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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1457

"Hana"

Me estaba sintiendo tan feliz en ese vestido que representaba tanto para mí, desde los días felices que tuve con mi padre hasta los días felices que tendría con mi psicogato. Después de abrazar a la tía Luana y a Arlete me miré una vez más en el espejo emocionada.

—Y entonces, Nana, ¿vamos a mostrarles a las otras? —Rubia preguntó mientras tomaba otra foto.

—¡Todavía no! Falta una cosa. Tía Luana, ¿llamas a Rubens para mí, por favor? Dile que necesito mi bolso. —Pedí y ella asintió antes de salir con Arlete.

—¿Qué falta, Nana? —Rubia me miró curiosa.

—¡Ya verás! Toma otra foto. —Sonreí y puse las manos en la cintura.

La puerta se abrió y Rubens se detuvo frente a mí con la boca abierta. Sus ojos estaban llorosos y me observó por un largo momento antes de hablar.

—¿Captaste eso, Rub? —Pregunté y Rubia rió.

—Quedó perfecta y linda, mira aquí. —Rubia me mostró la foto en la pantalla de la cámara, una foto tomada detrás de mí, que captaba toda la parte de atrás de mi vestido y la expresión emocionada de Rubens frente a mí.

—¡Esa va para el álbum! —Sonreí—. ¿Qué piensas, Brutote, mi psicogato se va a quedar sin palabras?

—¡No habrá una sola persona en esa boda que no se quede sin palabras! —Se acercó y extendí las manos hacia él. Sostuvo mis manos y dio un beso en mi mejilla—. ¡Estás perfecta! Y todavía ni siquiera estás lista para la boda. —Lo abracé y recibí el acogimiento de su abrazo afectuoso—. ¡Rafa va a quedar completamente embobado!

—¿Te gustó de verdad? —Me alejé y giré la falda, como mostrando más el vestido.

—¡Es perfecto, pequeña! ¡Eres la cosita más linda del mundo! Y tengo certeza de que tu padre, donde esté, está emocionado en este momento, ¡del mismo modo que yo estoy!

—Brutote, sabes que eres muy especial para mí, ¿verdad?

—¡Y tú para mí! Y que compartas este momento conmigo es mucho más que especial! Estoy emocionado. —Rió y secó sus ojos, mientras Rubia capturaba todo, flotando alrededor de nosotros con sus clics.

—Ven, toma una foto conmigo, una bien especial. Ensayando para el vals. —Pedí.

—¿El vals? —Rió.

—¡Sí, vas a bailar conmigo en mi boda! —Afirmé y me quité los zapatos.

—¡No hagas así que mi corazón no aguanta tanta emoción! No soy tan joven.

—Sé que será un regalo para ustedes dos. Es algo especial que quiero hacer para esta nueva fase de sus vidas. Extiende las dos manos. —Extendió las manos y puse la carpeta sobre ellas, me miró sin entender.

No sabía qué era, porque el día que tomé las carpetas con el abogado él no estaba allí. Tomó la carpeta y la abrió, sus ojos volaron de la carpeta a los míos.

—Pequeña, esto es... ¡no! —Cerró la carpeta y me la devolvió—. Voy a llamar a Bittencourt y deshacer esto.

—¡No lo harás! Mira, en la cultura de mis ancestros, un regalo tiene que ser recibido y aceptado con humildad, gratitud y discreción. Y cuando sea posible retribuido. Me diste tanto en estos meses que estás conmigo y estoy teniendo la oportunidad de retribuir, por favor, no me quites esa alegría. —Pedí con los ojos suplicantes—. El abogado me explicó que ya tienes inversiones en Bittencourt y que el valor fue añadido a tu fondo.

—Pequeña, ¡ese dinero tu padre lo dejó para ti!

—¡Lo dejó para que lo usara con sabiduría! ¡Es lo que estoy haciendo! Brutote, cuidas de mí y no es porque Rafa te pague para eso, lo sé, después de todo todavía cuidas de tu trabajo en el bar. Me proteges, me acoges, me aconsejas. Diablos, ¡te golpeé! —Comenzamos a reír—. Te pusiste en riesgo por mí y sé que me protegerás de quien sea, hasta de Rafa si es necesario. Y esto aquí es solo una forma de decirte que estoy agradecida, te valoro y te amo y te deseo una vida feliz y sin preocupaciones con mi hermana! ¡Acepta, deja a mi corazón feliz!

—Diablos, todas estas fotos van a necesitar tratamiento de imagen. —Rubia estaba llorando y comenzamos a reír de su queja.

—¡Está bien, acepto! —Me abrazó y dio un beso en la parte superior de mi cabeza—. Gracias, pequeña, por ser tan especial y permitirme estar en tu vida.

Todavía nos demoramos un momento más allí y cuando me sentí lista, Rubens me ofreció el brazo y me acompañó hasta la sala del otro lado de la puerta, donde las chicas estaban esperándome. Y si ya me estaba sintiendo linda y especial, ellas se encargaron de hacerme sentir deslumbrante y única. ¡Y ahora estaba ansiosa por ver la reacción de mi psicogato!

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