa.
—Hola, cuñadita. —Respondí mientras enviaba otro email.
—¿Será que puedes darme un aventón? Flavio se va a atrasar en la delegación. —Manu pidió y la miré.
—Claro, ¡te llevo! Qué bueno que conversemos un poco. —Analicé su rostro y realmente parecía ansiosa—. ¿Está todo bien, Manu?
—Está, ¡claro que está! ¿Por qué?
—No sé, pareces ansiosa.
—Ah, deben ser estas hormonas que estoy tomando para tratar de embarazarme, me vuelven loca. —Manu estaba haciendo un tratamiento para embarazarse, pero solo Melissa y yo lo sabíamos. Quería sorprender a mi hermano y me parecía muy lindo.
—¡Sí, debe ser! Solo voy a apagar la computadora. —Dije y me volteé hacia la pantalla, quince minutos después estábamos en el carro rumbo a casa de Manu. En el camino fuimos conversando cosas al azar, me contaba sobre su padre y su hermano y la esposa. Adoraba a su familia y desde la boda no los veía.
—Podemos pasar un fin de semana allá. —Manu sugirió.
—¡Me encantaría! Pero siempre que me quede en otro cuarto, el otro me va a hacer recordar sus besos. —Hablé melancólica.
—¿Y por qué quieres olvidar? —Manu preguntó y no sabía qué decir, porque en realidad no quería olvidar, eran demasiado buenos para ser olvidados.
—No quiero, pero creo que necesito. —Estaba casi llorando, cediendo a toda la aprensión y nerviosismo del día.
—Lisa, ¡necesitas dejar de sufrir por adelantado! —El consejo de Manu era valioso, pero ¿cómo controlar eso?
Entramos al condominio y dirigí el carro hacia la casa de Manu, pero pronto me corrigió, diciendo que tomé el camino equivocado y que debería regresar a la casa de Patricio. Entonces regresé y cuando me detuve en la puerta ni apagué el carro y Manu se quedó ahí sentada mirándome.
—¿No vas a apagar el carro, Lisa? —Preguntó, pero lo que quería saber era otra cosa.
—Manu, no voy a entrar. —Pensé que me entendería, pero no fue lo que pasó.
—¡Ah, pero sí vas! Vas a apagar ese carro y entrar conmigo. —Manu no estaba sugiriendo, traté de argumentar, pero en cuanto abrí la boca me hizo cerrarla y continuó sin respirar—. Tu familia está ahí adentro y Patricio aún no te ha dejado ni ha dicho que no puedes venir aquí. Entonces, vas a levantar la cabeza y actuar como la mujer poderosa y dueña de sí misma que conozco, vas a entrar a esa casa y repartir sonrisas y gentileza como siempre haces. —Mientras tomaba aire para los pulmones traté de hablar, pero pronto recomenzó con el dedo en alto—. Y si el tonto de Patricio está ahí, o incluso si llega, le vas a mostrar que solo si es un idiota completamente dañado te va a dejar, porque eres increíble, maravillosa, espectacular, la mujer de su vida. ¿Entendiste, Lisandra? —Me miró cuando terminó. Me habría reído, si el caso no fuera conmigo—. ¿Lisandra?
—¡Ah, llegaron las chicas! —Tío Alonso medio que nos anunció.
Manu y yo fuimos saludadas por todos de forma general, como si todo estuviera en el más perfecto orden, pero yo no me sentía en orden. Entonces él vino en mi dirección, caminó despacio, un paso tras otro, hasta detenerse justo frente a mí, con esa sonrisa. En cámara lenta vi sus manos salir de los bolsillos del pantalón y posarse en mi cintura. Mi corazón estaba tan acelerado que tenía la certeza de que estaba al borde de un ataque cardíaco.
—Mi dulce, ¡me estoy muriendo de ganas de verte! —Habló bajo y me jaló hacia su pecho, apretándome en sus brazos y después me besó, con cariño, despacio, un beso rápido, pero que significó el mundo para mí.
Mi emoción fue tanta que una lágrima se deslizó por el rabillo de mi ojo, no pude contenerla, exactamente como pasó la noche anterior y él repitió el mismo gesto, secó esa lágrima solitaria con el pulgar y me abrazó de nuevo.
—¡Siempre voy a estar aquí para secar tus lágrimas! —Susurró en mi oído y eso fue reconfortante.
Eché mis brazos alrededor de su cuello y me mantuve anclada a él, no sé por cuánto tiempo, pero no escuchaba ninguna voz, ningún ruido, solo mi corazón latiendo fuerte y su respiración caliente en mi oído.
—Perdóname, por hoy. Te voy a explicar todo. —Susurró después de un tiempo.
—¡Lo importante es que estás aquí y estás bien! —Me alejé y toqué su rostro, mirándolo—. ¿Encontraste lo que necesitabas?
—Sí, ¡lo encontré! ¡Está justo en frente mío! —Me miró con una sonrisa y mi pecho se llenó de alegría. Entonces volvió a besarme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....