"Lisandra"
Patricio me rodeó de cuidados durante el tiempo que estuvimos en su casa. O sea, siempre era cuidadoso, pero había sido especialmente atento durante el almuerzo. Me di cuenta de que el hecho de que yo no estuviera cómoda en su casa lo molestaba. De vuelta en la oficina, me jaló hacia su oficina y cerró con llave la puerta, mirándome muy serio.
—Necesito un beso, mi dulce, creo que estoy en una grave crisis de abstinencia por la falta de tus besos. —Hizo drama y empecé a reírme.
—¿Y cómo sería esa crisis de abstinencia? —Pregunté todavía riéndome.
—Palpitaciones, falta de aire y una gran comezón en las manos. —Habló como si estuviera sufriendo.
—¿Comezón en las manos? —Ese síntoma era extraño.
—Sí, ¡mis manos me pican de ganas de tocarte! —Sonrió y me carcajeé. Era divertido y mimoso, le gustaba el cariño y que lo consintieran y yo estaba más que dispuesta a darle mucho cariño y mimarlo, quería dejarlo aún más mimoso.
—Cariño, pero no necesitas sufrir de abstinencia, ¡puedes tener todos los besos que quieras! —Me reí y entré en el juego—. Y puedes tocarme cuando quieras.
—¡Qué bueno, porque quiero muchos besos y los quiero ahora! —Exigió todavía con una seriedad fingida.
—¿Muchos? No sé si a mi jefe le va a gustar eso, anda amenazando con ponerme sobre esa mesa, sabes, y me gusta la idea, no quiero que se arrepienta. —Señalé hacia su escritorio.
—Ah, pero mira qué listita, ¡tiene el ojo puesto en el jefe! —Entró en el juego y tenía una sonrisa hermosa en el rostro.
—¡Ah, es que está guapísimo! —Dije y mordí la esquina del labio inferior.
—¡Tal vez tengas suerte y te ponga sobre su escritorio hoy! —Tenía una sonrisa pícara estampada en el rostro.
—¡Ojalá! Ando con muchas ganas de verlo sin camisa otra vez. —Bromeé y echó la cabeza hacia atrás y se rio. Su risa era contagiosa e incluso riéndose así, de forma tan relajada, era sexy, muy sexy.
—Muy bien, listita, ahora quiero mis besos. Después puedes tratar de seducir a tu jefe para que te ponga sobre el escritorio. —Puso una mano en mi nuca y la otra en mi cintura y se acercó, pegando su boca a la mía.
A medida que me iba besando, la mano que estaba en mi cintura empezó a vagar por mi cuerpo y bajó hasta mi trasero y lo apretó ligeramente. Gimió con aprecio y apretó un poco más mi cuerpo al suyo. Mis brazos estaban enlazados en su cuello y mi corazón estaba dando volteretas de alegría en mi pecho. Al final de ese beso jaló ligeramente mi labio inferior entre sus dientes.
—¡Ah, esa boquita es deliciosa! Pero es que eres toda una delicia, mi dulce, ¡me estás volviendo adicto a ti! —Susurró todavía con los labios casi pegados a los míos.
—Ojalá que te vuelvas adicto bien rápido y necesites dosis cada vez mayores de mí. —Susurré de vuelta y sentí su sonrisa.
—¡Sí, realmente sabes lo que estás haciendo! —Y me besó otra vez.
Quince minutos de besos después y Rick estaba golpeando la puerta de la oficina de Patricio.
—¡Está en tu agenda, jefe! Y envié el recordatorio a tu computadora antes de que salieras a almorzar. —Bromeé y sonrió.
—¡Lo sé, lo vi! Pero es que ando muy distraído y la culpa es tuya señorita Lisandra. Tal vez después de esta reunión tengamos que resolver algunas cosas. —Habló todo seductor, con aires de jefe diligente y me guiñó el ojo. No contuve la risa.
Los dos salieron hacia la oficina de Alessandro y aproveché para ir a hablar con Manu, necesitaba su ayuda para resolver algo, quería haber hablado con ella más temprano, pero no hubo tiempo.
—¿Cuñadita? —Manu levantó los ojos de la pantalla de la computadora para mirarme—. Necesito un favor.
—¡Lo que necesites, cuñada! —Sonrió.
—El contacto del vendedor en la concesionaria donde compraste tu carro. —Pedí.
—¿Vas a comprar un carro? —Asentí—. ¡Ay qué bueno, Lisa! Te paso el contacto, pero ¿no quieres ir hasta allá mañana a la hora del almuerzo? ¡Voy contigo! ¡Fue allá donde vi a Flavio por primera vez! —Manu suspiraba siempre que hablaba de mi hermano y me reí de su carita soñadora.
—¿Vas a ir conmigo? Ay, me va a encantar, Manu. Pero no le cuentes a nadie, por favor. No quiero que todos los hombres de mi vida den su opinión sobre el carro que voy a comprar. —Pedí porque sabía que mi papá, mis hermanos y Patricio se meterían si pudieran—. Mi papá me devolvió mi dinero y mis acciones de la empresa hace tiempo, no quería usar nada de eso, pero creo que va a ser mejor comprar un carro.
—No voy a contar, es muy posible que quieran decidir todo por ti y además peleen para decidir quién va a pagar. ¡Y sé lo importante que es para ti hacer las cosas por ti misma! —Manu sonrió.
—¡Ay, cuñadita, cómo me entiendes! Entonces mañana almorzamos juntas y vamos hasta allá. —Manu era como una hermana, me entendía muy bien y siempre me estaba ayudando con todo, incluso controlaba un poco el instinto mega protector de Flavio, que todavía me trataba como una niña de diez años.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....