Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 718

"Lisandra"

Patricio y yo pasamos la noche abrazaditos. Era muy bueno estar con él y despertar con su cuerpo caliente pegado al mío. Pero mientras mis dedos tocaban ligeramente su piel, tenía la cabeza llena de pensamientos, pensaba en las muchas cosas que me había dicho a lo largo de la última semana, especialmente en lo que dijo sobre haber pensado en pedirme de novia cuando era más joven y en cómo decía que me quería y no me iba a soltar más mientras hacía el amor conmigo. Eso me hacía pensar que tal vez ya estuviera un poquito enamorado de mí y aún no se hubiera dado cuenta.

—¡Esos dedos son mágicos! —Escuché su voz sexy de quien acababa de despertar y sonreí cuando se volteó sobre mí—. ¡Buenos días, mi dulce!

—¡Buenos días, cariño! —Pasé la mano por su rostro y miré bien en el fondo de sus ojos.

—¿Qué buscas? —Lo miré sin entender su pregunta y él explicó—. Estás buscando algo en mis ojos.

—¿Cómo me conoces tan bien? —Pregunté confundida, pues fui atrapada en mi inspección.

—Extrañamente no fuiste la única que prestó atención o que guardó en la memoria cada pequeño fragmento de conversación que escuchó. Yo también te veía y escuchaba a las personas, especialmente a mis padres, hablar sobre ti con mucha elocuencia.

Eran esas pequeñas cosas que decía las que me hacían pensar que no era la única con el corazón entregado y ni me di cuenta de que tenía una sonrisa en mi rostro.

—¿Te gustó saber? —Preguntó lo obvio y no serviría de nada negarlo.

—Sí, me gustó saber. Tal vez mi hechizo realmente esté funcionando. —Me reí y me di cuenta de que contuvo el aire en los pulmones, como si hubiera sido agarrado por sorpresa, pero lo soltó pronto en una respiración audible.

—¡Realmente eres una hechicera! —Se rio—. Entonces, como tenemos un tiempito antes de ir al trabajo, haz tu hechizo una vez más.

—¡Voy a hacer algo mucho mejor! —Lo hice rodar y rodé sobre él.

Lo atrapé debajo de mí y empecé a besarlo, primero la boca, después la línea de la mandíbula, su oreja, su cuello, su hombro, y continué salpicando de besos todo su torso. Cuando ya estaba llegando a donde quería, a punto de apoderarme de su miembro, viendo sus ojos vidriosos en mí, alguien empezó a golpear la puerta.

—¡Lisa! —Mi hermano Flavio golpeaba impaciente en la puerta y me llamaba, debía haber despertado a todo el edificio—. ¡Lisa! —Y era insistente. ¿Será que no tenía sentido común?

—¡Dios mío, pero será que mi cuñado no tenía un horario mejor para venir aquí? ¡Son las siete de la mañana! —Patricio tomó el celular de la mesita de noche y me senté en la cama riéndome de su impaciencia. Estaba a punto de levantarme, pero me detuvo—. Ven acá, mi dulce, tenemos asuntos pendientes.

—¡Pero Flavio está en la puerta! —Me reí y me miró como si no le importara nada mi hermano y, en ese momento, creo que realmente no le importaba.

—¡Yo resuelvo esto! —Me jaló hacia su pecho y besó mi cabeza.

—¡Pero qué fresco! Dile a Lisa que abra la puerta. —Flavio se quejó.

—No va a abrir, Flavio. No seas fastidioso. Estamos ocupados y te vas a atrasar para tu trabajo. ¡Puedes irte! —Patricio habló y me besó.

—¡Patricio, no me voy a ir de aquí! —Flavio era determinado, pero sospechaba que en el momento Patricio estaba altamente motivado y sería aún más determinado.

—Entonces el problema es tuyo, porque voy a terminar lo que estaba haciendo con mi novia. Solo creo que no te va a gustar escuchar. —Patricio me besó como si ni le importara el celular.

—¿Cómo que escuchar? ¿Escuchar qué? —Flavio parecía que iba a explotar de confusión y ya no aguanté más.

—¡Escuchar a mi novio hacerme gritar como tu esposa grita todas las noches! ¡Chau, Flavio! —Fue mi turno de perder la paciencia. Tomé el teléfono de la mano de Patricio, terminé la llamada y lo puse sobre la mesita de noche—. ¿Dónde nos quedamos?

Los ojos de Patricio brillaron y sonrió. Su celular empezó a sonar, pero los dos lo ignoramos y volví a lo que iba a hacer antes de ser interrumpida. Y con los ojos pegados en sus ojos tomé su miembro en mis manos y pronto ya me deleitaba con toda su longitud en mi boca. ¡Y por los sonidos que hacía le mostré un hermoso paraíso! Pero después, sin preocuparse por el celular, la puerta o el trabajo, fue él quien me llevó al cielo y reforzando mi certeza de que él era mi paraíso.

Sí, nos atrasamos un poco para el trabajo, ¡pero él era el jefe, después de todo!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)