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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1470

"Flavio"

Dejé a Rick y Ana en la fundación y volví a la delegación, tenía informes que terminar. Cuando firmé el último informe, me recosté en la silla con una sonrisa, podía ir a mis soñadas vacaciones de treinta días.

—Uh, delegado Bonfim, mira la sonrisa de la princesa. —Renatita entró a la sala con Bonfim y yo estaba contando los segundos para el fin de mi turno—. ¿Cuál es el motivo de tanta alegría, princesa?

—¡Tres, dos, uno! ¡Cosita linda! —Le di una sonrisa al reloj y me levanté—. Queridos míos, quisiera avisar que estoy oficialmente de vacaciones, ¡si alguien me necesita, que no me necesite!

Pasé por Renata y le di un beso en la mejilla y después di un beso en la frente de Bonfim.

—Estaré en casa, en caso de que los amigos quieran visitarme, pero si traen trabajo serán recibidos a balazos. —Avisé.

—¿No vas a viajar, Flavio? —Bonfim preguntó.

—No se puede, mi delegado, mi bajita está al final de la gestación. —Avisé y sonreí—. ¡Me fui, amigos! —Entonces aproveché la musiquita que estaba pegada en mi cabeza y salí cantando—: "Estoy, estoy, de vacaciones, ahora estoy... pararátimbum... estoy, estoy..."

¡Ay qué delicia de vida! ¡Vacaciones! ¡Hogar dulce hogar! ¡Familia! ¡Mi bajita! Fui corriendo a casa, tomé una ducha y esperé a mi esposa. Y cuando Manu llegó del trabajo yo estaba esperándola en nuestra habitación, usando la ropa negra que usaba para los días que tenía trabajo de campo que hacer, recostado en la pared cerca de la puerta y apenas entró cerré la puerta con llave.

—¡Hola, grandote! —Sonrió y vino a darme un beso, entonces miró mi ropa—. ¿Pospusiste las vacaciones de nuevo?

—¡Hola, bajita! —La abracé y besé su boquita linda—. Tengo un último trabajo que hacer antes de las vacaciones.

—¿Y qué sería eso tan importante? ¡Estoy empezando a tener celos de tu trabajo! —Hizo un pucherito lindo.

—¡Sabes que no necesitas tener celos de nada! —La llevé cerca de la cama—. Pero necesito arrestar a una ladrona. Una ladronzuela bajita que robó mi corazón.

—¡Ya tiene tiempo eso! —Sonrió.

—¿Tiene? Porque todavía me pongo ansioso por volver a ella todos los días. —Bromeé y le di un beso leve en su boca.

Bajé el cierre de su vestido y lo quité de sus hombros, dejándolo caer a sus pies. Mis manos tocaron su vientre redondo. Estaba aún más linda que nunca, los senos más grandes, las caderas más llenas y nuestro bebé en su vientre.

—Adoro cuando usas esta ropa. —Suspiró, sus manos recorriendo mi pecho.

—¡Lo sé!

Reí y la puse acostada sobre la cama, mientras comenzaba a besar su cuerpo. Pasé mis labios por su cuello mientras desabroché su sostén y lo quité de su cuerpo, admirando sus senos y esas marquitas de bikini que me volvieron loco por ella desde la primera vez que las vi. Jugué con sus senos que estaban aún más sensibles y fui besando su cuerpo, teniendo todo el cuidado con ese vientre lindo, que llené de besos, mientras mi bajita estaba inquieta debajo de mí.

Mi verga estaba dura y palpitante, ansiosa por estar dentro de ella, pero quería sentirla en mi lengua también. Le quité el calzón y mis dedos la tocaron, sintiendo la humedad entre sus pliegues y su gemido de aprobación era como una caricia en mi verga. Mis dedos se deslizaron por su sexo y la invadieron, mientras mi pulgar circulaba su clítoris y lentamente fui dejando besos en su cuerpo hasta que mi lengua encontró su clítoris y lo chupé, haciéndola gritar.

Ella presionaba su cuerpo contra el mío, implorando por más, sus gemidos se mezclaban con los míos en esa habitación y cuando apretó mi verga casi como si la estrangulara sabía que estaba allí y aceleré solo un poco más y en segundos los dos estábamos gimiendo nuestro orgasmo juntos, llamándonos el uno al otro, las respiraciones entrecortadas, los corazones latiendo fuerte. Ah, era perfecta, la deseaba y la amaba cada día más.

Solté las esposas y masajeé sus muñecas, mientras ella ronroneaba en mis brazos. Se acurrucó en mí y yo daba besos en su cuello y su hombro.

La abracé sintiendo toda la paz de estar en casa con la mujer que amaba, la madre de mis hijos, ¡mi bajita! Era mucho más de lo que un día imaginé, mucho más de lo que deseé, pero era todo lo que siempre quise.

—Te amo, bajita! Con un amor que se vuelve cada vez mayor. —Hablé mientras acariciaba su vientre.

—Grandote, sabes que eres el amor de mi vida, de esta vida y de todas las otras que ya tuve o que vaya a tener! Y estoy tan emocionada con tus vacaciones, que saqué las mías también, comenzando hoy, vamos a pasar treinta días pegados, yo, tú y nuestros hijos, que felizmente duermen temprano y podremos tener muchas noches como esta, además de poder mandarlos a casa de los tíos y padrinos y tener días enteritos solo nuestros.

—¿Sacaste vacaciones? —Sonreí, ella asintió, era mejor de lo que esperaba—. Mi bajita cachonda, ¿sacó vacaciones solo para hacer el amor conmigo todo el día?

—¡Y la noche también! ¿Qué puedo decir, grandote? Te amo y no resisto a tu estilo bruto, rústico y delicioso. —Bromeó y comenzamos a reír, hasta que la besé una vez más.

—Te amo, Manu, ¡me haces el hombre más feliz del mundo! —Confesé mirando en sus ojos.

—¡Te amo, Flavio! —Sonrió y sus labios atraparon los míos una vez más.

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