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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 732

"Lisandra"

¡Ah, pero la idea de Melissa realmente había sido muy buena! Y esas clases de pole dance los fines de semana en Alemania finalmente me servirían para algo más que pasar el tiempo en ese país. Cuando tomé las clases solo quería ocuparme y me pareció interesante. Pero Melissa, el día que fue conmigo al mercado, preguntó sobre todo lo que sabía hacer y le conté sobre las muchas clases que había tomado en el extranjero, y ahí tuvo la idea. Dijo que vería cómo conseguir todo lo necesario en el momento correcto. Y pensó que el momento correcto era este, el momento en que Patricio aún tenía dudas sobre enamorarse de mí. Melissa pensaba que él no tenía ninguna duda, sino que simplemente no se había dado cuenta de que ya estaba enamorado. Yo aún no compartía su certeza.

Sin embargo, viendo su reacción a medida que yo bailaba y desarrollaba el ejercicio en la barra, al ritmo de la música, tuve la certeza de que la idea de Melissa funcionó perfectamente. Me estaba devorando con los ojos, su expresión era de deleite y éxtasis, como si nunca hubiera visto nada mejor en la vida. Fui ganando confianza y al final estaba segura de lo que debía hacer. Y me quité la ropa para él.

Pero mi showsito aún no había terminado. Me senté en su regazo y continué bailando, al ritmo lento de la música que sonaba. Sentí toda la rigidez de su miembro bajo el pantalón y eso me puso eufórica. Continué meneándome en su regazo, moviéndome de forma sexy y casi rozando mis senos en su cara. Él tragaba saliva y se lamía los labios. Me sentía sexy y poderosa.

Puso las manos en mi cintura y cuando la música estaba terminando sostuve su rostro con las dos manos. Parecía estar temblando de ansiedad y cuando lo besé, sus brazos se cerraron a mi alrededor y me apretó contra él y el beso se fue volviendo más urgente, más intenso. Sostuvo mi nuca, por debajo de mi cabello y posicionó mi cabeza como quería. Manteniéndome quieta en su regazo con su otro brazo, haciéndome sentir toda la rigidez de su cuerpo.

Nos volteó en la cama, atrapándome debajo de él. Parecía tener hambre de mí. Cuando se alejó y se puso de pie, sus ojos parecían en llamas. Se desabrochó la camisa y se la quitó arrojándola de cualquier manera lejos. Con los ojos pegados en mí se deshizo del pantalón y los bóxers y volvió a cernerse sobre mi cuerpo, pasó la mano por mi rostro, sus ojos me miraban como si me vieran por primera vez, su sonrisa se fue dibujando lentamente en los labios y antes de volver a besarme hizo que mi corazón se disparara en el pecho.

—¡Es imposible resistirte! —Me besó y lo que hizo conmigo después de eso fue como si me condenara a ser feliz solo en sus brazos.

Primero me poseyó, con un deseo visceral y un fuego que parecía imposible de apagar, llevando mi cuerpo a un placer casi sobrenatural, y cuando alcanzó su liberación gritó mi nombre, así como yo grité el suyo. Después hizo el amor conmigo, con cuidado, como si tuviera miedo de romperme, deslizando sus manos gentilmente por mi cuerpo. Sus besos se volvieron más suaves, pero aún más apasionados, intensos. Sus ojos fijos en los míos y lo que me mostró en esos ojos, ah, fue imposible no ilusionarme, lo que vi en sus ojos fue mucho más que deseo o pasión, vi amor, como si fuera el reflejo de los míos que lo miraban con adoración.

Cuando me hizo acabar, se entregó al placer junto conmigo, mirándome con esos ojos que parecían un mar de amor, fue imposible contener una lágrima terca que se deslizó por el rabillo de mis ojos. Me sonrió, secó la lágrima con la punta del pulgar y me besó, manteniéndose sobre mí, calentándome con todo su calor y acariciándome con su cuerpo.

Después, se volteó para quedar a mi lado y me jaló hacia su pecho. No se dijo ninguna palabra. Pero me dormí escuchando sus suspiros, sintiendo sus besos en mi cabeza y su mano acariciando mi cabello.

Desperté a la mañana siguiente sola en la cama. En la mesita de noche había una nota de Patricio, diciendo que necesitó salir muy temprano para atender a un cliente a pedido de Alessandro y que me vería en la oficina. Eso fue extraño. Confieso que me molestó un poco, después de la intensidad de lo que compartimos la noche anterior, esperaba que estuviera a mi lado cuando despertara, que me diera un beso de buenos días. Pero, al fin y al cabo, era trabajo y, hablando de eso, necesitaba apurarme.

Llegué a la oficina y Manu vino corriendo, claro que quería saber cómo había sido la noche.

—¡Cuenta, cuenta, cuenta! —Manu parecía hasta ansiosa.

—Solo te digo que Mel sabe de las cosas. —Sonreí—. Lástima que tuvo que salir muy temprano hoy para ver un cliente. Yo aún estaba durmiendo.

—¿Cliente a pedido de Alessandro? ¿Estás segura? ¡Alessandro me pidió que lo localizara ahora! —Con eso tuve la certeza de que había algo malo con mi novio.

—Bueno, fue eso lo que dijo en la nota que me dejó. —Rick me miró con una cara extraña.

—Ah... sí, tal vez Alessandro no logró hablar con él de nuevo. Voy a tratar de contactarlo. —Rick nos dio la espalda y volvió a su oficina. Pero una semillita de duda ya estaba brotando en mi cabeza.

La mañana pasó lentamente y nada de que Patricio apareciera en la oficina y tampoco me llamó. Ya estaba empezando a sospechar que huyó de mí, pero ¿por qué huiría? Parecía haber disfrutado tanto nuestra noche. Pero algo no parecía estar bien. Traté de presionar a Rick, pero se las arregló para cambiar de tema todas las veces que pregunté quién era el cliente que Patricio fue a encontrar o dónde fue Patricio a encontrar a tal cliente. Eso solo me hizo estar más segura de que Patricio huyó de mí. Tal vez pensó que mi actuación fue muy vulgar. Tal vez el pole dance fue un error colosal.

A la hora del almuerzo Flavio apareció para buscar a Manu para otro almuerzo familiar, pero no estaba de humor. Si Patricio había huido de mí, como pensaba, seguramente no iba a querer verme en su casa. No tardó en llamar la tía Lucinda para preguntar por qué no fuimos a almorzar y por qué Patricio no contestaba el celular. No tenía respuestas para ella, pero preferí decir que estaba con un cliente y yo estaba sobrecargada de trabajo.

Resulta que no estaba sobrecargada de trabajo, hasta tenía tiempo, demasiado tiempo para pensar que era el final del camino con Patricio y que estaría arrojada a mi infierno personal.

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