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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1267

"Hana"

Ya no podía resistir más. Había llegado a un punto en que estar con Rafael era natural e inevitable, porque quería estar con él, me gustaba compartir cosas con él, principalmente la cama. Y saber que me quería con él no solo para protegerme me dio confianza suficiente para tomar la decisión.

Mientras me besaba y sus manos desabrochaban los botones de mi blusa, sentía un calor invadiéndome y derritiendo los últimos cristales de hielo que las agresiones de Frederico y el desamor de mi mamá habían formado en mí. Ya no cabía en mi vida el miedo de amar a alguien o de no ser amada. Y era exactamente eso lo que habían hecho mi mamá y Frederico, ella plantó en mí el miedo de no ser amada, mientras él plantó el miedo de amar.

Pero Rafael llegó, me enfrentó sin miedo, y acabó con todo eso, me mostró cuánto es bueno amar y que ser amada es aún mejor. Quería mucho más de todo eso en mi vida, quería estar cerca y que Giovana me contara sobre su primer beso y cómo se le aceleraba el corazoncito por el guapito, quería ayudar a Rai a mudarse y quería ver a Rub deshacerse de amores por el grandulón. Y tal vez hasta quisiera ver a mi psicogato siendo papá otra vez, pero por el momento, todo lo que quería era más de lo que ya teníamos.

—Sabes, mi loca, hoy no puedes hacer ruido. —Me recordó Rafael y me hizo reír. —Pero Rai compró el departamento de arriba, va a haber días en que vas a poder gritar. —Quitó la blusa de mi cuerpo y empezó a desabrochar el pantalón.

—No importa, me gusta marcarte! ¡Dejar que todas esas mujeres que frecuentan el bar sepan que eres mío! —Respondí y se rio.

—Solo tuyo, mi loca. —Respondió y quitó mi pantalón. —¡Es tan bueno saber que vas a estar aquí todos los días! —Se quitó la propia camisa por la cabeza y la tiró por el cuarto, exhibiendo sus músculos perfectos. —Y para celebrar, mi loca, voy a hacer el amor contigo bien rico, ¡en nuestra cama!

—¡Nuestra cama! ¡Me gustó! —Sonreí.

—¿Te gustó? —Sonrió y se abrió el pantalón. —Pero después de que hagamos el amor, rica, te voy a coger de esa manera que te vuelve loca.

—Me vuelves loca solo con quitarte la camisa. —Respondí y se rio, los ojos brillando de deseo.

Mis manos tocaron su abdomen definido, sintiendo cada cuadrito bajo mis dedos, su piel erizándose con mi toque. Se lamió los labios y se inclinó sobre mí, capturando mi boca con la suya. Su cuerpo tocó el mío y el calor de su piel fue bienvenido en la mía. Cada célula de mi cuerpo respondía a él, cada parte de mí festejó su toque.

Su lengua invadió mi boca, reclamando la mía, declarando su posesión innegable. Su boca me devoraba mientras sus manos acariciaban mi piel con la misma posesividad. Sus dedos tocaron mis hombros y deslizaron los tirantes del sostén hacia abajo, luego jalaron las copas de la prenda y revelaron mis senos con los pezones ya hinchados por el deseo.

Su boca viajó por mi piel, desde mi boca hasta un pezón y lo tomó para sí, succionó y lamió, arrancándome un gemido bajo, soltó una risita que hizo que mi bajo vientre se apretara, sus risas por sí solas ya eran una caricia poderosa que me provocaba entera. Al mismo tiempo sus dedos pellizcaban mi otro pezón ya necesitado. Y se dedicó a alternar entre acariciar y lamer mis senos, mordisqueando levemente mi carne y haciéndome dar pequeños gemidos de placer que era imposible contener.

Mientras hábilmente abrió el broche de mi sostén con solo una mano y lo quitó de mi cuerpo, su boca viajó de mis senos a mi vientre, dando pequeños chupetones en mi piel que eran demasiado deliciosos y luego después pasaba la lengua como si yo fuera un helado delicioso. Dejaba tan clara la forma irresistible como me deseaba que me hacía sentir una diosa maravillosa siendo adorada por él.

Sus manos agarraron los lados de mi ropa interior y sus ojos oscuros perforaron los míos llenos de deseo y su respiración caliente y apresurada en mi piel delataba su ansiedad por lo que estaba a punto de proporcionarme.

—¡Me encanta chuparte! —Declaró con los ojos fijos en los míos cuando empezó a arrastrar mi ropa interior hacia abajo por mis piernas. —Eres tan rica, tan deliciosa, completamente adictiva. —Iba diciendo cada palabra lentamente, mirándome a los ojos, hasta arrancar la ropa interior de mi cuerpo y lanzarla por encima del hombro. —¡Eres hermosa! ¡Muy hermosa! —Sus ojos recorrieron todo mi cuerpo y se acomodó entre mis piernas. —Será mejor que te cubras la boca, mi loca, porque sé lo que te gusta y sé lo que te hace gritar y voy a hacerte gritar, así que será mejor que amortigües tus gemidos deliciosamente atrevidos.

Su aliento caliente en mi intimidad mientras hablaba era el anuncio de lo que estaba por venir y yo sabía que sería un tsunami de placer. Sus labios tocaron la piel en la parte interna de mi muslo y fue deslizando besos lentamente hacia arriba y hacia abajo, en un muslo y después en el otro, sin prisa, aumentando mi expectativa y mi deseo.

—¡Además de hermosa y rica, hueles de la chingada! —Declaró inhalando mi olor con esa cara atrevida que me ponía.

Y entonces gimió dulcemente al pasar la lengua por toda mi intimidad, haciéndome gemir y cubrirme la boca para amortiguar ese sonido de placer que emitía. Era paciente y cuidadoso, repitió el movimiento de su lengua suavemente sobre mi sexo y después cerró los labios alrededor de mi clítoris y succionó, haciéndome jadear.

En qué momento mi cuerpo se soltó y empezó a ir en dirección del suyo, no tengo idea, pero nuestros cuerpos se movían rápidos y en sincronía, chocando deliciosamente uno contra el otro. Los sonidos de nuestros cuerpos moviéndose y encontrándose eran deliciosos y totalmente eróticos, pero la sensación de él entrando y saliendo de mí, fuerte y rápido, tocando en el punto más íntimo dentro de mí, provocando ese puntito en especial que me dejaba completamente demente de placer, ah, ¡eso era fenomenal!

Necesité morder la almohada para amortiguar mis gemidos y lo miraba por encima del hombro maravillada con la visión de ese hombre detrás de mí, completamente perdido en el placer conmigo, con los ojos semicerrados y los dientes mordiendo el labio inferior, tratando de contener sus propios gemidos, con la cabeza medio inclinada hacia atrás.

Y cuando fui arrebatada por el orgasmo una vez más, un orgasmo poderoso que pareció romperme en millones de pedazos, me contraía totalmente alrededor de él y se lanzó sobre mí.

—¡Mierda, mi loca, así me haces gritar! —Habló y dio un gemido alto mientras mordía levemente mi oreja, lo que prolongó el placer que me disolvía y en un último movimiento más intenso se deshizo en mí, haciéndome tocar el éxtasis perfecto de haber sido deliciosamente cogida por el hombre que amaba y saber que le proporcionaba un placer igualmente intenso.

Se desplomó a mi lado y me jaló a sus brazos, acariciando levemente mi piel, su toque era de puro amor y reverencia.

—¿Mi loca?

—¿Hm? —Estaba sintiendo todo mi cuerpo vivo y relajado.

—Me encantó oír tu petición. —Dio un beso en mis cabellos. —¡Adoro a mi loca atrevida! —Soltó una risita. —¡Te amo, Hana!

—Sabes, psicogato, me estás dejando atrevida! ¡Me gusta! —Declaré y se rio. —¡Te amo, Rafa! —Dejé que mis ojos se cerraran y absorbí cada gesto gentil y cariñoso de él, hasta caer dormida, exhausta y satisfecha, aferrada a mi felicidad que pensé que nunca tendría.

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