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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 730

"Patricio"

Después de que dejé a Lisandra en la oficina regresé a casa y pasé la mañana trabajando con mi padre. Desde que fui a trabajar con Alessandro mantengo una función en las empresas de mi padre que ejerzo virtualmente, es más como si solo estuviera vigilando para asegurarme de que todo está funcionando. Tengo asiento en el consejo y participo de todas las reuniones de forma remota. Pero algunas veces mi padre necesita que examine el papeleo, que verifique balances, cosas así, y para eso nos reuníamos.

Cuando mi madre nos avisó que era hora del almuerzo estábamos terminando nuestra pequeña reunión. Salimos de la oficina en el momento exacto en que Flavio estaba llegando.

—Patricio, ¿sabes qué tenía que hacer mi hermana que necesitó a mi esposa hoy? —Flavio me preguntó después de saludarme a mí y a mi padre.

—Flavio, todo lo que sé es que Lisandra y Manu iban a almorzar con Mel. —Respondí y Flavio abrió una sonrisa.

—¿La loca está involucrada? —Preguntó.

—Sí, Lisandra me dijo que no vendría al almuerzo y almorzaría con Manu y Mel. ¿Por qué?

—Ah, cuñado, si la loca está involucrada, mi esposita linda debe estar preparando una sorpresita para mí. Siempre que me hace una sorpresa la loca se involucra y da unas ideas. —Flavio tenía una sonrisa boba en la cara.

—¡O tal vez quien vaya a recibir una sorpresita sea yo, amigo mío! —Sonreí y Flavio me miró fijamente.

—Mi hermana no te va a hacer sorpresitas del tipo que mi esposa me hace a mí. —Flavio estaba sin humor y no aguanté.

—¡No sé! ¡Esta mañana me hizo una sorpresita deliciosa en el departamento! —Le piqué a Flavio, pero estaba recordando cómo Lisandra se entregó a mí esa mañana, contra la pared del clóset.

—¡No necesito esas imágenes en mi cabeza, Patricio! —Flavio me miraba molesto.

—Ah, hermano, pero yo sí las necesito en la mía. —Me reí y fuimos hacia la mesa.

Después del almuerzo, ya me estaba preparando para ir a la oficina, pero recibí un mensaje de Lisandra pidiéndome que la esperara en mi casa. Me pareció extraño, pero confirmé que la esperaría.

—¿Qué pasó, Patricio? —Flavio notó mi expresión al ver el celular.

—Lisandra me pidió que la esperara aquí. —Entonces una idea surgió en mi cabeza y me reí—. Sí, creo que Mel estaba ayudando a mi novia con una sorpresita.

Flavio me miró como si quisiera arrancarme la cabeza. Y caminé riéndome hacia la sala. Veinte minutos después escuché el rugido de un motor y una bocina del lado de afuera de la casa. Eso me llamó la atención. La bocina sonó una vez más. Pronto Romano apareció con una sonrisa.

—Patricio, Lisa llegó, creo que es mejor que vayas a encontrarla. —Romano me avisó. Era extraño que no hubiera entrado aún.

Me levanté y fui hacia la puerta. Salí de casa y vi a Lisandra pareciendo una actriz de cine de los años cincuenta, en la dirección de un carro convertible, con el chal que le traje de España sobre el cabello, lentes oscuros, el codo apoyado en la puerta del carro y la mano bajo la barbilla. Exhibía una sonrisa enorme y brillante. Yo la miraba fascinado, era perfecto, ¡ella era perfecta!

Apagó el carro y salió de él con gracia y desenvoltura y vino hacia mí, parándose justo en frente mío.

—¡Tu carroza vino a buscarte, cariño! —Puso la mano en mi rostro. Mi sonrisa era tan amplia como la suya.

—Explícame de dónde salió ese deportivo convertible. —Pedí sonriendo.

—¡Lo compré! Me rendí a los carritos de juguete, desempeño superior, mejor maniobrabilidad, más potencia. —Respondió con una felicidad que era contagiosa—. Sin contar que tienen un diseño hermoso y diferenciado. —Pasó el dedo índice sobre mi pecho.

—¿Esto fue idea tuya Patricio? ¿Sabes a qué velocidad puede llegar ese carro? ¿Sabes que Lisa tiene dos pies izquierdos y puede confundir el acelerador con el freno? Lisa, ese carro no es una buena opción para ti, deberías haber elegido un modelo más seguro.

—Raúl, yo no tengo nada que ver con esto, ni sabía que iba a comprar un carro. Pero me gustó su elección. ¡Combina contigo, mi dulce! —Le di un beso en la cabeza y ella sonrió confiada.

—¿Cuál es el problema? —Flavio se acercó.

—Lisandra compró un carro deportivo. ¡Y es convertible! —Raúl parecía entre preocupado e indignado.

—¡Perdiste el juicio, hermanita! ¡Esos carros corren demasiado, eso no es seguro para ti! —Flavio se unió al coro de Raúl.

—¿De qué están hablando? —Mi padre se acercó.

—Lisandra compró un carro deportivo convertible y los dos tontos están preocupados porque el carro alcanza altas velocidades. —Expliqué y mi padre se carcajeó.

—Hijo mío, estate alerta, si andando por ahí sobre sus propias piernas esta chica linda ya deja a los muchachos suspirando por ella, imagínate cuando pase manejando un carro deportivo convertible. Vas a tener mucha competencia. —Mi padre hizo que mi sonrisa desapareciera.

—Mi dulce, vamos a la concesionaria y cambiamos tu carro por un modelo más convencional. Con vidrios bien oscuros. Tal vez tus hermanos tengan razón. —Fue el turno de Raúl y Flavio de carcajearse junto con mi padre.

—¡No vamos a cambiar nada, cariño! Me encantó mi carro y me voy a quedar con él. —No iba a ceder y ya estaba viendo que tendría que ser muy inteligente para que usara ese carro lo mínimo posible—. Ahora vamos, tienes una videoconferencia dentro de poco.

Nos despedimos de la familia y entré como pasajero en el carro de mi novia. Para mi total sorpresa Lisandra manejaba muy bien. Me quedé sorprendido porque ella es un poco torpe y a veces se asusta de la nada, pero manejaba como una conductora profesional.

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