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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1419

"Lenon"

Estaba cansado de esas complicaciones que Gregorio y Frederico armaban y la peor parte siempre me tocaba a mí. Ahora estaba aquí, a punto de secuestrar a una viejita y teniendo como cómplice de crimen a una zorra. ¡La vida no era justa!

Logramos salir de casa escondidos en el baúl del auto de Suzy. Después ella se quedó en un centro comercial y seguimos con el auto hacia la casa de la abuela de la adolescente que Mara odiaba.

—¿Cuál es la casa, Lenon? —Mara preguntó a mi lado.

Estaba muy extraña, demasiado buenita, como si supiera que era un corderito con los minutos contados. Ya tenía odio hacia ella y después de que el abogado descubrió que Frederico fue transferido lejos por culpa de la visitita que su prima hizo, quería matarla ya. Lo peor fue que no descubrimos cómo logró hablar con su prima, porque Gregorio y yo ya habíamos revuelto su cuarto mientras ayudaba a Suzy y no habíamos encontrado ningún celular.

—Es esa ahí en medio de la calle. Con el portón blanco. —Respondí.

—Vas adelante, con esa carita de ángel, seduces a la vieja y yo entro. —Mara repasó el plan.

—Ya, ya, ¡ya sé! ¡Fastidiosa! —Me quejé, estaba totalmente sin paciencia.

Salí del auto y fui en dirección a la casa, toqué el timbre y salió una mujer no tan vieja de adentro. Era lo que me faltaba, ¡la vieja era una decrépita que tenía dama de compañía!

—Hola, ¿aquí es la casa de Doña Arlete? —Pregunté con voz suave.

—Ya no. Arlete ahora vive allá en esa casa azul al final de la calle. —La mujer me respondió y agradecí.

Me volteé hacia Mara que se quedó haciendo una señal frenética para que fuera hasta la otra casa. Hasta estaba colaborando, ¡pero seguía creyéndose la jefa! Caminé hasta el final de la calle y toqué el timbre. Una señora salió del fondo de la casa con una escoba en la mano y vino hasta el portón.

—¿Sí? —Me miró desconfiada.

—¿Doña Arlete?

—¡Soy yo! ¿Quién eres tú?

—Hola, soy amigo de su hija, Raíssa. Llegué de Japón estos días, trabajamos juntos allá y me dio la dirección, dijo que cuando volviera fuera a buscarla. —Di una gran sonrisa, pero el ceño de la vieja no se disolvió.

—Ya veo... entra. —Abrió el portón y entré.

Fue bien fácil y amarrarla y sacarla de ahí sería más fácil todavía. Fue caminando a mi lado y abrió la puerta de la sala, entré y ella entró después y cerró la puerta.

—¿Cómo dijiste que te llamas? —Preguntó y la encaré por un momento, no podía decir Lenon ni John.

—Lee. —Fue todo lo que pensé.

—Nombrecito raro. Pues llegaste en buen momento, Lee. Necesito llevar esto allá al desván, pero sabes cómo es, apenas puedo subir la escalera. Y ya que estás aquí y eres amigo de mi hija, no te va a importar hacer este favor, ¿verdad?

—Ah, ¡claro! Yo llevo. ¿Esta cajita? —Tomé la caja de zapatos.

—Esa y todas esas de ahí. —Señaló unas veinte cajas enormes en el rincón—. Anda, empieza. —Dio un escobazo en mi trasero y dolió—. La escalerilla para el desván ya está bajada ahí en el pasillo.

Miré y comencé a llevar las cajas, necesitaba distraer a la vieja hasta que Mara entrara en la casa y si me negaba podría desconfiar. Ya había llevado la mitad de las cajas al desván y nada de que Mara apareciera.

Agarró un garrote que estaba al lado del mostrador donde estaba apoyada y comenzó a golpearme con él. Solo que en el primer golpe sentí el dolor de la piel rasgándose junto con mi camisa. Esa cosa estaba llena de clavos.

—¡Mal educado! ¡No es así como se le responde a una mujer que tiene edad para ser tu abuela! —Comenzó a gritar y salí corriendo, pero la vieja corrió detrás de mí.

—¡Ay, ay, mi señora, pare con eso, loca! —Gritaba corriendo en dirección al portón y la vieja corrió detrás de mí acertándome con ese garrote y cuando atravesé el portón sentí el último golpe que dolió como si me arrancara un riñón.

—¡Y si vuelves aquí te suelto a Thor encima! —Gritó y pensé que Thor debía ser un perro y si la vieja era loca, yo no iba a querer conocer a su perro.

Y mientras pensé que me había librado de los garrotazos, sentí algo golpear en mi espalda como si fuera un puñetazo. Y eché una mirada rápida hacia atrás y la vieja estaba tirando piedras. ¿De qué planeta había salido esa vieja? ¡El demonio debía tenerle miedo!

¿Y dónde estaba la zorra de Mara? Corrí en dirección al auto, entré y Mara no estaba ahí. ¿Dónde estaba esa puta?

—Ah, ¿sabes qué? ¡A la mierda! Yo no me voy a quedar aquí, a ver si esa vieja llama a la policía... ¡mierda! ¡Estaba jodido! Todavía no me había recuperado ni de los puñetazos del troglodita de Rafael ni de las travesuras de la niña del mal y ahora estaba todo destrozado por la vieja loca. No, tenía que haber algo que pudiera hacer sin estropearme tanto.

Manejé al centro comercial y recogí a Suzy que me miró horrorizada.

—¿Qué pasó, Lenon? ¿Dónde está tu prima?

—¡Esa zorra se mandó y me dejó en la estacada con la abuela del diablo! —Respondí irritado—. Necesito curaciones y remedios para el dolor, Suzy, y ninguna pregunta hasta que no esté sintiendo que fui dilacerado por la mandíbula de un tiburón.

Suzy se calló y se encogió en el asiento, mientras manejaba pensando que iba a matar a Mara cuando la encontrara.

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