"Rafael"
Todos ya se habían ido cuando Giovana entró nuevamente al cuarto de Hana. Estábamos esperando a que Vinicius volviera con los exámenes y tal vez le diera el alta a Hana. Pero Giovana entró un tanto desconfiada.
—¿La tía Luana ya se fue? —Preguntó un poquito ansiosa.
—Ya se fue. Ahora ven acá y cuéntame dónde andaba la señorita. —Hana llamó, mucho más ansiosa que yo por saber por dónde Giovana y Anderson estaban andando.
—Fui a disculparme con Melissa y Fernando. —Giovana contó medio tímida.
—¡Aaahhh! ¡Qué bueno! —Hana aplaudió. —Ven acá, cuéntame todo, desde la hora en que saliste de aquí.
—¿Todo? —Giovana miró a Hana medio avergonzada y me puse atento.
—Todo, porque parece que encontraste un consejero ahí afuera. —Hana la provocó.
—Ah, sí, Hana. Anderson me dio apoyo y me ayudó a tener el valor de ir a disculparme. —Giovana se acercó a Hana y me miró.
—No voy a salir de aquí. —Avisé y Giovana puso los ojos en blanco.
—No pasó nada importante, papá. Me abrazó porque estaba llorando. Tú viste. —Giovana se apresuró a explicar.
—Ya veo. —Pero Giovana se salvó por la campana, porque Vinicius entró al cuarto.
—¿Interrumpo? —Vinicius preguntó.
—¡De ninguna manera! ¿Puedo irme? —Hana preguntó animada, estaba curiosamente muy agitada y animada, parecía feliz, incluso después de todo lo que había pasado.
—Sí, Hana, solo voy a examinarte una última vez y puedes irte. Tus exámenes están excelentes y el éter que usaron para drogarte ya salió de tu sistema. Solo recomiendo un poco de descanso hoy, pero si sientes algo, llámame. —Vinicius examinó a Hana, hizo todas las recomendaciones y pidió que esperáramos que firmaría el alta.
—Ahora, Giovana, mientras esperamos, ¿qué pasó realmente? —Pregunté y Giovana me encaró. —Fuimos a tomar un jugo del otro lado de la calle, me ayudó a tener el valor de pedir disculpas y después compró un regalo para que le diera a Melissa en señal de mi arrepentimiento. No me dejó venir a pedirte dinero, dijo que era su gusto pagar. Después fuimos a la oficina de Fernando y pedí disculpas, fui sincera, me perdonaron y fue eso. —Giovana fue contando rápidamente.
—Mira qué caballero ese chico. Se fijó en llevarte a almorzar, después te ayudó con los arreglos de la disculpa... ya veo... —Comenté y encaré a mi hija. —¿Y después de las disculpas, Gi?
—¡Volvimos acá! —Respondió, pero conocía a mi hija y me quedé mirándola. —Bueno, papá, le di un abrazo y le agradecí por ayudarme. Fue solo un abrazo.
—¡Otro abrazo más! —Comenté. —De repente estás gustando mucho de los abrazos, hija.
—¡Papááá! —Me miró avergonzada.
—Psicogato, deja que Gi abrace al guapito. ¿Qué tiene de malo? Solo está abrazando. Por ahora. —Hana incentivó y Giovana rio.
—¡Hana! —Miré a mi loca casi teniendo un miniinfarto y empezó a reír. —¡Me van a dejar con canas muy rápido!
—A los trece, pero era un chico idiota e hacía todo demasiado rápido. Por eso, vas a esperar hasta los treinta y cuatro. —Responder eso era un tiro en mi propio pie.
—Psicogato, olvida eso, ¡no va a esperar hasta los treinta y cuatro! —Hana me miró en desaprobación. —Gi, escúchame, solo espera un poco más, deja que toda esta confusión que pasaste se calme, espera a tener certeza de que encontraste al chico correcto. No andes besando solo por besar.
—Bueno. Quédate tranquilo, papá, voy a esperar solo un poquito más, porque Hana me da buenos consejos, pero ya tengo certeza sobre el chico. —Me avisó y me dejó completamente perdido con toda esa información.
—Aquí, Hana, ¡puedes irte! ¡Cuídate y a ver si no sales corriendo hacia el peligro de nuevo! —Vinicius entró al cuarto y le entregó los papeles del alta a Hana.
Salimos del hospital y mientras caminábamos hacia el estacionamiento Giovana se volteó hacia Rubens, estaba imposible.
—Tío Rubens, ¿a qué edad diste tu primer beso? —Preguntó y soltó una risa alta. Anderson me miró serio como si quisiera decirme que no había hecho nada.
—Giovana, ¿esto se volvió una encuesta por casualidad? —Pregunté y sonrió.
—Estoy recolectando datos para tener argumentos, papá. —Respondió toda listilla. —¡Anda, tío, cuéntame!
—¡Eso fue hace tiempo, niña! Mi primer beso fue a los catorce años, la chica era hija de la vecina y jugábamos en la calle todas las tardes, eran varios niños en la calle y nos reuníamos para jugar fútbol, bandera, quemados, esas cosas que tu generación ni tiene idea de lo bueno que es. Entonces, las chicas inventaron jugar verdad o reto y fue así, en un reto que di mi primer beso. Fue horrible, porque ni yo ni la chica sabíamos qué hacer y los amiguitos estuvieron haciendo presión. —Rubens entregó demasiado y ya sentía mi presión subir.
—¿Y tú, Anderson? ¿Cuándo diste tu primer beso? —Giovana preguntó y Anderson me miró como si pidiera socorro.
No estaba rojo, estaba morado, completamente avergonzado. Rubens y Hana empezaron a reír como si hubieran escuchado la broma del año. Pero yo estaba preocupado por lo que ese chico podría decir.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....